«El árbol genealógico del fútbol es Di Stéfano, Cruyff y Guardiola; abuelo, hijo y nieto»

«El árbol genealógico del fútbol es Di Stéfano, Cruyff y Guardiola; abuelo, hijo y nieto»


Juan Marzio Fazzini nació en el norte de Italia hace 85 años y en su infancia iba en bicicleta a buscar la leche de cada día esquivando los bombardeos de los aliados en plena Segunda Guerra Mundial. Llegó a la Argentina a los 6 años y contrariando el mandato paterno de ser ingeniero se dedicó al periodismo, su verdadera vocación, especializándose en automovilismo y fútbol, pero sin dejar de cubrir hechos históricos que excedían el deporte, como el regreso de Perón al país en la masacre de Ezeiza.

Se formó en la gráfica en madrugadas eternas invadidas por el humo del cigarrillo con las viejas máquinas Olivetti en el ya extinto diario La Razón y alcanzó su pico de popularidad en la radio como comentarista de Víctor Hugo Morales, a pesar de su voz rasposa y poco “radiofónica”. Entrevistó a figuras emblemáticas del deporte como Enzo Ferrari, Johan Cruyff, Alfredo Di Stéfano, Niki Lauda y Ferenc Puskás, se hizo muy amigo de Carlos Reutemann y Gilles Villeneuve, considera a Juan Manuel Fangio el mejor deportista argentino de la historia y, a pesar de ser hincha de Boca, asegura que disfrutaba viendo jugar a River.

Dueño de una memoria fabulosa, el Tano Fazzini repasa experiencias muy fuertes que atravesaron su vida, bucea en los entresijos de algunos de los protagonistas más salientes del deporte y entrega una mirada comparativa muy interesante entre el periodismo de antes y el actual, entre la sociedad de antes y la actual, contestando las 100 preguntas con el espíritu docente que lo caracterizó durante los casi 20 años en los que dio clases de Física, Tecnología y Dibujo Técnico en el Ingeniero Huergo. A disfrutarlo.

1. -¿Por qué te pusieron “Marzio” de segundo nombre?

-Marzio con zeta, eh. Fue por un soldado del imperio romano, le gustó a mi vieja y me cagó la vida (risas), porque me han hecho cada quilombo con ese nombre: lo traducían Marciano, María, Marino, de cualquier manera. Juan también lo eligió mi madre por su hermano mayor, que murió en la Primera Guerra Mundial.

-En Varese, a 60 kilómetros de Milán, cerca de la frontera con Suiza, en la región de Lombardía, el 27 de octubre de 1940. Varese tiene un gran equipo de básquet y es la ciudad donde nació Roberto Bettega, el que integró la delantera de la selección italiana que le ganó 1-0 a Argentina en el Mundial 78: Causio, Tardelli, Paolo Rossi, Antognoni y Bettega, que además metió el gol en en ese partido. Vinimos aquí cuando yo tenía 6 años, pero regresé varias veces a mi ciudad porque mi papá trabajaba en Aerolíneas Argentinas, era mecánico de vuelo y tenía un boleto gratis por año para su familia. En realidad, al principio se llamaba FAMA, Flota Aérea Mercante Argentina, luego Perón la nacionalizó en 1950 y pasó a ser Aerolíneas Argentinas. Eran aviones de 50 personas, tardabas 34 horas en llegar a Roma: hacía escalas en Río de Janeiro, Natal, Dakar, Casablanca, Madrid y recién después aterrizabas en Roma.

3. -¿Recordás algo de tu infancia en Varese?

-Me quedan imágenes de salir en bici con mi mamá y con mi hermana mayor en plena Segunda Guerra Mundial para ir a los refugios cuando sonaban las alarmas. Al ser Lombardía una región muy industrial, era muy apetecida y muy bombardeada también. Los refugios estaban bajo tierra y en un momento mi mamá decidió cambiar la estrategia y empezamos a ir a dos plazas grandes, con un razonamiento lógico: como había verde, no existía nada para bombardear, y ahí nos quedábamos, debajo de algún árbol, sentados en el pasto.

4. -Mucha bicicleta en la infancia, entonces.

-Pedalear era el primer mandamiento en aquella época de guerra y yo salía a buscar la leche todos los días a la casa de mis abuelos. En invierno hacía 15 grados bajo cero, terrible frío, acá baja un poco la temperatura y dicen que hace frío y nada que ver (risas). Mi abuela era una potentada en esa época: ¡tenía cinco vacas! Y había un litro de leche para cada nieto, entonces iba en bici a buscarla, su casa estaba a uno o dos kilómetros. Una vez, mirando para arriba porque había bombardeos, me asusté al cruzar la vía del tranvía y se me metió la rueda entre las vías. Me caí y me levantaron justo, no me corté toda la cara de milagro. Volví sin la leche a casa y mi viejo me agarró de una oreja. Mi viejo era el motor de un avión: las cosas estaban bien o mal, no había término medio.

5. -¿Por qué eligieron venir a la Argentina?

-Italia perdió la guerra y mi padre buscó trabajo para irnos de ahí. Había dos opciones: Estados Unidos, en la fábrica Boeing, y Argentina, donde tenía una hermana viviendo desde 1938. Consiguió una propuesta del gobierno argentino en FAMA. Mi papá prefería ir a Estados Unidos; mi mamá, no. “Vamos a la Argentina, ahí nunca va a haber guerra”, dijo, y nos dejaron en Puerto Belgrano, al lado de Bahía Blanca. Al poco tiempo, Piero, mi finado padre, preparó el avión en el que Evita viajó a ver al Santo Padre Pío XII y a Francisco Franco, en 1947. ¡Mirá la responsabilidad que tenía! En ese momento el aeropuerto no estaba en Ezeiza, sino en Morón, y mi papá me llevó para que conociera a la esposa del presidente. Antes no había manga ni nada, Evita fue caminando por la pista y me acarició la cabeza al costado del avión, antes de subirse. Tenía guardada esa foto, la fui a buscar para esta nota pero me enteré que una gotera en la baulera me hizo pomada un montón de material. Una pena.

6. -¿En qué vinieron a la Argentina?

-En el barco Ciudad de Santa Fe, de la empresa Alberto Dodero. Fueron 19 o 20 días de viaje, salimos de Génova, veníamos en tercera clase, los cuatro en un pequeño camarote, y yo me escapaba arriba, a la primera, porque había más luz. Llegamos a la dársena de Puerto Nuevo, dormimos una noche en el Hotel de los Inmigrantes, que lamentablemente se ha perdido porque fue parte del desarrollo de Puerto Madero. Y al día siguiente tomamos el tren en Constitución que nos llevó a Bahía Blanca, y de ahí un ómnibus a Puerto Belgrano, donde todavía hoy está la base naval. Como te contaba recién: generó tan buena impresión el trabajo de mi padre en el avión que llevó a Evita que al año siguiente lo trasladaron a Buenos Aires y aquí nos instalamos en Villa Urquiza, donde sigo viviendo hasta hoy.

7. -¿Llegaste a sufrir hambre en Italia?

-No, porque el vaso de leche lo teníamos. No se comía carne, es cierto, pero el plato de minestrone también estaba todos los días.

8.-¿Te costó aprender castellano?

-A los tres meses de empezar la escuela en Puerto Belgrano recibí un “felicitado” en el boletín por mi “asimilación idiomática” Aprendí con mis compañeros en la escuela y andando por la ciudad. Me hice amigo de pescadores y salía con ellos, me acuerdo de Salvatore, un italiano que había venido antes de la guerra. Una vez volví tarde, a las 10 de la noche, y en mi casa me daban por fenecido. Se vino el castigo, que era un buen tirón de orejas, una cachetada o mandarme a la cama senza mangiare. O sea: sin comer. Mi vieja, igual, algo me pasaba a través de la puerta, a escondidas de mi padre.

