Gustavo Bermúdez está en un gran momento de su vida. El actor, conocido por su perfil bajo, vive hace 26 años en San Martín de los Andes y alterna con sus compromisos en Buenos Aires.
Volvió a la calle Corrientes donde protagoniza La cena de los tontos en el teatro Astral. Antes de comenzar la función, recuerda esa caída en moto que casi le cuesta la vida; por qué necesitó ir a terapia y el sueño que cumplirá junto a su actual pareja, Verónica Varano.
– Soy de pensar y muy analítico. Trato de pensar las actitudes, las acciones y los procederes. Trato de no hacer las cosas por inercia. No quiero caer en la frase: “Antes era mejor” porque estoy viviendo ahora. Yo dejé de trabajar de muy jovencito un poco para parar y tener otros tiempos. Escuchaba a la gente mayor. Y eso me hizo reflexionar. No escuché a ninguna persona grande que me diga: “Volvería a ser todo esto por plata” o “Haría esto para tener más plata”. Todos -con mucho dinero o poco dinero- tenían una sola cosa en común que era estar más tiempo con los seres queridos. Entonces me dije: “Bueno, dale, aprendé de estos que ya caminaron. Subite a los hombros de los gigantes y mirá”. Y cambié mi vida. Cuando nació mi segunda hija me instalé a vivir en el Sur. Tuve la suerte de tener ahorros para poder hacerlo.
Nunca me creí lindo ni galán. Al contrario, yo me preguntaba: ‘¿Qué me ven?’
– Fuiste protagonista de grandes novelas como Celeste, Nano, Alén, luz de luna, y de tantas obras de teatro y películas, ¿renegaste alguna vez por el mote de galán?
– No y tampoco me lo creía mucho. Nunca me creí lindo ni galán. Al contrario, yo me preguntaba: ‘¿Qué me ven?’ Quizás un buen lejos o fachero. Pero lindo es Brad Pitt.
– ¿Algún vicio que tengas o tenías?
– El tabaco. Dejé de fumar en el 2010. Fue por pedido de mi hija más grande y lo cumplí. Fumaba habanos también. Hoy veo horrible fumar. Por suerte pude dejar. Además, siempre fui deportista.
– Tenés perfil bajo, pero, ¿cómo te llevás con las redes sociales?
– Las uso muy poco. Sólo tengo Instagram. (Risas) No quiero hablar mal. Me parece que las redes son un medio de comunicación piola, útil y muy democrático porque le da acceso a mucha gente. Eso lo veo bien. Pero después veo todas esas instantáneas de felicidad que me parece que para mucha gente hay como una perturbación psicológica en eso, en la comparación. No soy tan amigo de eso. Creo que con el tiempo va a pasar como fue con el cigarrillo. Viste que antes se podía fumar en el avión. Bueno, creo que van a ser una cosa como insalubre.
– ¿Cómo te llega protagonizar La cena de los tontos?
– Adrián (Suar, productor de la obra) me lo había comentado primero y dije que no. Después pensé: ‘Si no lo hago ahora, no la voy a hacer nunca’. La cena… es la comedia con la que más me reí en mi vida como espectador. La vi cuando la hacían justamente Adrián y Guillermo (Francella). Hoy la disfruto con mis compañeros y el público se ríe mucho.
– Contame algo de tu infancia…
– Me crié en el club, en Rosario, de donde soy. Hice mucha natación y entrenaba en básquet.
Yo dejé de trabajar de muy jovencito un poco para parar y tener otros tiempos.
-Me levanto lo más temprano que puedo. Intento dormir ocho horas. No tomo medicación ni nada, gracias a Dios. Por la mañana trato de hacer ejercicio. Nado o me meto en el gimnasio. Como sano, balanceado. Como decía mi vieja: ‘Hay que comer todos los colores de frutas y verduras’.
-¿Cuándo decidís que querés ser actor?
-Durante la secundaria, pero era como un sueño. Pensaba: ‘Nunca me voy a animar’. Me gustaba mucho la tele. Era un televidente activo. Miraba desde El gran chaparral, El Zorro, Starsky & Hutch. De lo nacional veía desde Un mundo de 20 asientos de Claudio Levrino hasta las comedias de Nora Cárpena y Bredeston.
