Cuatro yeguas de polo murieron fulminadas por un rayo mientras esperaban para salir a la cancha en el Jockey Club de San Isidro. La descarga, que cayó en medio de una práctica que debió suspenderse por el cielo amenazante, dejó también a otras dos yeguas en el suelo y a un petisero herido. Detrás de la tragedia quedó otra pregunta: de quiénes eran los animales, cuánto valían y de qué raza son.
Juan Mariano Villar Urquiza, presidente del Jockey Club Argentino, habló con Clarín sobre la tragedia ocurrida durante una práctica de polo. Los animales eran propiedad de socios y pertenecían a la raza Polo Argentino según explicó.
“Estos caballos no son caballos comunes, son atletas”, dice Urquiza al recordar lo que ocurrió esta mañana en el predio de San Isidro.
La tragedia ocurrió en la cancha 6, en el sector destinado al polo dentro del predio del Jockey Club. Los animales estaban sujetos en el palenque, el espacio donde permanecen mientras esperan para salir a la cancha. Según reconstruyó Clarín, había alrededor de 20 caballos que participaban de una actividad de rutina cuando cayó el rayo.
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Los caballos fueron alcanzados por un rayo en un club de San Isidro.
Villar Urquiza explicó que la práctica estaba prevista para esa mañana y que, cuando el cielo comenzó a oscurecerse, decidieron suspenderla. Sin embargo, no hubo tiempo suficiente para desalojar el sector. “Cayó un rayo, con tanta mala suerte, que cayó muy cerca de donde estaban atados los caballos. Los electrocutó, mató cuatro caballos”, contó a Clarín.
El presidente del club precisó que los animales eran propiedad de socios y no pertenecían al Jockey Club. También aclaró que no se trataba de caballos que compitieran en el Abierto Argentino de Polo, el torneo de mayor nivel del país, cuyos ejemplares pueden alcanzar valores muy superiores.
En cambio, los animales que murieron en San Isidro eran utilizados en prácticas amateurs. Villar Urquiza los describió como caballos de una calidad inferior a la de los ejemplares de alta competencia, aunque remarcó que recibían los cuidados que recibía cualquier caballo de alta competencia.
“Son caballos que se cuidan igual que si fueran atletas. Están permanentemente con el veterinario, siempre estabulados en lugares con todas las necesidades que tiene el caballo”, señaló.
Aunque el presidente del Jockey Club Argentino aclaró que no maneja una cotización precisa de los animales, durante la entrevista estimó que se trataba de ejemplares relativamente económicos en comparación con los del polo profesional.
Como referencia, mencionó valores que pueden ir desde los US$ 5.000 para caballos de hándicap bajo hasta los US$ 40.000 o más para ejemplares de hándicap alto.
Se trata de una estimación y no de una tasación individual de las cuatro yeguas. El valor de cada animal puede variar según su entrenamiento, antecedentes deportivos, edad y aptitudes.
Más allá de su precio, Villar Urquiza destacó el vínculo que los propietarios mantienen con sus caballos. “Cualquier persona que hace deporte con un caballo, el caballo es parte de su vida”, expresó. Y resumió el impacto de lo ocurrido para los dueños: “La amargura es muy grande”.
De quiénes eran y cuánto valían
Según pudo saber Clarín, uno de los propietarios de las yeguas que murieron es Alejandro Checchi, de 60 años, socio del Jockey Club. Su hándicap es 4 en el ámbito amateur.
El valor del caballo depende de distintos factores: el rendimiento en la cancha, la edad, el entrenamiento, el estado físico y, especialmente, el linaje. Según pudo reconstruir este diario, las yeguas no eran hijas de ejemplares reconocidos. En el mundo del polo, el linaje puede influir de manera decisiva en el precio de un caballo. Los ejemplares descendientes de animales destacados, con antecedentes de rendimiento y una genética valorada, suelen cotizar más alto.
La tragedia ocurrió cuando las yeguas se preparaban para una práctica. Foto Francisco LoureiroEl valor estimado rondaba entre los US$ 20.000 y los US$ 30.000 por animal. Se trata de una cifra aproximada, que puede variar según las características particulares de cada ejemplar.
El estruendo y el susto en el predio
El rayo cayó alrededor de las 10.20, cuando el cielo estaba completamente nublado, pero todavía no había comenzado a llover. El estruendo sorprendió tanto a quienes estaban dentro del predio como a los trabajadores y comerciantes de los alrededores.
Una comerciante de la calle Diego Carman, frente al Jockey Club, recordó que estaba en su local cuando escuchó un ruido seco y muy fuerte. “Yo sentí que se caía el techo. No llovía y, de repente, se escuchó un ruido seco, como si hubiera pegado muy cerca”, contó a Clarín. Según su relato, la llovizna comenzó después.
Un jardinero que trabajaba en el predio también sintió el impacto: el estruendo fue tan intenso que hizo moverse su máquina de cortar el césped.
El Jockey Club de San Isidro, donde un rayo mató a cuatro yeguas esta mañana. Foto Francisco LoureiroEl episodio también afectó al petisero, la persona encargada del cuidado y la preparación de los animales. Según el testimonio de un trabajador del predio, la fuerza de la descarga lo hizo salir despedido unos tres metros y caer de espaldas. Desde la Municipalidad de San Isidro aseguraron a Clarín que el cuidador se encontraba bien. Villar Urquiza, por su parte, contó que fue atendido en el hospital del predio y que recibió el alta.
“Jamás en la historia pasó una cosa así”, resumió el presidente. Villar Urquiza describió el episodio como un fenómeno climático excepcional. Según explicó, el predio tiene unas 300 hectáreas y cuenta con sistemas de protección contra rayos en distintas estructuras, entre ellas las torres de iluminación, las tribunas y las torres de telefonía.
También señaló que, a pocos cientos de metros del lugar donde estaban los caballos, había personas jugando al golf que se tiraron al suelo por el estruendo.
El presidente del Jockey Club insistió en que no hubo otros heridos de gravedad y que los propietarios de los animales estaban presentes. “Cualquier persona que hace deporte con un caballo, el caballo es parte de su vida”, expresó. Y resumió el impacto de la tragedia: “La amargura es muy grande, y bueno, es una cosa triste”.