9. -¿Cobrabas seguido de chico?

-Me ligué varias palizas. Una que no me olvido más fue por ratearme del colegio, en la primaria. Iba a una escuela acá cerca, en Pampa y Estomba, tenía de compañero de banco a un rubiecito que jugaba muy bien a la pelota en los picados. Después se anotó en las inferiores de Ferro y la rompió en Boca y en la selección, si hasta fue elegido el mejor lateral izquierdo del Mundial de 1966. Un tal Silvio Marzolini. Con Silvio nos escapábamos una vez por semana a una canchita que estaba a unas cuadras, en el club Titanes de Belgrano. Un día, papá me fue a buscar a la escuela, salían los pibes, salían y salían, y yo no aparecía. Cuando volví a casa tratando de disimular los zapatos gastados por jugar a la pelota, uf, cachetada, a dormir sin comer y al año siguiente me mandó pupilo al colegio Don Bosco de Ramos Mejía.

10. -¿Cuánto tiempo estuviste pupilo?

-Un año, sexto grado. “Yo te voy a curar”, me dijo mi viejo y chau, me llevó el 8 de marzo al colegio pupilo y estuve adentro hasta el 8 de diciembre. Ni siquiera salía los fines de semana, una vez por mes me venían a visitar mi mamá y mi hermana, mi viejo ya estaba instalado en Senegal por su trabajo. Me hizo muy bien por dos razones: primero, el colegio tenía mucho verde, había tres canchas de fútbol y jugábamos seguido a la pelota, y después porque estando adentro tantos días aprendí mucho de geografía e historia. También tenía mis escapadas con un par de amigos, íbamos a tomar chocolate con churros al centro de Ramos Mejía en un bar que los hacía espectacular.

11. -¿Terminaste el secundario?

-Sí, en un industrial, y después empecé ingeniería en la facultad, porque era lo que pretendía mi padre. Mi viejo fue el menor de ocho hermanos y el único que pudo estudiar, porque los otros debieron trabajar en el campo y en las fábricas. El viejo se peleó aquí con los sindicatos y se fue a trabajar a Dakar y se alejó de la familia, yo la veía llorar a mi vieja, pobre. Venía dos veces por año, y para llamar su atención lo golpeé en lo que más sentía: dejé la facultad. Cuando vino de un viaje y fue a buscarme a la facultad, le dijeron que yo no iba hacía meses, vino a casa, tuve que blanquear y su respuesta fue otra vez un cachetazo. Ahí me anoté en el Ministerio de Educación que me dio un título de maestro de enseñanza práctica y entré a la docencia en el colegio Ingeniero Huergo. Di clases durante casi 20 años de Física, Tecnología y Dibujo Técnico.

Consejos. Un joven Fazzini escuchando a Oscar Gálvez, prócer del automovilismo argentino. Empezó de grande en el periodismo, a los 30 años. Foto: Gentileza Juan Fazzini.

12. -¿Te sentís más argentino o italiano?

-Mirá, te voy a responder con una historia muy dura que me tocó vivir cuando daba clases en el Huergo. Años 70, se hablaba del regreso de Perón y yo charlaba con los alumnos, tenía feeling con ellos. La juventud peronista estaba enquistada en los colegios y universidades, los chicos venían con las vinchas que tenían las imágenes de Perón, Evita y el Che Guevara, una al lado de la otra. “Ojo que Perón se vuelve más viejo y enfermo”, les decía. A través de un familiar de la segunda pareja de mi padre que vivía en Europa yo me había enterado de que Perón tenía una enfermedad grave. Uno de los alumnos con los que charlaba era Hugo Omar Lambers, que terminó siendo una de las víctimas de la masacre de Ezeiza, en el regreso de Perón al país. Me dolió tanto lo que le pasó a este chico, que en ese momento estaba haciendo los papeles para obtener la ciudadanía argentina y los rompí, me quedé con la italiana.

13. -Te lo pregunto de otra manera: juegan Argentina e Italia, ¿por quién hinchás?

-Ya me tocó cubrirlo en el Mundial 78 y en el 82, y en ambas ganó Italia, pero me abro, no puedo elegir. Mi padre me hablaba mucho de un delantero del Inter, Giuseppe Meazza, campeón del mundo con Italia en el 34 y 38, campeón olímpico en el 36. Me contaba que tenía un pique corto fabuloso, el mismo pique que después le vio a Walter Gómez en River y por ese motivo mi viejo se hizo hincha de River. Meazza y Walter Gómez, como Messi hoy, lo mejor que tenían era la aceleración, que es el incremento de la velocidad. Y por eso yo empecé a ver a River, nos íbamos caminando desde casa, con los chicos del barrio, aun siendo yo hincha de Boca.

14. -¿Quién te hizo hincha de Boca?

-Mi tío Pierino, el marido de mi tía Leonilde. Tenía un micro tipo bañadera, sin techo, que en la semana llevaba gente a los colegios y los domingos lo llenaba con hinchas para ir a la Bombonera. Como papá estaba mucho tiempo afuera, mi tío pasaba a buscarme y me llevaba. Íbamos detrás del arco, a la bandeja más alta. Cuando murió mi tío empecé a ir con amigos. Pero era curioso, yo era hincha de Boca pero iba a ver la Reserva de River. No a la Primera, eh, a la Reserva. No jugaban Vernazza, Prado, Walter Gómez, Labruna y Loustau. Yo iba a ver a Respuela, Gambardella, Menéndez, Sívori y Zárate. En ese momento no los conocía nadie, era un lujo verlos, tiempos en que jugaba la Tercera a las 11 de la mañana, después la Reserva a la 1 y a las 3 de la tarde arrancaba la Primera. Veías los tres partidos, era un programón. Fui socio de River y hasta probé en el equipo de waterpolo. De Boca nunca fui socio.

15. -¿Cuál era el cantito que más sonaba en la Bombonera y quién era tu ídolo?

-El cantito era “Yo te daré, te daré niña hermosa, te daré una cosa, una cosa que empieza con B… Boyé”. Y el jugador que más me gustaba era Víctor Eliseo Mouriño, el más pensante del equipo. Era el 5, el centrohalf. Formaban así: Musimessi, Colman y Otero; Lombardo, Mouriño y Pescia; Navarro, Baiocco, Borello, Rosello y Marcarián. Pescia era el corazón y el coraje; Mouriño la reflexión, vendría a ser lo que es este Paredes de hoy, que trajo un poco de fútbol y reflexión a Boca.

16. -¿Lloraste alguna vez por Boca?

-Recuerdo una vez en el 55, cuando River nos ganó 2-1 en la Bombonera y se consagró campeón, un domingo por la mañana. Íbamos 1-0 arriba con gol de Etcheverry y cerca del final, en dos minutos, con goles de Labruna y Zárate, nos dieron vuelta el resultado. Nos fuimos con los pibes del barrio caminando desde la Boca hasta el Correo Central para tomar el subte. Ese día volví llorando a casa. Ya en el 54 nos habían ganado los dos superclásicos, el segundo con paliza en el Monumental y ahora otra vez, ya me jodía mucho.

17. -¿La mayor alegría con Boca?

-Me gustó mucho el Boca de Bianchi, un equipo medido, inteligente, bien balanceado. Me agarró de grande, con muchos años en el periodismo, pero lo disfruté igual.

18. -En tu prime, con Víctor Hugo en la radio, nunca blanqueaste que eras hincha de Boca, ¿no?

