el arte de hacer joyas con cápsulas de café

el arte de hacer joyas con cápsulas de café


Una cápsula de café a punto de terminar en la basura fue el comienzo de una historia inesperada. Andrea de Navarrete, diseñadora de joyas, acababa de vaciar su máquina cuando se quedó mirando el tacho lleno de pequeños envases de aluminio de colores brillantes. “¿Qué estamos tirando?”, pensó. Esa pregunta fue el punto de partida de una búsqueda que transformó un material descartable en el centro de su trabajo y cambió por completo el rumbo de su carrera.

Graduada en Comunicación Social, encontró en la joyería un espacio donde confluyen su formación profesional, su pasión por la moda y el diseño y su mirada creativa sobre los objetos que otros deciden tirar a la basura. Desde su marca ADN Jewelry, trabaja con cápsulas de café y otros materiales reciclados como bolsas y botellas de plástico para explorar nuevas formas de creación, transformando aquello que parecía no tener valor en accesorios con identidad propia.

Su propuesta sustentable llegó en abril de este año a una de las plataformas más importantes de la joyería contemporánea a nivel mundial. La diseñadora fue una de las tres argentinas seleccionadas para participar de MAD About Jewelry 2026, la exposición anual del Museum of Arts and Design de Nueva York, donde exhibió sus collares, aros, anillos, broches y demás piezas a un público internacional. En diálogo con Viva, habló sobre sus inicios, el proceso creativo y el crecimiento de su marca.

-¿Cómo surgió tu interés por la moda y el diseño?

-En realidad yo estudié comunicación social y durante varios años trabajé en empresas. Mi recorrido hacia la joyería no fue lineal. Durante muchos años trabajé en el mundo corporativo en áreas de comunicación. Fue una etapa de muchísimo aprendizaje, especialmente sobre lo que es construcción de marca.

La joyería apareció más tarde, primero como una búsqueda personal y después como un lenguaje propio que terminó convirtiéndose en lo que es hoy mi marca. ADN no solo son mis iniciales, sino también una referencia a lo que es el ADN conceptual que atraviesa cada pieza que realizo y la identidad que fui construyendo alrededor del diseño, los materiales y la transformación de objetos cotidianos.

Las cápsulas de café adquieren una segunda vida a través del diseño.

Creo que el gran punto de inflexión llegó cuando empecé a trabajar con las cápsulas de café descartables, las recicladas. Entendí que ese material no solo tenía un potencial estético, sino también simbólico. Yo empecé estudiando joyería contemporánea, que es la que se hace con cristales, perlas, piedras semipreciosas, y nunca me imaginé que aquello que empezó casi como un experimento personal terminaría llevando esta materialidad tan lejos.

Hoy conviven las dos marcas: joyería contemporánea y joyería sustentable. Pero el público fue mermando durante todos estos años, especialmente después de la pandemia, y hoy buscan más una pieza sustentable, una pieza que tiene una historia detrás para contar.

-¿Cómo fue el momento en que decidiste convertir ese interés en una profesión?

-Yo trabajaba un montón y mis hijos eran chicos, y la verdad es que quería dejar en stand by la carrera un rato para dedicarme más al cuidado de los chicos. Pero tampoco soy una persona que puede estar quieta sin hacer algo.

Un día caminando por Palermo pasé frente a una vidriera llena de piezas hechas con cristales. Me llamó muchísimo la atención. Entré al local, que ya no existe, y quien después sería mi profesora y mentora me invitó a tomar una clase. Para mí fue un viaje de ida.

Las joyas se elaboran de manera artesanal, cada una es única e irrepetible.

Sentí que quería dejar en pausa la comunicación y empezar una nueva carrera vinculada al diseño y la joyería. No fue fácil bajar del mundo corporativo, pero descubrí una pasión que estaba dormida en mí y que despertó dones que ni sabía que tenía. Después la vida me llevó a vivir a Estados Unidos y seguí estudiando en el New York Art and Design.

-¿Por qué específicamente la joyería, qué es lo que te llama la atención de este arte?

-Me parece que tiene que ver un poco con la comunicación. Un accesorio, una joya, comunica constantemente. Hablan de quiénes somos, de cómo queremos mostrarnos y de lo que elegimos expresar incluso antes de decir una palabra. Creo que fue un match entre ambas cosas. Me interesa todo lo que tiene que ver con cómo usamos los objetos y qué dicen sobre nosotros.

-¿Tu marca comenzó con materiales reciclados?

-No, mi marca empezó siendo joyería contemporánea. Trabajaba con cristales, piedras semipreciosas y perlas. El punto de inflexión fue descubrir las cápsulas de café, esta materialidad a la que se le puede dar una segunda vida.

