Desde que se difundió mundialmente la noticia de que una de las novelas que aspiraban al prestigioso Premio Goncourt de Francia había sido escrita con asistencia de inteligencia artificial, el diario madrileño El País analizó 175 libros populares en España con el sistema Pangram, uno de los más fiables detectores de texto generado por máquinas. El filtro asegura ahora que Donde el agua trabaja, del peruano David Silva Rojas, tiene un 99 por ciento de probabilidades de haber sido escrito por una IA. Se trata del libro que acaba de ganar el primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat, dotado de 20 mil euros.
Hace minutos, la editorial publicó un comunicado en redes sociales en el que expresan: «Desde el día de ayer hemos recibido comentarios que sugieren el posible uso de inteligencia artificial generativa en la escritura de la novela ganadora del I Premio de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat. Esta situación nos genera desconcierto y abre preguntas que nos planteamos con seriedad».
En un texto titulado «A nuestros lectores», los responsables de la editorial aseguran que el autor les aseguró «en persona» que no había usado IA y que, por lo tanto» no tenemos elementos para desconfiar de su palabra«, explicaron. Agregaron que «durante la lectura de la novela, ni al jurado ni al equipo editorial nos pareció que se hubiera usado IA generativa. Nos acercamos a la obra en su conjunto, atendiendo a su voz, su construcción y los sentidos que abre. Nuestra mirada reúne experiencia, sensibilidad e interpretación, dimensiones que consideramos esenciales en el encuentro con la literatura.»
C’était ça ou mourir, del escritor canadiense de origen haitiano Thélyson Orélien. Foto: redes sociales.La editorial entiende que la evolución de estas herramientas durante el último año «plantea nuevos desafíos para el sector editorial, y también nos lleva a cuestionarnos cuánto de nuestro criterio estamos dispuestos a delegar. La discusión nos enfrenta a preguntas para las que todavía no tenemos respuestas definitivas«, explicaron.
Y consideraron que no están dispuestos a «confiar a las máquinas» la autoridad definitiva para juzgar la procedencia de los textos. «Los detectores pueden aportar información, pero sus resultados requieren interpretación y contraste, en especial, cuando están en juego la trayectoria de una persona y la confianza de los lectores», puntualizaron antes de agregar que realizarán una revisión detallada.
El caso Thélyson Orélien
Lo que vive hoy el peruano Silva Rojas es algo que el canadiense Thélyson Orélien conoce bien: su novela C’était ça ou mourir (Era esto o morir), publicada en 2026 y reconocida con varios premios literarios, pasó por el mismo filtro, que cuestionó su escritura no humana.
El autor, de origen haitiano, enmarcó que era el autor real de esa historia. Luego, aceptó que en su juventud había plagiado textos (solo después de que el diario canadiense La Presse señalara coincidencia entre una de sus narraciones y una obra del escritor francés Louis Pauwels).
Finalmente, esta semana su editorial, Les Éditions du Boréal, reconoció que Orélien se había servido de la inteligencia artificial y anunció la ruptura de su relación profesional con el autor. La editorial explicó que, ante las acusaciones que rodean al escritor desde septiembre, reunió todas las versiones de trabajo de la obra y encargó un análisis externo en profundidad, cuyos resultados, recibidos esta semana, detectaron «rastros de marcadores de IA en los metadatos de algunos documentos».
«Estuvimos confiando en Thélyson Orélien, que nos aseguraba que nunca había recurrido a ella. Esa afirmación ha quedado hoy desmentida«, declaró la compañía, que añadió que en esas circunstancias no puede continuar la relación profesional.
Otro libro, otro premio, la misma IA
Ahora, las miradas se dirigen al nuevo Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat, que entregó 20 mil euros a Donde el agua trabaja, de David Silva Rojas. El libro iba a presentarse hoy mismo en Madrid y comenzar desde ahí una gira por otras ciudades españolas. Todas esas visitas acaban de ser suspendidas.
El peruano David Silva Rojas ganó el de Novela Breve Almadía–Ventosa Arrufat con un jurado integrado por Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda. Foto: gentileza.Por un lado, las bases del premio, convocado por la editorial mexicana Almadía y la fundación española Ventosa Arrufat, declaraban expresamente la prohibición de usar IA: “La participación en el premio implica la declaración expresa de que la obra no ha sido escrita, parcial o totalmente, mediante herramientas de inteligencia artificial. Ante cualquier indicio o sospecha de incumplimiento de esta disposición, la obra será descalificada, independientemente de la fase del proceso en la que se encuentre”, cita esta mañana El País.
La obra se posicionó mejor entre los 2.204 manuscritos y también sedujo al jurado integrado por la escritora mexicana Cristina Rivera Garza, la argentina Selva Almada y la ecuatoriana Mónica Ojeda.
Sobre la fiabilidad del detector, el diario El País aclaró esta mañana: «Pangram no es infalible. En fragmentos cortos, a veces basta tocar una palabra para que cambie de criterio, aunque en textos largos es mucho más estable. La empresa sostiene que su tasa de falsos positivos es muy baja, es decir, que rara vez marca como IA un texto escrito por una persona».
Según estimaciones de la propia empresa, el detector marca como IA uno de cada 24.000 textos escritos por personas. «El País hizo sus propias pruebas para su análisis anterior: ninguno de los 56 libros publicados en 2019 y 2020 dio señal de IA, ni tampoco los libros recientes de autores como Javier Cercas, Isabel Allende o María Dueñas«, puntualizan.
El escritor y abogado peruano David Silva Rojas ganó la primera edición del Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat. Foto: gentileza.Días atrás, David Silva Rojas ofreció entrevistas a los medios latinoamericanos y dialogó con Clarín. En ese encuentro virtual, se explayó sobre los mecanismos de escritura: «Preferí describir la corporalidad con un ritmo que marcara una respiración agitada, para que el lector sintiera cómo el aire se va agotando», dijo. El informe de El País asegura que algunos de sus textos promocionales también fueron probablemente escritos con IA.