-No, porque tampoco me extralimitaba como se hace ahora. Alguna vez dije que era hincha de Argentinos Juniors porque realmente íbamos a verlo, estaba cerca del barrio. Las malas lenguas dicen que (Carlos Vicente) Aloé, hombre de Perón, gobernador de la provincia de Buenos Aires, favoreció a Estudiantes, que fue campeón, en la B, en 1954, postergando a Argentinos, que se consagró al año siguiente. Lo seguíamos al Bicho en esa época, era un gusto verlo jugar: Madeira, Mascarello, Di Stéfano, Vidal, Pederzoli, Martín, Carbone y Trigilli. Me asocié al buen juego con ellos. Los amigos de aquel tiempo con los que sigo yendo a tomar café me cargan y me dicen que era un hincha de Boca camuflado.

Foto: Victoria Gesualdi

19. -¿Jugaste al fútbol?

-En la calle, con los amigos. Zurdo, jugaba de 3, pero era más observador que hábil. Nunca me he destacado.

20. -¿Te gustan otros deportes?

-Pocas cosas tengo más en mi mente que la final de los 100 metros llanos en los Juegos Olímpicos de Roma, en 1960. En aquel momento tenía 19 años, el hermano de mi mamá vivía en Roma y trabajaba en las empresas de transporte público que llevaban a los atletas de los Juegos de un escenario a otro. “Si tu padre te consigue un boleto a Roma, podés ver conmigo los Juegos Olímpicos”, me escribió en una carta. Y ahí estuve: vi a Cassius Clay campeón olímpico medio pesado, porque arrancó como medio pesado, presencié en vivo la final de los 100 metros llanos donde el hombre por primera vez los corrió en 10 segundos. Ganó un alemán, Armin Hary, fue la última vez que un rubio ganó los 100 metros. Cuando cruzó la meta del estadio Olímpico se produjo una ovación que aún hoy tengo en mis oídos, es el aplauso de la lírica.

21. -¿Dónde estudiaste periodismo?

-Fui al Círculo de Periodistas Deportivos gracias a Carlos Poggi (padre de Guillermo), que había sido mi compañero en el secundario. Un día lo encontré a Carlitos en la calle y me tiró el anzuelo: “¿Por qué no venís al Círculo?”. Él ya estudiaba ahí. Entré más que nada como una distracción porque me encantaba el deporte. Fui compañero de Fernando Niembro, entre otros, y me recibí en el 68 con diploma de honor.

Con honores. Juan Fazzini recibe la medalla de oro del vicepresidente del Círculo de Periodistas Deportivos, año 1968. Foto: gentileza Juan Fazzini

22. -Tu primer trabajo como periodista.

-En Radio Rivadavia, pero esto ocurrió antes de ponerme a estudiar en el Círculo. Mi padre conocía a José María Muñoz de su trabajo con los aviones y le habló para ver si me conseguía algo. Arranqué en el fútbol de ascenso, los sábados, con Jorge Bullrich. El Negro te preguntaba la edad y a los jóvenes los mandaba a las canchas más lejanas: Temperley, Adrogué, Banfield. Tomaba el colectivo hasta Chacarita, tren a Retiro, subte línea C a Constitución y el tren Roca para el sur y después otro colectivo, dependiendo de la cancha. Y solo para pasar el resultado y quién había metido los goles, porque era conexión secundaria. Tenía que salir del estadio y llamar por teléfono.

23. -No existían los celulares, ¿cómo llamabas?

-Llamaba desde donde se podía, tenías que pedirle permiso a una vecina. En Sarandí, por ejemplo, había que preguntarle a Julio (Grondona) qué doña del barrio tenía un teléfono para prestarnos. Ahí ya estaba en La Razón y en cuanto metían un gol había que salir corriendo a contarlo por teléfono y volver a la cancha, y si metían otro gol, lo mismo. Julio te abría las puertas, después nos hicimos amigos con los años. Antes, era todo más vocacional, era soñar con que algún día te iban a dejar tocar la máquina Olivetti, que tengo en un rincón de mi escritorio.

24. -¿Cuánto tiempo trabajaste en el ascenso?

-Poco, era un trabajo que te demandaba mucho esfuerzo y solo para pasar un resultado, además Bullrich ejercía maltrato, no me gustaba lo que hacía, incluso existían algunos manejos turbios. Recuerdo que le mandé una postal a mi papá, porque ya estaba en África, y en esa época se usaba mucho la postal, y le agradecí el pie que me había dado pero que lo dejaba.

25. -¿De dónde conocía tu papá al Gordo Muñoz?

-José María era pañolero en FAMA. Los pañoleros eran los que iban con un carrito, que se llama pañol, y le pasaban las herramientas al mecánico de los aviones, que estaban sobre las alas arreglando las turbinas, y no podían bajar a cada rato. Muñoz era el pañolero de mi viejo y cada tanto, como tenía pasión por el relato, el Gordo subía a la cabina, se ponía los auriculares, agarraba el micrófono y relataba partidos imaginarios. Así descargaba toda la batería, y cuando el avión tenía que salir, no podía, debían reprogramar. ¡Lo querían matar a José María! Finalmente dejó los aviones y se metió de lleno en el relato deportivo, que era su pasión.

26. -¿Cuándo empezaste a vivir del periodismo?

-Di clases en el Huergo entre el 62 y el 78, pero ya a comienzos de los 70 empecé a trabajar en La Razón y a viajar por el mundo. Al diario entré de casualidad. Estando en el Huergo, el jefe de celadores me comentó que el padre de un alumno quería hablar conmigo. Rarísimo, porque yo no citaba a ningún padre. Era un tal Domínguez, que resultó ser el jefe de Deportes de La Razón. “Vengo a verlo porque estoy desesperado con mi hijo, con usted tiene la nota más alta”, me dijo. ¡Y conmigo tenía 5, imaginate con el resto! Charlamos, se dio cuenta de mi afición por el deporte, le conté que había trabajado en el ascenso para la radio y que me había recibido hacía un año en el Círculo con buenas notas. “Si quiere probar, venga al diario, que yo le tiro una máquina a ver a qué se anima”, me dijo.

Reliquia. El Tano Fazzini conserva en su casa una vieja máquina de escribir, con la que empezó el oficio. La gorrita es un regalo de la esposa de Giles Villeneuve. Foto: Victoria Gesualdi

-Sí, claro, pero había que hacer toda la escala. Como privilegio arranqué en Primera B, porque la mayoría empezaba en la C. Pasaba por teléfono pero no solo el resultado sino una crónica, ya era algo más importante que en la radio. Me catapulté enseguida, y me tocó cubrir las Eliminatorias de la Selección para el Mundial de México 70. Me llegaron a acreditar para la Copa del Mundo, pero nos eliminó Perú en la cancha de Boca, me quería morir. Ese día también volví llorando a casa. Los peruanos tenían un equipo que Dios me libre, a Marzolini lo volvieron loco, pobre.

28. -¿Cómo empezaste a cubrir la Fórmula 1?

-Ahí creo que tuvo que ver la nutrición familiar, porque soy técnico mecánico. Don Félix Laiño, mi maestro en La Razón, me había dicho en un momento que los Peralta Ramos, dueños del diario, eran fierreros y querían que yo cubriera las carreras. Y Don Félix me dio una gran lección que atesoré por siempre. Me dijo: “Usted va a viajar por el mundo, no me cuente solo la carrera, lleve a la gente a viajar con usted”. Me pedía que no me quedara en las cuatro ruedas, sino que describiera la vida en Sudáfrica o en Australia o donde fuera. Aparte yo hablo italiano, francés, un poco de inglés, y eso sumaba para que fuera el enviado especial. Encima, el N° 1 de automovilismo del diario, que era Miguel Ángel Merlo, se había ido a Clarín, entonces existía una acefalía. Así arranqué. “Lleve a la gente a viajar con usted”, buenísimo ese concepto.