– ¿Alguna cirugía estética o te pusiste botox?
– Sólo me saqué las bolsas de los ojos a los veintipico. Lo demás es genética. Estoy tratando de envejecer lo mejor que pueda de forma natural. Quiero ir acompañando la cara, con el cuerpo, con los movimientos, acorde a mi edad.
Gustavo Bermúdez muestra una antigua tapa de VIVA, una de sus preferidas porque el título lo representa. – ¿Llegaste a jugar al básquet profesionalmente?
– No, porque tuve un accidente de moto. Iba de acompañante de un amigo de mi hermano y nos chocó un auto. Volé casi veinte metros. Tenía 16 años. Siento que nací de nuevo. Estaba sin casco. Encima mi papá nos tenía prohibido andar en moto. Me rompí todos los ligamentos de la rodilla izquierda. El chico que manejaba se estrelló contra una columna y rompió todo el casco y se salvó. Íbamos a mi casa. Me acuerdo mucho la cara de mi papá. No me dijo nada al principio. Sólo me miró serio. Tenía su carácter. También me raspé la cara, los codos y las piernas. Me terminé operando la rodilla veinte años después. Y volviendo a tu pregunta, sí, estaba a full con el básquet. Ya iba de suplente a juveniles. Pero bueno pasó esto y además ya tenía en mente seguir la carrera de actor.
– ¿Cómo era tu vida en San Martín de los Andes?
– Amo de casa. Nunca tuve actividad comercial. Era estar mucho con mis hijas, llevarlas al colegio, cosa que alternaba con la mamá de ellas. Iba a entrenar. Todos los días andaba en bici un par de horas con mis amigos en la época que se podía. Ibamos al lago. Fueron muchos años así. Pero también resigné el “tener”. Nunca quise ser el más rico del cementerio. Y hoy no me arrepiento. Hoy cuando veo a mi nieta Bruna de 4 años, digo qué suerte que toda esa etapa la disfruté con mis hijas.
Tuve un accidente de moto…. Volé casi veinte metros. Siento que nací de nuevo
– Voy de cero a cien muy rápido. Soy calentón. Cosa que no aparento. Igual se me pasa al toque. Me rebela cuando veo la pelotudez humana, la injusticia o la mentira. Me voy al grito o al enojo porque me gana la indignación. Con la meditación y el aprendizaje podré controlarlo.
– Los asados. Yo los hago pero si hay otro que cocine, bárbaro. Mi hermano hace los mejores asados del mundo. Y Vero (Varano, su mujer) también.
– ¿Te analizaste alguna vez?
-Sí, hice terapia dos o tres años cuando me separé después de veinte años de casado. Fue para reorganizar mi vida, ver el tema de los hijos, la culpa. Siempre estoy tratando de aprender: de ser mejor amigo, mejor padre, mejor profesional. Tratando de ser mejor ser.
Gustavo Bermúdez y Verónica Varano están juntos desde hace seis años. Foto: Archivo Clarín. – ¿Dónde se conocieron con Verónica, tu actual mujer?
– Nos conocimos en un consultorio médico. Ahí empezamos a hablar. Ella es amorosa, muy flexible y se adapta a todo. En seis años que llevamos juntos nunca la escuché hablar mal de nadie. Es psicóloga, actriz y conductora.
– ¿Cómo viene el futuro?
A los 61 años, Bermúdez se mantiene espléndido. Foto: Victoria Gesualdi. – Vamos a viajar con Vero por todo el país en motorhome o camioneta. Es algo que quiero hacer hace mucho. Y es probable que a la par haga un unipersonal en algunos pueblitos. Hay un escritor muy conocido que está trabajando en el guion, pero no puedo decir nada. También tengo unas pelis para dirigir. Cosa que no es la primera vez que hago, pero no me gusta poner mi nombre. Regalé los cartones de dirección a directores que son muy conocidos. Y no me dijeron ni gracias. Allá ellos (Sonríe). Pero bueno, recorrer la Argentina es un gran sueño que voy a cumplir y estoy feliz.










