«Ese enano de mierda me tiene podrida, lo voy a terminar matando«. La vecina que escuchó la advertencia ya había visto cómo Sofía Magdalena Pantoja humillaba y despreciaba a su marido, el zapatero Jorge Vicente Pereyra, con quien se estaba separando, pero seguían compartiendo techo en su casa de dos plantas del barrio La Loma, en La Plata.
Lo que nunca imaginó esa mujer fue que todo terminaría con un crimen brutal, a sangre fría, de nueve puñaladas, mientras el hombre de 56 años dormía en su cama, aquella noche del 2 de mayo de 2018, en la calle 48 al 1200, entre 19 y 20.
Pantoja, nacida el 4 de abril de 1966 en El Carmen, provincia de Jujuy, está con arresto domiciliario porque alegó razones de salud (es diabética y tiene la movilidad reducida en una mano), pero a horas de conocer una sentencia que va camino a una prisión perpetua, después de ser hallada culpable por unanimidad por un jurado popular.
Este lunes 31 de agosto, el juez Hernán Decastelli deberá anunciar la suerte de la imputada, que era agente del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) y supo hacer valer esas influencias.
Sus defensores son los abogados Julio Beley y Bruno Strassera, quienes ya anticiparon que apelarán ante el Tribunal Penal de Casación bonaerense.
Leila Aguilar fue la fiscal de juicio y pidió que la pena sea prisión perpetua.
Pantoja (60) fue imputada por «homicidio triplemente calificado por el vínculo, alevosía y codicia«, aunque ella negó haberlo cometido y el cuchillo nunca apareció.
El afiche que armaron las hijas de la mujer.«Yo no lo maté, quiero justicia para mis hijos, quiero saber quién fue. Soy incapaz de matar a una persona», sostuvo llorando ante el Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 de La Plata.
En la propiedad no había ningún acceso violentado ni rastros de robo. Además, una mancha de sangre en el camisón que usaba la mujer esa noche coincidió con el tipo de sangre de la víctima.
Tres hijos enfrentados por su mamá
El caso enfrenta a los tres hijos de la pareja. Por un lado, están Romina (36) y Yesica Pereyra (37). La primera es diseñadora de ropa y su hermana es asistente social en el SPB.
Ninguna de ellas tiene dudas sobre la culpabilidad de su madre y así lo dejaron claro en los carteles que pegaron en las rejas de los tribunales platenses cuando se desarrolló el juicio. «Cuidado: asesina suelta», escribieron sobre el rostro de Pantoja.
La mujer acusada del crimen de su marido es Sofía Pantoja. Durante el juicio, junto a sus abogados Julio Beley y Bruno Strassera. Foto 0221Por el otro, está Gonzalo Pereyra (34), que también trabaja como oficial penitenciario y sostiene la inocencia de su madre, junto a los hermanos de ella, varios ligados al SPB.
«Yo al principio lo comprendí porque dije, bueno, debe tener su proceso, porque es bastante difícil aceptar que tu mamá es una asesina. Yo también tuve un momento que en mi lógica no comprendía que haya sido así, que la figura que vos tenés de madre sea eso. Pero lamentablemente siento que él no lo puede procesar, es una persona negada», le dice Romina a Clarín.
La mujer lamenta la actitud que adoptó Gonzalo, aunque dice no guardarle rencor: «No tener familia, no tener más domingos, estar yo y mi hermana solamente con 30 años comenzando un nuevo árbol genealógico, mi hermano no pudo desprenderse de eso, de sus primos, de sus tíos y toda la familia de ella».
Las hermanas Romina y Yesica Pereyra están convencidas de que su mamá mató a su papá en su casa de La Plata.«Quiero creer que es por ese lado, la verdad es una persona negadora y es más fácil seguir en el circo que nos enseñaron durante toda la vida que tomar valentía, poner el pecho a toda esta situación de enfrentamiento y exponernos como nos estamos exponiendo nosotras», agrega.
Los testigos fueron contundentes en varios puntos: que la pareja tenía una pésima relación, que ella era quien llevaba las riendas de la casa y que se oponía a dividir el patrimonio al 50%.
«Me voy de vuelta al infierno», le decía Pereyra a una pareja de conocidos cuando tenía que volver al hogar. Su hermana, Susana Alicia Pereyra, acotó: «Mi cuñada quería quedarse con todo y que mi hermano se fuera».
Otro testigo contó que «ella era muy mala con él, vivía maltratándolo adelante de cualquiera y él nunca le decía nada y bajaba la cabeza para no tener problemas, muchas veces me comentó que quería echarlo de la casa».
El zapatero Jorge Pereyra (56) fue apuñalado por su pareja mientras dormía en su casa de La Plata.El vecino de la casa de al lado reforzó que se escuchaban los gritos de las discusiones. Y un mecánico al que la mujer le llevó a arreglar el auto a fines de 2017 señaló que ella le reveló una advertencia que le había hecho al marido: «Vos no me querés creer, pero un día yo agarro una cuchilla y te mato«.
Otro reforzó esta conducta violenta: «Ella era muy agresiva verbalmente, él intentaba ignorarla y dejaba pasar las cosas».
Un albañil que solía hacer tareas en la casa dijo que la mujer le confesó, el día antes del homicidio: «Jorge está cada vez más loco, me quiso pegar y lo corrí con una cuchilla».
Como sintetizó otro testigo, se había desatado «una guerra porque nadie quería perder un mango».