29. -¿Solo cubriste deportes en el diario?

-No, entre el 71 y el 77 me tocó contar la construcción del puente Zárate Brazo Largo. En la redacción preguntaron si alguien se animaba a hacer la cobertura, había gente más grande que yo, pero como nadie levantaba la mano, dije: “Tengo idea de lo que es una viga, soy técnico mecánico”. Me preguntaron si me animaba, contesté que sí, y ahí nomás me asignaron ese tema: los fines de semana cubría fútbol y Fórmula 1 y en la semana hacía información general, iba a Zárate a seguir la construcción del puente.

30. -¿Hiciste periodismo político?

-Fui uno de los 14 enviados que el diario mandó a la autopista Riccheri para cubrir el retorno de Perón en 1973. Estaba en el Puente 12, nos repartieron por áreas. Fue un desastre, se desató la balacera entre las distintas facciones del peronismo, yo la miraba desde adentro del auto del diario, y al final Perón aterrizó en Morón.

31. -¿Qué te dijo tu viejo cuando le dijiste que te ibas a dedicar al periodismo?

-Cuando empecé a cubrir al automovilismo lo aceptó y le gustó. “Algún mérito debés tener, esto es un privilegio de pocos”, me dijo. Le gustó porque tenía que ver con la ingeniería, la carrera que hubiera querido que siguiera.

Juan Fazzini entrevista a Niki Lauda, tricampeón mundial de Fórmula 1, a la salida de un aeropuerto. Foto: gentileza Juan Fazzini

32. -¿Te acordás de la primera nota que firmaste en La Razón?

-En La Razón no se firmaba, éramos enviados del diario. El diario por encima del nombre propio. Más o menos como ahora (risas).

33. -¿Cómo eran los horarios de trabajo para cerrar la Quinta y la Sexta?

-La Quinta se escribía entre la una y las tres de la madrugada, ahí me estropeé los pulmones porque la redacción era una enorme nube de humo, a puro whisky, pizza, cigarrillo y cerveza. El material debía entrar a las 6 de la mañana a máquinas y a las 10 estar listo para ir a los kioscos y salir al mediodía. La Sexta salía a la tarde. Yo trabajé en ambas ediciones. Siendo enviado especial, las comunicaciones eran complicadas en aquel tiempo. En Los Ángeles tenías cuatro horas en contra, corría Reutemann en Long Beach y si le pasaba algo clavabas a la Sexta y te podía costar un mes de suspensión. Entonces tenías que pagarle a algún mexicano que laburara en las comunicaciones en California y tener la llamada a mano por si había un accidente o algo parecido. Tenías que invertir ahí.

34. -Después te lo devolvía el diario, me imagino.

-Teníamos buenos viáticos. Mirá, el primer departamento del que fui propietario lo compré con los viáticos de La Razón, porque una muchacha italiana, milanesa para ser más precisos, se había enamorado de mí, me fui a vivir con ella y me ahorraba los 100 dólares por día que me daban. Todavía no había conocido a Irma, mi esposa. Habrán sido dos o tres años ahorrando esos viáticos y me compré mi primera propiedad. Aparte, también escribía para un diario uruguayo en el que firmaba con el seudónimo “Pistón”.

35. -¿Tenías buena relación con Reutemann?

-De Carlos fui muy amigo. Cuando de grande se fue a operar a Manhattan, porque tenía un tumor, volvió a Santa Fe, se internó en una pequeña clínica y me dijo: “Si querés, poder venir acá, de acá no me voy más, no me tratan más, no me defraudan más, no me ofrezco más como parte de un futuro potencial de males que no pueden erradicar”.

36. -¿Sentías debilidad por algún otro piloto?

-Por Gilles Villeneuve. Por su apertura, por lo mal que lo trataron en Ferrari, porque tenía que ser campeón del mundo y le falló Enzo Ferrari, que cuando lo conoció, vaticinó que iba a ser un Nuvolari del tiempo moderno. Tazio Nuvolari fue un gran piloto de la preguerra y Enzo lo llevó a Gilles a Ferrari porque dijo que le recordaba a él. No le cumplió, y después le dijo: “Bueno, no fuiste campeón del mundo, pero igual ganaron mis autos, que son mis hijos”. Y Gilles se sintió lacerado y defraudado. Me hice amigo de Gilles a tal punto que anticipé mi viaje al Mundial de España en 1982 para ir a su funeral en Montreal. Fui el único periodista de la Argentina que estuvo en su funeral. Y Joana, su mujer, antes de irme para España, me dijo: “Te quiero dejar este recuerdo de él”. Y me regaló una gorra (la muestra).

Juan Fazzini con el canadiense Gilles Villeneuve, una de sus debilidades. Foto: gentileza Juan Fazzini

37. -¿Por qué Reutemann no fue campeón del mundo?

-¿Cuánto tiempo tenés? Porque es una pregunta para toda una nota. Carlos amaba tanto la perfección que se quedaba enamorado de lo que había pasado, de la mina que el año anterior había sido Miss Universo pero que en el siguiente estaba fuera de concurso. En el 78, por ejemplo, era potencial campeón del mundo con Ferrari, pero le había quedado el amor por Lotus y pasó a Lotus sin averiguar que Colin Chapman, el padre de esa criatura de Lotus, entraba a un proyecto de tanteo a futuro. Niki Lauda me dijo sobre Reutemann algo similar: “Carlos entendía tanto al auto como yo, pero tenía un defecto, se quedaba enamorado de la mujer del año pasado y no de la mujer que venía”. Y para ser campeón del mundo en el automovilismo tenés que llegar al lugar adecuado en el momento justo. O sea: olfatear, adivinar, predecir y acertar cuál es el auto del año entrante. Lo que hizo Antonelli ahora, que llegó a Mercedes en el momento justo y es muy difícil que no sea campeón.

38. -¿Cómo viviste que se le escapara el Mundial del 81?

-Me molestó, me dolió mucho, porque Carlos había trabajado una década para conseguirlo en un país de corto plazo, como es Argentina. Merecía ser campeón del mundo.

39. -Muchos se burlaban de Reutemann por ser eterno segundo y hoy festejan un octavo puesto de Colapinto.

-Buena observación. En diez años, Reutemann obtuvo 12 victorias, 13 segundos puestos y 20 terceros puestos. Es decir, ¡en una década alcanzó 45 podios! El pobre Colapinto lleva dos años y todavía no pudo mojar más allá de un sexto puesto. En la época de Reutemann se corría a la décima de segundo, después se llegó a la centésima y hoy corren a la milésima. La tecnología es más dura y cruda. Hoy tenés un volante con 25 funciones, que son botones distintos que tenés que acertar a 300 por hora.

40. -La mejor nota que hiciste.

-Una entrevista a Enzo Ferrari, donde él me contaba su vida. Me marcó a nivel técnico y profesional. Otra con el papa Juan Pablo II en el Vaticano, una con Pelé, otra con Cruyff, una con Di Stéfano y Puskas juntos en el Mundial 82, hay muchas, no sé.

41. -¿Dónde y cuándo le hiciste la nota a Ferrari?

-En Maranello, después de la muerte de Villeneuve. Quería saber si eso que me había dicho Johanna, la mujer de Gilles, era cierto Y Enzo me lo confirmó, destacando la importancia que le daba al título de la escudería: “Mis autos son como mi patria, son la sangre del hijo que perdí”. Me habló de un montón de cosas y salió una nota brillantísima para La Razón.

42. -¿Víctor Hugo, Muñoz o Fioravanti como relatores?

