El duelo de Biddeford y el rastro que deja el ICE a su paso por las ciudades de Estados Unidos | Inmigración en Estados Unidos

El duelo de Biddeford y el rastro que deja el ICE a su paso por las ciudades de Estados Unidos | Inmigración en Estados Unidos


Las banderas a media asta en la entrada de Biddeford ya anuncian que esta pequeña ciudad del Estado de Maine, situada a 25 kilómetros al sur de Portland, está de luto. El lunes, uno de sus vecinos, el colombiano de 26 años Johan Sebastián Durán Guerrero, murió por los tiros disparados por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por las siglas en inglés) en una operación enmarcada en la agenda antiinmigración del presidente Donald Trump.

“Ha sido una tragedia absoluta para la ciudad; aquí en Biddeford se percibe que la gente está de luto, y yo también lo estoy. Lamentamos profundamente lo ocurrido: por la persona, por la familia, por la ciudad y la comunidad”, declaró a EL PAÍS el alcalde de la localidad, Liam LaFontaine.

La comunidad de Biddeford pertenece en su mayoría a la clase trabajadora. Así se percibe en cuanto se cruza el río Saco, que la separa de la ciudad que lleva ese mismo nombre. Las casas se vuelven más modestas y también las personas que caminan por sus calles. Un ambiente diferente del que se percibe en la vecina Saco y, más aún, en el destino turístico Old Orchard Beach, a ocho kilómetros. Solo un barrio alejado del centro, Biddeford Pool, en la playa, es la excepción. Así ha sido desde el siglo XIX, cuando se instalaron las primeras fábricas textiles. Los propietarios residían en Saco y los obreros, en Biddeford.

Esta semana la vitalidad de esta ciudad de poco más de 22.000 habitantes se ha visto apagada por el trágico suceso. En el cruce de las calles Hill y Pool, donde perdió la vida Durán Guerrero, se ha levantado un pequeño altar de flores, fotos y mensajes de duelo. Otro homenaje similar se ha improvisado nada más cruzar el río, donde los conductores hacen sonar sus bocinas para mostrar su apoyo a las personas que se congregan allí varias veces al día para protestar contra el ICE.

“Otra muesca en el cinturón del presidente”

A Anita, que prefiere no dar su apellido, le corren las lágrimas por las mejillas al hablar de ello. Se ha acercado al lugar para depositar unas flores y un papel en el que se lee: “Dios juzgará a las personas que te mataron. Descansa en paz”. “No es normal ver a gente siendo acribillada a tiros en las calles; es algo que me deja amargada. Es impactante. ¿En qué se ha convertido el país? Debería ser un lugar pacífico y hermoso”, lamenta. “Esto es simplemente otra muesca en el cinturón de nuestro nuevo presidente”, agrega antes de dirigirse al cruce de Hill y Pool, donde va a dejar más flores.

Anita, que aparenta superar los 60 años, explica que la ciudad fue construida por migrantes, como sus abuelos, que llegaron para trabajar en las fábricas. Al igual que hicieron muchos europeos hace 150 años. Hace unas seis décadas ondeaban 26 banderas en la entrada de las factorías, representando a los países de origen de los obreros. Se dice que Biddeford tuvo la primera mezquita de Estados Unidos, no un edificio como tal, pero con las funciones del lugar de culto.

En esta ciudad, los migrantes continúan siendo una parte importante de la comunidad. “Actualmente se hablan 23 idiomas en las escuelas del sistema escolar, lo que refleja que la gente sigue llegando aquí desde todas partes”, explica Delilah Poupore, directora ejecutiva de Heart of Biddeford, una organización dedicada a la revitalización del centro de la ciudad. “Nuestro departamento escolar se esfuerza al máximo para garantizar la seguridad de los estudiantes y sus familias durante las oleadas de redadas del ICE”, dice.

Poupore, que conoce bien la historia y el carácter de la ciudad, afirma que los migrantes están bien integrados. “Personas de todo el mundo terminan conviviendo en los mismos vecindarios”, apunta. Heart of Biddeford ayuda a los residentes, las empresas y la ciudad a colaborar para impulsar la economía y la comunidad. También organiza eventos, como el llamado Shared Stories (historias compartidas), que en junio reunió a las personas de diferentes orígenes para que compartieran un plato típico de su familia y hablaran de su cultura.

