Lo que algunos pueden evaluar como un gesto de deportividad puede ser interpretado por otros como una falta de astucia imperdonable. Una de esas situaciones ocurrió el viernes durante el partido que Juventud de Las Piedras y Peñarol igualaron 0 a 0 en el Estadio Centenario de Montevideo por la 12ª fecha del Torneo Clausura de Uruguay y terminó con el joven delantero argentino Leonel Jaime llorando en el terreno de juego.
La jugada que provocó el llanto de Jaime ocurrió a los 31 minutos del primer tiempo, cuando Ignacio Alegre, de Peñarol, y Kevin Rolón, de Juventud, fueron a disputar con mucha vehemencia un balón y el jugador del conjunto pedrense quedó tendido en el campo. El árbitro Andrés Matonte entendió que no había habido una infracción en esa acción y permitió que el juego continuara.
El Carbonero se apropió de la pelota y se alistaba para tejer un ataque prometedor. Sin embargo, Jaime, con el esférico en sus pies, optó por detener las acciones para que Rolón, quien seguía caído, pudiera ser atendido.
La respuesta del público aurinegro no fue satisfactoria: enseguida se escucharon silbidos e insultos para su jugador. Pero la cosa no quedó allí, ya que el delantero Javier Cabrera se acercó a Jaime y le cuestionó que hubiese interrumpido el juego. Frente a eso, el juvenil de 20 años, quien fue cedido por River a Peñarol, comenzó a llorar en pleno campo.
La situación podría haber pasado desapercibida en otro contexto, pero el presente del conjunto más ganador en la historia del fútbol uruguayo no ayuda: Peñarol ganó solo uno de sus últimos cinco partidos, el equipo no ofrece buenas prestaciones y el entrenador, Diego Aguirre, convive con cuestionamientos constantes.