El reclamo de justicia por Jorge Pereyra en los tribunales de La Plata. Foto 0221«Este hijo de puta se quiere quedar con la mitad de todo, el sacrificio lo hice siempre yo, ni en pedo le doy la mitad del remís, antes lo mato«, llegó a decirle la acusada a un conocido.
Antes del crimen, Pereyra le había dicho a una amiga que estaba pensando en cambiar la cerradura de su habitación (a esa altura dormían en cuartos separados), porque Pantoja entraba a la habitación y le rompía las cosas. «Me hace la vida imposible», se quejaba.
La noche del crimen
Era la 0.45 del 3 de mayo de 2018 cuando la Policía llegó a la escena del crimen. Pantoja llamó para decir que estaba «desesperada» porque había escuchado ruidos extraños, que sus dos perras caniche ladraban sin parar y que estaba encerrada en el baño.
Según quedó acreditado en el expediente, el primer llamado lo hizo a la 0.41, a su hijo Gonzalo. Ella aseguró que, como no le respondió, se comunicó con el 911 y luego con su hermano penitenciario.
La casa del barrio La Loma donde se produjo el crimen de Jorge Pereyra (56). Foto 0221Un patrullero que estaba a seis cuadras se acercó enseguida. Estaban las luces de la casa apagadas y la mujer les lanzó la llave desde una ventana.
La sospechosa afirmó que tenía problemas de audición. Que no pudo escuchar ruidos en el cuarto de al lado, pero sí los handies de los policías cuando estaban aproximándose a la vivienda.
Al entrar al cuarto del hombre, lo encontraron tirado, en medio de un charco de sangre, al lado de su cama de una plaza, vestido con un calzoncillo y una remera negra. Tenía nueve puñaladas en el hombro izquierdo, una mano y en el cuello, que resultó letal.
La mujer se preocupó en destacar que tenía la movilidad reducida por un problema en el hombro izquierdo, como buscando anticiparse a que ella no podría haber cometido el crimen.
Para el fiscal Marcelo Romero (estuvo a cargo de la instrucción, pero ahora está jubilado), Pantoja «montó una escena para sustentar una débil coartada«.
El celular de Pereyra estaba sobre su mesa de luz. En el bolsillo de su pantalón tenía 5.755 pesos. A las 20.45 había ido a comprar alimentos a un negocio de enfrente de su casa. A las 23.00 quedó registrada su última conexión al WhatsApp.
En aquel momento, Romina, la única de los tres hijos que vivía con ellos, estaba en Tigre. Fue Gonzalo quien la llamó para avisarle que había «pasado una tragedia».
Su mamá no quedó detenida tras el crimen. Recién cayó en septiembre de 2018.
«Mi padre era una persona muy dócil. Mi madre siempre lo manipuló y violentó psicológicamente«, remarca.
Romina dice que, tras el homicidio, les hizo «limpiar la casa». Esto se comprobó cuando pasaron el reactivo Luminol y había sangre lavada en distintos ambientes. Y que la vio «sacando sábanas y otras cosas».
A la familia de su mujer, el zapatero la llamaba «el clan Pantoja«. Su hija cuenta que «no disponía de dinero nunca y hasta para comprar cigarrillos le tenía que pedir dinero a ella».
Romina, en un video en sus redes sociales donde cuenta el horror que vivieron en su casa con el atroz crimen de su papá.«Ella lo engañaba mucho. Lo engañaba hasta dentro de mi casa, hasta con un tío político nuestro, tenían relaciones ahí y mi papá se lo aguantaba, nunca nos dijo nada», añade.
A Romina y Yanina les costó un tiempo asumir que Pantoja fuera la responsable del crimen: «Nos costó creer que nuestra madre era una asesina».
«Cuando quisimos despegarnos y alejarnos de ella, empezó a intimidarnos con la familia de ella. Sacábamos la basura y automáticamente te llamaba desde el penal para preguntar qué habíamos sacado a la vereda. Ella, estando detenida, nos hacía sentir que estábamos controladas», apunta.
Prisión domiciliaria a 400 metros de su hija
Ahora su mamá cumple prisión domiciliaria, con tobillera electrónica, a cuatro cuadras de la casa de su hija Yesica y sus nietos menores de edad: «Nunca nos avisaron», se queja Romina.
Además, sobre su comportamiento durante el juicio, resume: «Ella misma pidió que fuera un juicio por jurado. Se creyó que se iba a poder hacer la pobrecita, la mujer inválida, la católica, la pobre mujer que llora… Y no se le cae una lágrima«.
El zapatero Jorge Pereyra (56) fue apuñalado por su pareja mientras dormía en su casa de La Plata.«Con esa misma postura, ganó un beneficio de prisión domiciliaria. Se la otorgó el juez después de habérsela denegado durante siete años, pero bueno, son las garantías del delincuente», se resigna.
En medio de todo, sufrieron intimidaciones y hostigamientos por parte de la familia de la mujer, por lo que la fiscal Aguilar consiguió que les diera un botón antipánico.
Para la defensa de la acusada, no pudo haber cometido el crimen porque tenía dificultades físicas. Según 0221, una de las testigos del juicio, su amiga María Gloria Sánchez, subrayó que ella «vivía para los hijos y los nietos”, que en la pareja no había hechos de violencia y apuntó contra la víctima: «Jorge era muy pijotero».
Romina dice esperar que el juez Decastelli esté a la altura de su cargo en la sentencia de este lunes, a las 12: «Nosotros queremos creer en la Justicia. Nuestra mamá es una asesina«.









