El hombre más rico del mundo soñó que ahora, en otoño de 2026, estaría mandando una flotilla de naves Starship hacia Marte. Hizo esa promesa en firme hace dos años. Pero la realidad de la carrera espacial siempre es más lenta que los planes y, este lunes, Elon Musk por fin ha dado su primer paso para visitar otros mundos: poner en órbita, alrededor de la Tierra, la nave destinada a esa aventura espacial.
La Starship ha alcanzado por primera vez ese hito 25 minutos después de su despegue desde el puerto espacial Starbase en la costa de Texas (EE UU). Tras un leve retraso inicial, la cuenta atrás prosiguió sin detenerse hasta que, a las 14.49 —hora peninsular española—, el cohete ha rugido de manera atronadora y comenzado a elevarse tras encender sus 33 motores de su propulsor inferior Super Heavy. Este regresó suavemente a las aguas del golfo de México, unos ocho minutos después del lanzamiento. Sin embargo, tras separarse de esa primera etapa del cohete, la parte superior —la nave Starship— continuó su ascenso para salir al espacio, pero uno de sus seis motores se apagó antes de tiempo.
El incidente dio paso a más de 10 minutos de suspense. Los equipos de SpaceX en la base de control comenzaron a revisar la causa de ese fallo y, a pesar de ello, a las 15.11 decidieron seguir adelante con la maniobra de inserción orbital, hasta que la nave finalmente reencendió su motor central durante unos segundos y se colocó en órbita, tras subir a 277 kilómetros de altura y alcanzar una velocidad de 26.238 kilómetros por hora.
El decimocuarto vuelo de la mayor nave espacial de la historia es su primera misión operativa, con utilidad práctica, tras un largo y accidentado camino de ensayos que inició en abril de 2023. Poco después de entrar en órbita, a las 15.21, Starship comenzó a cumplir su objetivo principal: desplegar 26 satélites Starlink de tercera generación, soltándolos al espacio con un mecanismo que recuerda a un gigantesco dispensador de caramelos Pez. Durante 35 minutos han ido saliendo, uno a uno, con un intervalo aproximado de un minuto entre ellos. Son los primeros de una nueva megaconstelación de hasta 100.000 artefactos con los que SpaceX, la compañía espacial de Musk, quiere ampliar su servicio de internet por satélite dando cobertura directamente a móviles en todo el mundo (y amenazando, así, los sistemas astronómicos de defensa planetaria).
Alcanzada la órbita, la colosal nave de 52 metros de altura y nueve de diámetro aspira a completar seis vueltas a la Tierra a una altitud media de 275 kilómetros, durante casi 10 horas de vuelo espacial que hasta concluir —pasada ya la medianoche en la España peninsular— con un amerizaje suave en las aguas del océano Pacífico, frente a las costas de Chile. En el caso de conseguirlo, será un avance crucial para que la misión Artemis 3 de la NASA cumpla con los planes de despegar a mediados de 2027; y que, así, EE UU pueda mantener el pulso a China en la carrera por volver a llevar astronautas a pisar la Luna antes de 2030.
Hasta ahora, Starship nunca había intentado orbitar la Tierra. Según un reciente mensaje de Musk en su red social X, “podíamos haberlo intentado mucho antes, pero quisimos optimizar la seguridad”. Lo cierto es que, por precaución, el vuelo de este lunes ha despegado desde la costa del golfo de México como los anteriores: con un diseño inicial de vuelo suborbital, que catapulta a la nave para salir al espacio y luego seguir en trayectoria parabólica hasta caer en el océano Índico, al oeste de Australia. Como siempre, cuando tras dos minutos de vuelo la Starship se desprendió de su gigantesco propulsor —denominado Super Heavy, es el cohete que inicia el lanzamiento—, siguió ascendiendo hasta que a los ocho minutos apagó sus motores. Entonces, constatado el fallo de uno de sus seis motores, en el centro de control de misión comenzó una frenética comprobación de cientos y cientos de sensores para determinar si la nave está preparada o no para dar los siguientes pasos: primero insertarse en la órbita terrestre correcta y, más importante aún, luego desorbitar en una operación que, si falla, puede dejar a esa mole espacial girando hasta caer de manera no controlada sobre la superficie terrestre.
La clave para realizar esas dos maniobras está en volver a encender el motor central de la nave en el espacio y hacerlo funcionar con precisión. Hasta ahora, Starship solo lo había reencendido unos instantes en sus últimos ensayos, para demostrar que era posible intentar la inserción y la salida de órbita. Además de la complejidad de hacer funcionar en el vacío todos los mecanismos de propulsión, está la de controlar la trayectoria exacta de una astronave mucho más grande y pesada que cualquier otra jamás construida. Frente a los 52 metros de altura de Starship, que puede llegar a pesar más de mil toneladas, la nave Orion con la que los tripulantes de la misión Artemis 2 rodearon la Luna mide solo ocho metros de alto y pesaba 35 toneladas al llegar a la órbita. En toda la historia de la carrera espacial, solo los ya jubilados transbordadores espaciales de la NASA, con 37 metros de longitud, se han acercado a las dimensiones de la Starship, pero no a su peso.
Ante un vuelo orbital inédito, por el tamaño de la nave, SpaceX ha anunciado que realizará dos controles intermedios a lo largo de una misión destinada a durar un máximo de casi 10 horas. Primero, tras una hora en órbita (aproximadamente a las 16.15) y, también, al llegar a las siete horas (sobre las 22.15), la compañía espacial de Musk planea comprobar si la Starship tiene sus sistemas en orden para seguir adelante. Si no, procederán a bajarla antes de tiempo. Tanto en esos dos casos de posible aborto prematuro de la misión como si esta llega a su límite previsto de seis órbitas, el destino final es un aterrizaje controlado, previsto sobre las aguas del océano Pacífico, al oeste de Chile.
Si esta prueba cumple con sus objetivos sin mayores incidentes, Elon Musk ha anunciado que en el próximo vuelo SpaceX intentará por primera vez que la nave Starship regrese a su base de lanzamiento y allí capturarla con unas pinzas mecánicas gigantes —algo que, de momento, solo ha logrado tres veces con su propulsor Super Heavy—. Y a principios de 2027, el magnate cuenta con volver a enviar al espacio una nave recuperada así. De lograrlo, Starship se convertiría no solo en la más grande de la historia, sino también en la primera lanzadera espacial completamente reutilizable. Y ese hito abriría de verdad el camino a que EE UU vuelva a pisar la Luna en la misión Artemis 4, como primera etapa de la nueva carrera espacial que pretende hacer realidad el sueño de llegar a Marte.