-Víctor Hugo fue el mejor relator que conocí. Muñoz era muy bueno y Fioravanti hablaba el idioma excelentemente. Pero Víctor Hugo tenía aquí arriba (se toca la cabeza) los elementos para improvisar cuándo y cómo quisiera. Y también una enorme capacidad de lenguaje y creatividad. Por eso hago la salvedad: Víctor Hugo, como relator, espectacular, el mejor que conocí, marcó un antes y un después en la radio. Víctor Hugo, como periodista, cierra su frente de observación, se enamora de quien quiere y también hace la opuesta. Y el periodista tiene que tratar de ver todo.

43. -¿Cuándo y cómo llegaste a trabajar con Víctor Hugo Morales?

-En 1984 hice la gira de la selección de Bilardo para La Razón. Arrancó mal, con una derrota por 1-0 en Colombia, y después siguió con triunfos ante Suiza, Bélgica y Alemania. En Bogotá nos metieron un gol de cabeza y en el vuelo a Europa Bilardo hacía saltar a los jugadores en el pasillo del avión para que simularan cabezazos y evitaran otro gol así. Cenando en Bruselas, después de ganarle a Bélgica, se me acercó Víctor Hugo y me dijo que tenía interés en que trabajara con ellos. “Con esta voz va a ser imposible, no tengo voz de radio”, le dije. Y su respuesta me quedó grabada: “Es que no me interesa el tono, me interesa lo que decís”.

Juan Fazzini alcanzó el pico de popularidad como comentarista de Víctor Hugo Morales en la década del 80 y comienzos de los 90. Foto: Archivo

44. -¿Arrancaste al regreso de la gira?

-En esa cena me preguntó si de mis tiempos en el automovilismo conocía la Selva Negra alemana, sobre el Rhin, porque él había alquilado un auto y quería conocer el vino del Rhin, que era un vino blanco, verdoso, ya que el siguiente partido de la gira era en Düsseldorf. Le contesté que sí, y en ese viaje en auto nació nuestra relación. Lo vi trabajando en ese 3 a 1 a Alemania en el que Bochini casi mete un gol de media cancha, y me asombró cómo podía relatar fumando unos cigarrazos uruguayos llamados Virginia. “¿Cómo puede relatar así?”, me preguntaba. Para colmo ese día llegamos casi sobre la hora del partido tras nuestro paseo por el Rhin y acertaba el nombre de todos los jugadores alemanes como si fuesen los de River y Boca. Impresionante, realmente.

45. -¿Siempre tuviste la voz así, medio ronca?

-Me quedó así por tantos años de docencia, por hablar tanto. De chico era casi tenor, hoy soy un bajo… un bajo depredado (risas).

46. -¿El mejor periodista deportivo?

-Alfredo Parga, de La Nación. Cubría automovilismo. Tenía una educación, una cultura, una capacidad para escribir… Dante Panzeri fue otro, un espejo para los periodistas de aquel tiempo. Lo conocí, lo traté, él empezó con la frase “se juega como se vive”. Era severo y no se doblaba. Fangio decía que se crece sobre tres parámetros: rigor, disciplina y austeridad. Lo fuimos perdiendo y así decaímos.

47. -¿Te referís al periodismo o a la sociedad?

-A la sociedad, al país. Pasamos de ser el segundo puerto del continente americano a quedarnos sin puerto, si hoy Puerto Madero es un negocio inmobiliario. Pensá que acá desembarcaron mis padres y hoy no entra ningún barco porque no tenemos puerto a profundidad ni calado. Me entristece mucho.

48. -Fuiste testigo de una época dorada.

-Me da pena ver cómo se perdió la Argentina que conocí. Te lo pongo con un ejemplo de automovilismo. El primer país al que acudió la Fórmula 1, por fuera de Europa y Estados Unidos, fue este. El primero, eh. Era un puerto apetecido Buenos Aires, un país soñado. En el 53 se corrió la primera carrera de Fórmula 1 en Argentina, en el autódromo que había construido Perón. Le sacamos 20 años de ventaja a Brasil, donde se empezó a correr en 1973. Hoy ellos siguen teniendo la Fórmula 1, no cortaron la continuidad, mientras que acá en un momento Bernie Ecclestone dijo: “Esto fue un paraíso pero ahora la moneda cambia todos los meses, no venimos más”.

49. -¿Cuándo empezó la decadencia?

-El segundo plan quinquenal de Perón, en 1953, ya no tuvo éxito. Perón metía frases con gancho y dijo: “El que conoce un dólar, que me lo muestre”. Un punto de quiebre, para mí, se dio a comienzos de 1970, cuando murió el “peso moneda nacional” y pasamos al peso Ley 18.188 quitándole dos ceros, por la alta inflación. Reutemann estaba en su primer año en Europa, levantó la voz y no fue escuchado. “Estoy llevando otro dinero”, dijo. Ahí arrancó la carrera de la depredación inflacionaria y no se cortó más.

50. -¿Gráfica, radio o televisión? Vos trabajaste en las tres.

-Gráfica por muerte, por la sencilla razón de que antes de escribir pensabas dos veces todo. En la tele va todo muy rápido, dijiste algo y pasó, y en la radio también.

51. -¿Periodismo de antes o de ahora?

-Siento que perdimos cultura a todo nivel. Cuando entré a la docencia, en la escuela había doce divisiones anotadas por año y cuando me fui a jubilar eran tres. Al desembarcar mis padres aquí, en el 46, huyendo de la guerra, les decían: “Hambre no vamos a pasar nunca”. Y hoy veo a los chicos peleando por los residuos en la esquina de casa y se me parte el alma.

Credencial del Gran Premio de Francia 1980. Foto: gentileza Juan Fazzini

52. -¿Tu error más grosero en una nota o transmisión?

-Una vez confundí el sistema métrico decimal con las pulgadas y escribí toda la nota pensando que era una y era la otra.

53. -¿A cuántos Mundiales fuiste?

-Como periodista trabajé entre los Mundiales de 1974 y de 2010. Al de 2014 no pude viajar por una operación de columna. O sea que fueron 10 Mundiales. Antes, había ido al de Chile en 1962.

54. -¿Con quién fuiste?

-Con unos amigos, a los 21 años. Teníamos ganas de ver al Brasil de Pelé y Garrincha, y nos fuimos en tren hasta Mendoza. Y aquí vuelvo a la decadencia del país: hoy el tren tarda cuatro horas más que en el 62 para hacer el mismo trayecto. ¿Cómo puede ser? Al final, desde que se fueron los ingleses, el ferrocarril anda cada vez peor, ¡y acá puteamos a los ingleses! Para ir a Mar del Plata, el Roca tiene la misma vía que tenía con los británicos, no le hicimos la segunda vía.

55. -¿Cómo viviste la final de 1978?

-El comentario del partido lo hizo un compañero, Carlos Huart. Por mi manejo del idioma, a mí me mandaron al vestuario visitante a hablar con el técnico de Holanda, Ernest Happel, un austríaco. Y en un italiano-alemán me dijo que la llave de la heladera la tenían los adversarios. Así, como te lo cuento. Le repregunté porque no entendía. Y fue más explícito: que Gonella, el árbitro italiano, pitó demasiado para quitarle el ritmo a su selección. Me dijo eso y se fue enojado.

56. -¿Estabas excitado y feliz con el primer Mundial ganado por Argentina o sin mayores sentimientos, en modo periodista objetivo?

-Estaba tranquilo, la verdad. Así como soy hincha de Boca y vi más a River en mi vida, periodísticamente el 78 me pareció un gran Mundial jugado por Italia, que de hecho le ganó a la Argentina en la primera ronda y perdió un partido increíble con Holanda en el cierre de la segunda fase por un golazo de Haan desde lejísimos, y eso lo privó de disputar la final. Hubiera sido complicado para mí si se daba la final Argentina-Italia, pero habría sido lo más justo.