La gente hoy viene a buscar estas piezas porque tienen una historia, la historia del reciclaje, la historia del cuidado del medio ambiente. Acá hubo momentos de personas que tomaron su café y decidieron no tirar la cápsula a la basura. Entonces ahora me las dan a mí porque saben que les doy otra vida. Tengo una red de personas que me juntan cápsulas: amigos, familiares, empresas y distintos puntos donde las puedo encontrar.

Collar, anillo y aros dorados a juego de la colección "Erizo".

-¿Cómo es el proceso de las cápsulas hasta convertirse en una pieza?

Todo el proceso es manual, no hay ninguna implicancia industrial. La cápsula se abre, se saca el café y después se cura el aluminio. Se sumergen en una bacha con algunas gotas de lavandina y se deja pasar la noche. Al día siguiente se terminan de enjuagar y se secan al sol.

Una vez secas las separo por colores. Después comienza el armado de la pieza y esto depende del diseño. Una pieza puede tener desde 14 cápsulas hasta 300. También participé en tres Argentina Fashion Week donde hice vestidos que tenían entre 900 y 2.000 cápsulas de café.

-¿Cuánto tiempo lleva hacer una pieza?

-Un collar de 300 cápsulas de café me puede llevar una semana.

-Sí. Tengo una persona que me ayuda y actualmente estoy formando a otra para enseñarle las técnicas, porque la demanda comenzó a crecer mucho más de lo que imaginaba.

Broche de la colección “Pavo Real”, creado combinando cápsulas de diferentes colores.

-¿Cuál es la mayor dificultad de trabajar con este material?

-La más grande es que todo se hace de manera artesanal. Pero tiene la ventaja de que, al ser a mano, ninguna pieza va a ser igual a la otra. Si hay algo que la tecnología no va a poder reemplazar es la mano de obra, la sensibilidad de la mano y la intuición que aparece en el contacto directo con el material. Por eso me resisto a industrializar completamente este proceso.

-¿La muestra en Nueva York fue tu primera experiencia internacional?

-No, hace dos años hice un pop-up sale en México, que tuvo una repercusión increíble. Me gusta esto de sacar el producto de Argentina y ver qué pasa. Este año tuve la posibilidad de participar en MAD About Jewelry.

Bryna Pomp, que es la directora de la muestra y una referente de joyería a nivel mundial, me convocó porque le gustó precisamente el concepto de poder transformar una cápsula en una joya. Yo llegué medio de casualidad, como todo. Un día fui a Nueva York, le dejé a Bryna una caja con mis piezas y me llamó y me dijo: “Me encanta”.

Fue todo nuevo para mí, significó abrir una puerta hacia un mundo de nuevos descubrimientos. Fue un lugar de muchísima visibilidad. Al haber sembrado Nueva York con mis piezas, creo que ahora hay que esperar a ver que germinen.

Un collar puede llevar hasta 300 cápsulas de café y una semana de trabajo.

-¿Qué sentís que destaca al diseño argentino en el contexto internacional?

-Creo que nosotros tenemos un potencial enorme, una creatividad enorme. Cuando estando allá me preguntaban de qué país soy y yo decía Argentina, me contestaban: “Ah, claro”. En esta plataforma ves artistas realmente superiores, que piensan fuera de la caja. Trabajan papel, fibras, plata, porcelana, titanio, acrílicos. Hay un abanico impresionante de ideas y materialidades trabajadas con una imaginación y un ingenio impresionante.

Lo lindo es que el público visitante tiene un contacto directo con el artista y tiene la posibilidad de que éste le cuente de dónde vino la inspiración. Al momento de comprar la obra no están alejados de la persona que lo hizo.

En mi caso conté miles de veces la historia porque cuando uno ve exhibido el producto no se imagina que está hecho con cápsula de café. Entonces explicar cómo llegué a esa pieza genera preguntas. Eso es lo bueno: la misma pieza genera conversaciones.

Sus creaciones fueron exhibidas en una de las principales exposiciones de joyería en Nueva York.

-¿Qué buscás transmitir con tus joyas?

-Creo que hoy muchas personas buscan piezas que no sean intercambiables, objetos con carácter, con una mirada detrás y capaces de generar una conexión o despertar una curiosidad. Creo que eso se alinea bastante al propósito de ADN Jewelry, que propone otra velocidad de observación: piezas que no se consumen rápidamente y que invitan a ser descubiertas.

Lo importante no es solo el objeto en sí, sino también la historia que cuenta y el mensaje que transmite sobre quién lo usa. Creo que el mejor logro es la recepción que tiene mi trabajo con el público. Hay gente que me dice: “La verdad es que quiero esto porque tiene un sentido”. Eso es lo que más valoro.

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