57. -¿Y cómo viviste el Mundial 82 ganado por Italia?

-Ahí me emocionó mucho un gesto que tuvo Paolo Rossi. A Paolo lo había conocido en un amistoso entre Italia y el Deportivo Italiano jugado en la Bombonera unos días antes del inicio del Mundial 78. Ese día, el técnico Bearzot sacó a Graziani en el segundo tiempo y metió a Paolo y recuerdo que me llamó la atención su manera de moverse en el frente de ataque. Le hice una nota para el diario y escribí que era un aprendiz de titular que iba a tener un gran futuro. Cuatro años más tarde, cuando salió campeón en España 82, en la celebración en la embajada de Italia, a la noche, se acercó Paolo, se sacó la corbata y me la regaló. Esperá que la busco (va a su habitación y vuelve con la corbata azul). Es de seda italiana, fijate que acá dice “Federacione Italiana Giuoco Calcio”.

La corbata que le regaló Paolo Rossi, goleador y figura de Italia en el Mundial ganado por su país en 1982. Foto: gentileza Juan Fazzini

58. -¿Cuál fue el momento más emotivo que viviste en un estadio?

-Hubo una carrera en la que Villeneuve le ganó al sudafricano Jody Scheckter en Sudáfrica, corrió con un coraje impresionante y me tocó fuerte. También me sacudió el título de Italia en el 82 y lo de Argentina en el 86 creo que fue el punto más alto. El pique de Burruchaga en el tercer gol de la final después del pase de Diego fue un momento inolvidable. Aparte Beckenbauer había estado 20 días mandando espías a la concentración argentina para ver quién de los volantes pasaba al ataque, si Giusti, Burruchaga, Enrique o quién. Y teníamos a todos los mexicanos en contra.

59. -¿Por qué los mexicanos estaban en contra de Argentina?

-Los mexicanos nacieron admirándonos. Y después nos envidiaron, y más tarde pasaron a aborrecernos, porque los ídolos como José Manuel Moreno, el Charro Moreno, se fifó a las mejores minas de México. Entonces le tuvieron bronca. Pero no es nuestra culpa si ellos son distraídos, si el miércoles por ir a chupar dejan la puerta de la casa abierta…

60. -¿Cómo viviste el Argentina-Inglaterra del 86?

-Estábamos en un pupitre al aire libre en el Azteca, en el segundo piso. Víctor Hugo vio la mano de Diego en el primer gol, lo dijo en el relato, y a mí también me pareció mano, y aunque desde estudios centrales le aseguraron al aire que había sido con la cabeza, yo le hice el gesto del puñito para arriba, y Víctor Hugo un poco se enojó, nos pidió después que no le hiciéramos señas en el medio del relato porque lo distraíamos en el remate de su creación artística.

Juan Fazzini en los pupitres del estadio Azteca con Víctor Hugo Morales, Julio Ricardo y el Ruso Ramenzoni. Foto: gentileza Juan Fazzini

61. -¿Cómo reaccionaste en el segundo gol?

-Ese relato de Víctor Hugo es una genialidad, algo impresionante, él la vio desde antes de que Diego cruzara la mitad de cancha, después se paró, se encorvó, se tensó, se puso a 45 grados. Yo salté para adelante, no me acuerdo si me abracé con el Ruso Ramenzoni o con Toni Pintos. Terminó llorando Víctor Hugo, tocado realmente, creo que en Uruguay todavía hay gente que no tolera la argentinidad que le puso al remate. Fue un momento muy especial, aparte yo lo había visto debutar a Diego en la Primera de Argentinos en aquel partido con Talleres de 1976, lo cubrí para La Razón y le dedicamos un recuadro especial.

62. -¿Sabías de la adicción de Diego en ese momento?

-Bilardo llevó al Mundial de México a Salvatore Carmando, que era el masajista de Diego en Nápoles. Carmando sabía cuánto darle, cuándo darle y cuándo parar. Passarella se ofendió por la presencia de Carmando en la concentración del América. “¿Cómo es esto? Acá hay una puerta especial para que Diego salga y entre cuando quiera de noche y además tiene un masajista especial. ¿Nosotros somos los hijos de la pavota?”, se quejó. Carmando le daba en tiempo y forma. A mí me dijo el propio Carmando: “Con noi viveva vent’anni in piú” («Con nosotros hubiera vivido 20 años más»). En Capodichino, el aeropuerto de Nápoles, había un avión especial para que Diego, periódicamente, tomara un avión privado y fuera a Viena o a los países nórdicos a hacer sus cosas.

63. -¿Por qué dejaste de trabajar con Víctor Hugo?

-Se acercaba la hora de la jubilación y en Torneos me ofrecían un sueldo mucho mejor que el de Continental.

64. -¿Mantuviste el contacto con él?

-Paulatinamente fue congelándose la relación, no hubo ningún motivo en especial. Hoy no mantenemos ningún diálogo.

65. -¿Con quién tuviste mejor relación, con Menotti o con Bilardo?

-Con Bilardo. Con Menotti no fue mala, eh. Es más: a mí me mandaron a Rosario para la segunda ronda del Mundial 78; en la primera había estado en Mar del Plata. Me mandaron porque los periodistas del diario estaban marcados, decían que Menotti ponía jugadores de Córdoba por motivos extra futbolísticos, entonces no les daba bola y me mandaron a mí y en la primera práctica en Granadero Baigorria alguien le dijo que yo había bajado de la Fórmula 1 para hacer esa etapa del Mundial y me trató bien. Comulgué más con Bilardo, aunque futbolísticamente me inclinaba más por la idea de Menotti. Yo digo que el mejor Estudiantes fue cuando tres volantes de juego hicieron que Miguel Russo laburara menos: Trobbiani, Ponce y Sabella. Aquel Estudiantes del 82 jugaba muy bien al fútbol.

Juan Fazzini charlando con Carlos Bilardo, junto a Víctor Brizuela, histórico periodista cordobés, en la gira de la selección por Europa, año 1984. Foto: Gentileza Juan Fazzini

66. -¿Creés que Scaloni cerró la grieta?

-Me encanta Scaloni. Creo que cuando designa un jugador piensa en lo que Barcelona hizo con Messi, que puso un arquitecto, Xavi; un ingeniero, Iniesta; y un velocista como Messi. Un triángulo equilátero perfecto. Talento, capacidad de circulación y velocidad. O aceleración. Para mí lo mejor de Messi es cómo acelera, el incremento de la velocidad, eso es del automovilismo. Lo mejor de Messi es cómo apretaba el acelerador y cómo aflojaba, lo que hacía Garrincha en Brasil.

67. -¿Cómo era Garrincha?

-Garrincha rompía el ligamento del adversario por cómo cambiaba de velocidad. Por el arranque pero sobre todo por el freno, porque el freno, a nivel de inercia, te rompe la parte ósea y muscular del cuerpo. En el 58 hizo un desastre, y en el 62, con Pelé lesionado, Brasil cambió el esquema de 4-2-4 a 4-4-2, lo tiró a Garrincha atrás. En los entretiempos, Dino Sani y Didi lo mandaban a fumar a Garrincha para que no molestara en la charla. Un monstruo, hacía todo por intuición.

68. -¿Scaloni quemó los manuales del fútbol? Sin dirigir nada antes, generó el ciclo más exitoso en la historia de la Selección.

-Como jugador, lo vi alguna vez en La Coruña y era uno más, pero como observador es otra cosa, un muchacho muy inteligente, un poco lo de Tito (Onega), que técnicamente era menos dotado que su hermano Ermindo, pero tenía un poder de análisis que Ermindo nunca ejercitó. Ermindo nunca lo ejercitó porque no lo necesitaba, era talento puro, le salía, cambiaba de velocidad con una naturalidad increíble. En cambio el Tito goleador con Cesarini y estratega con Labruna eran dos jugadores distintos. A Tito deberían reconocerlo un día en el medio del Monumental con una plaqueta, sigue teniendo el récord de mayor cantidad de goles en una Libertadores.

69. -Fútbol o automovilismo, ¿cuál te apasiona más?

-Son dos pasiones distintas pero muy necesarias en mi vida. Lo del automovilismo tiene que ver con el mandato familiar. Y lo del fútbol, para que entiendas: yo tenía un boleto gratis en avión por año por ser hijo de un funcionario de Aerolíneas y siempre elegía ir a Madrid. Mi padre me preguntó una vez: “¿Por qué vas siempre a Madrid y no aprovechás para conocer otros lugares del mundo, para aprender idiomas? ¿Tenés una novia en Madrid?”. Y le contesté la verdad: que quería ver al Real Madrid de Di Stéfano. Para mí, Alfredo cambió la historia del fútbol. No del fútbol español, del fútbol europeo.

70. -Le habrás hecho varias notas a Di Stéfano.

-Recuerdo una muy interesante en el buffet del Real Madrid junto a Puskás, en 1982, discutiendo quiénes eran mejores, si los hijos del Danubio o los hijos del Plata. El húngaro siempre chupó mucho, y el argentino, en un determinado momento, pensaba en el dinero. Alfredo fue hijo de una generación impresionante, pero el mal más grande para el fútbol argentino fue la Segunda Guerra Mundial, porque fue la década en la que ganamos más títulos con la selección, con Guillermo Stábile de entrenador, y no había Mundiales.

Juan Fazzini con la gigantografía del Real Madrid que ganó cinco Copas de Europa bajo la batuta de Alfredo Di Stéfano. Foto: Gentileza Juan Fazzini

71. -Después de la guerra nos bajamos de los Mundiales del 50 y 54.

-Ahí fue Perón el que no quiso que participáramos. Se ofendió porque la FIFA le dio a Brasil el Mundial del 50, y él pretendía que se hiciera en Argentina. Faltamos al 50, al 54 y cuando volvimos a participar, en el 58, nos comimos seis con Checoslovaquia.

72. -El deportista más grande de la historia.

-Abebe Bikila, un etíope, el primer atleta africano en ganar una medalla dorada olímpica, en Roma 1960. Y luego repitió en Tokio 64, el primero también en ganar dos maratones seguidas. Y la de Roma la ganó descalzo, sin comer casi, porque era estafetero del emperador.

73. -El mejor futbolista de la historia.

-Alfredo. Para mí está por encima de todos. Pelé fue un dechado técnico y físico; Maradona con la zurda hacía lo que quería, de Messi ya te hablé. Alfredo cambió la historia del Madrid con sus cinco Copas de Europa. Así como el Barcelona de Messi fue la envidia de todos, el Madrid con Di Stéfano lo había conseguido antes.

74. -Además, en una época de posiciones fijas, Di Stéfano jugaba por todos lados.

-Claro, y después tuvo su sello como entrenador. Mirá, Alfredo llegó para dirigir a Boca en el 69 y yo me escapaba del diario para ver la práctica de los miércoles. Él decía: “No hay que correr, hay que sorprender”. Sorprender es cambiar la velocidad en el momento justo. Puso al Muñeco Madurga de 5, y le metió dos goles a River en el Monumental para ser campeón del Nacional, cuando el 5 clásico no pasaba la mitad de la cancha, tipo Pipo Rossi o Rattín.

75. -¿El mejor equipo de la historia?

-A mí me gustó mucho el Santos de Pelé. El Inter de Helenio Herrera era una máquina perfecta, pero el Santos de Pelé era un lujo. Yo fundí un Fiat 600 para ir a ver al Santos a la cancha de Colón, cuando nació el mote de Cementerio de Elefantes. Fuimos en el Fiat con cuatro amigos y se nos fundió en el camino. Lo dejamos en la ruta y seguimos a dedo, ese Santos era una cosa espectacular.

76. -¿Qué te pareció Cruyff en el mano a mano?

-Inteligentísimo. No puedo entender cómo Holanda no ganó el Mundial 74. El árbol genealógico del fútbol para mí es Di Stéfano, Cruyff, Guardiola. Abuelo, hijo y nieto. Cruyff me dijo en la nota que le hice que Di Stéfano fue el más grande de todos, que tenía películas e invertía tiempo en repasar y ver los movimientos de ese Real Madrid. Cruyff llevó al campo de juego, con Rinus Michels de entrenador en el Ajax y luego en la selección, lo que hacía Alfredo dos décadas antes. Y Guardiola fue el alumno perfecto del Barça de Cruyff en el famoso Dream Team que ganó la primera Copa de Campeones de Europa en el 92.

77. -¿El mejor deportista argentino de la historia?

-Juan Manuel Fangio. Es más, te lo amplío: no hay político que en la Argentina y en el continente sudamericano haya traído desde Alemania una empresa como Mercedes-Benz. ¡Y hoy vamos a pedir plata todos los meses al Fondo Monetario! Fangio trajo trabajo, rigor y disciplina. Y trajo la Fórmula 1, producto de lo que había hecho entre el 49 y el 51.

78. -¿Ponés a Fangio por encima de Maradona y Messi?

-Fangio es el argentino más brillante que conocí. En Stuttgart, en la central de Mercedes Benz, entrás a la galería de la fábrica y hay tres gigantografías. Una es de Rudolf Diesel, el alemán que con el motor diésel hizo el auto para el pueblo. El otro es Ferdinand Porsche, otro alemán, el que hacía autos especiales, el Porsche es un auto tan completo que a tu esposa le permite ir a la feria y a Fangio correr en Fórmula 1, tiene toda la gama. Y la tercera gigantografía es la de Fangio.

Algunas de las imágenes que decoran el hogar de Fazzini: Fangio (con dedicatoria para Piero, su padre), Pelé y Di Stéfano. Foto: Victoria Gesualdi

79. -La mejor Selección Argentina que viste.

-Los Carasucias de Lima, con Maschio, Angelillo, Sívori. Más Corbatta a la derecha, que era un genio. Más Pipo Rossi en el medio, que sabía todo. Era un equipo completo. Fue el más brillante que vi. Un espectáculo, campeones de América en el 57 y por un error histórico posterior de Raúl Colombo, presidente de la AFA de entonces, como Maschio, Angelillo y Sívori se habían ido a jugar a Italia, dijo, de cara al Mundial de Suecia: “¿Para qué lo vamos a citar a ellos si acá hay un crack a la vuelta de cada esquina?”. Y así vino el Desastre de Suecia, el 1-6 con Checoslovaquia.

80. -¿El personaje que más te impactó en una charla?

-Enzo Ferrari. Porque ensambló la vida de mis padres con lo mío.

81. -¿Lo ves a Colapinto para hacer algo importante en Förmula 1?

-Lamentablemente, este momento de la Fórmula 1 tiene como primer mandamiento la ingeniería y después viene el piloto. En el tiempo de Fangio era primero el piloto, después la ingeniería. Se invirtió el orden.

82. -En 2007 dijiste que la Fórmula 1 era tan aburrida como bailar con la suegra, ¿ahora qué sería?

-Lo dije porque la ingeniería estaba llevando a hacer previsible lo que era imprevisible. Ahora sería más aburrida aún, como bailar con tres suegras a la vez (risas).

83. -¿Tuviste alguna pelea o discusión fea con algún deportista?

-Diego se enojó en 2010, cuando Alemania nos metió cuatro goles en el Mundial. Le dije a la salida del estadio: “Diego, no te enojes. Vos ahora sos el 20% de lo que eras antes, estás afuera, no adentro”. Él me contestó: “Hablá de autos, no te metás con el fútbol que no entendés”.

84. -Tus mejores amigos deportistas.

-Me hice muy amigo de la familia Onega porque nos instalamos cerca del almacén que tenía Don Raúl Onega, cuando vino de Las Parejas. Iba a comprar y charlaba mucho con él y así mitigaba de algún modo la ausencia de mi padre. A partir de él me hice gran amigo de Ermindo y de Tito, con quien nos seguimos viendo todas las semanas. Reutemann fue otro gran amigo.

En un evento con grandes figuras del deporte: Griguol, su amigo Daniel Onega, Amadeo Carrizo, Alonso y Batata Clerc. Foto: gentileza Juan Fazzini

85. -Como hincha de Boca, ¿disfrutaste el descenso de River?

-Para nada, si yo siempre admiré a River, como te contaba. Me peleo con mis amigos de River cuando me dicen que van a la cancha y gritan «Muñeco, Muñeco”. En River debería reconocer mucho más a Carlos Peucelle, para mí es una de las tres personas más importantes en la historia de River, fue el que trajo a los integrantes de La Máquina, el que le sugirió a Renato Cesarini que pasara a Pedernera de wing izquierdo a 9.

86. -¿Cómo lo ves a Boca hoy?

-Me da pena que Riquelme no entienda que él jugaba por intuición y que hay que conducir por reflexión. Riquelme no se da cuenta que gobernar no es lo mismo que jugar a la pelota, que no se puede ser presidente por intuición. Como jugador fue extraordinario, pero para ser dirigente no alcanza, necesitás otra cosa, es como si a Ortega lo pusieras de presidente de River.

87. -¿Te gusta la pausa de hidratación?

-No, no, por favor, cortan el ritmo del partido, no me gusta.

-Tampoco. El hombre siempre se equivocó. Mi padre me decía: “El hombre hace un avión perfecto y otro hombre lleva a la azafata a la cabina y hace caer el avión”. La mayoría son errores humanos. Y en el VAR ponés cinco tipos distintos y divergen todos. ¿Cómo pueden estar 10 minutos para ver si hubo fuera del juego o no? Aparte de eso, acá ya voy contra la regla: ¿por qué cobran offside por una uña adelantada y no toman la columna, que es la parte vital del cuerpo?

89. -¿Qué te pareció el último Mundial?

-Yo haría justicia con las escuelas históricas de fútbol y le daría un Mundial a la Europa del Danubio, a países como Hungría, a la vieja Yugoslavia, los países balcánicos, a Rumania, pero acá hacen un Mundial y una Copa América a cada rato en los Estados Unidos. Y en los Estados Unidos el futbolista más famoso es una mujer: Mía Hamm.

90. -Te preguntaba si te gustó el fútbol que se vio en el Mundial.

-La última etapa, sí. La primera parte fue un negocio de la televisión.

91. -¿Creés en alguna de las teorías conspirativas de la final que perdimos?

-Te pregunto yo a vos: ¿con qué se juega el fútbol? Con la pelota, ¿no? ¿Quién cuidó más la pelota: España o Argentina? España. Listo. España fue con ese plan preconcebido. Manejó la pelota, la cuidó y le costó mucho convertir, que era la tercera parte del plan. De haber tenido un Di Stéfano, nos habrían metido cinco goles.

92. -¿Estás yendo a la cancha?

-Hace dos años que no voy, si juegan todos igual.

93. -¿Tenés redes sociales?

-Poco. Mirá esto (señala el celular), los japoneses tienen una superficie total que es un poco menor a la provincia de Buenos Aires, y ahí viven 126 millones de personas. Me dijeron en Tokio hace muchos años: “Si vamos todos juntos al banco, nos caemos al agua, entonces sacamos esto para ordenarnos” (vuelve a señalar el teléfono). Nosotros lo usamos para pavear. No todos, pero muchos lo usan para pavear.

Juan Fazzini también trabajó en la televisión. Aquí, con César Mascetti y Teté Coustarot, entre otros. Foto: gentileza Juan Fazzini

94. -¿Cómo te definís políticamente?

-Soy socialista, admiro a los países nórdicos, en este Mundial era hincha de Noruega. Allá no hay escuelas privadas, no hay hospitales privados. En el 78 estaba en Anderstorp, en la periferia de Suecia, y venía un rubio andando en bicicleta. Johnny Reeves, periodista del diario L’Equipe, que estaba a mi lado, me preguntó: “¿Sabés quién es ese?”. Ni idea. “Es el rey de Suecia”, me dijo. Venía andando en bicicleta como uno más. Admiro eso.

95. -¿Quién fue para vos el mejor presidente de la historia argentina?

-Arturo Frondizi (1958-62). Desarrolló la industria y después no hubo continuidad.

96. -¿Cuándo y por qué dejaste de trabajar?

-Cuando en Fox me dijeron que hablaba mucho del pasado, entonces le dejé lugar al presente y me fui. Les molestaba que hablara mucho de Di Stéfano, y yo podría hablar seis meses seguidos de Alfredo. En realidad, yo me metí en la televisión para tener una jubilación mejor, pero reconozco que la tele es lo menos periodístico de todo.

97. -¿Cómo hacés para tener esta memoria, comés algo en especial?

-Trato de no ejercitar la decadencia. Leo, pero en vez de hacerlo acá (teléfono) lo busco en la enciclopedia. Después, esta es la computadora (se señala la cabeza). A mí me dicen que la inteligencia artificial va a ser un mundo nuevo. Y digo que el mundo que yo viví se hizo sobre tres parámetros milenarios: la rueda, la palanca y el aparejo. Soy admirador del pasado porque el presente se hizo con el pasado.

-De una primera relación. Vive en Tarragona, en las afueras de Barcelona. Se llama Germán, tengo poco vínculo con él.

99. -¿Cómo sobrellevaste la muerte reciente de tu compañera de media vida?

-Con Irma estuvimos juntos 43 años. Éramos muy distintos pero nos llevamos bárbaro, la verdad. Ella fue muy sincera conmigo, venía de un casamiento anterior con un hombre que la pateó, hablando mal y pronto, porque tenía problemas de procreación. Me lo contó de entrada y le dije: “Lo vamos a intentar curar y si no, nos vamos a querer igual y vamos a viajar mucho”. Ella pintaba, y lo hacía muy bien. Falleció hace cinco meses, está ahí Irma, encima de esa mesa, la tengo conmigo todavía (señala una urna sobre una mesa lateral, con una foto en el frente).

100. -¿Le tenés miedo a la muerte?

-Creo que no. La medicina actual es muy comercial, yo a Irma la respeté que iba a luchar contra los molinos de viento, pero mi cardiólogo me dijo: “paren con las pastillas, paren con el modernismo”. No sabemos todavía por qué vino el Covid ni por qué complicó tanto. Yo amo el sol, amo el agua, amo la naturaleza. Ahora me voy a Italia un mes a ver a una tía que tiene 100 años y alguna moneda (risas). Y primos que son como hermanos. La tía me dijo: “Vení a visitarme antes de que me muera”, así que iré a Roma y a partir de ahí tengo trenes que me llevarán a distintos lugares, aunque, aunque… ¿vos sabés cuál es el país de Europa que tiene el mejor servicio de trenes? España. Tiene 23 ciudades conectadas por trenes superveloces, y acá les decimos gallego brutos, increíble, increíble…

El Tano Fazzini y la Olivetti, ciertos hábitos nunca se pierden. Foto: Victoria Gesualdi

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