Muchos de los migrantes que llegan a Biddeford lo hacen en busca de una residencia más económica de la que pueden encontrar en ciudades vecinas o en Portland. La asequibilidad también ha atraído a muchos jóvenes y, de hecho, su censo es el de la población más joven de todo el Estado. Las fábricas textiles cerradas en los noventa han recuperado actividad, convertidas en residencias y comercios. Se han construido nuevas viviendas en el centro que, en su mayoría, son de alquiler. Los edificios acogen a varias familias, como en el que vivía Durán Guerrero.

Biddeford ya sintió el acoso del ICE en enero, cuando la Administración Trump lanzó en Maine la operación Catch of the Day (la pesca del día), un nombre de humor negro para bautizar el envío masivo de agentes migratorios que detuvieron a más de 200 personas en pocos días en el mes de enero.

“Muchas de nuestras pacientes tenían miedo de acudir a nuestros servicios en un momento vulnerable en el que deberían estar recibiendo atención médica. Muchas de ellas estaban solas o sus parejas habían sido detenidas por el ICE”, cuenta Michaela Schwartz, una mujer joven que trabaja impartiendo formación sobre el parto a migrantes. La asistencia escolar cayó a raíz de aquel operativo y muchos extranjeros, incluso si tenían permiso de trabajo, abandonaron sus empleos por el miedo de ser detenidos al azar.

Información contradictoria

Schwartz estaba trabajando cuando le llegó al móvil la noticia de la muerte de Durán Guerrero. Corrió a su casa, que estaba cerca del lugar del suceso, para averiguar qué había pasado. “Cuando me enteré de que tenía una hija de tres años, rompí a llorar; fue algo terrible”, recuerda. El miércoles depositó un ramo de flores en el altar situado en la entrada de la ciudad. La tristeza permanece, pero lo que más manifiesta es ira. “Ni siquiera me interesa escuchar nada sobre la investigación o los detalles que van a salir a la luz. Simplemente, no hay justificación para eso… para matar a alguien a sangre fría”, opina.

La información oficial de qué pasó la fatídica mañana del lunes fue escasa y contradictoria desde el comienzo. Primero se dijo que Durán Guerrero era un migrante indocumentado sobre el que el ICE tenía una orden de deportación, mientras que quienes lo conocían aseguraban que estaba en el país legalmente y con permiso de trabajo. Más tarde se informó de que no era él a quien el ICE buscaba.

Luego, la agencia siguió la norma que ha mantenido con todas las muertes causadas por agentes, como las de los ciudadanos Renée Good y Alex Pretti, en Minneapolis en enero, y la del mexicano Lorenzo Salgado Araújo, el 7 de julio en Houston, y justificó que el agente disparó por sentirse amenazado. Los testigos no comparten esa versión. Creen que Durán Guerrero ya había sido baleado cuando el coche que conducía dio vueltas en lo que el agente dice que fue una agresión.

La presencia del ICE había caído en los últimos meses, pero hubo un repunte en las últimas dos semanas. Coincide con las recientes directrices del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de aumentar las detenciones para alcanzar el objetivo de 2.000 por día.

“No todo el mundo ve la inmigración de la misma manera; no es que en Biddeford todos piensen exactamente igual. Pero creo que cualquiera puede reconocer que nadie debería recibir un disparo por el simple hecho de existir”, dice Poupore, de la organización Heart of Biddeford, al contar que unas 600 personas se congregaron para protestar y más de mil acudieron a la vigilia el lunes.

Por su carácter de clase trabajadora, que ha sufrido situaciones muy difíciles como el cierre de las fábricas en los noventa, la población de Biddeford es combativa. “Defienden sus convicciones. No es una ciudad de modales excesivamente refinados ni nada por el estilo; más bien es un lugar lleno de vida y de gente muy participativa”, explica.

En las aceras de Main Street, la arteria principal y centro neurálgico de la ciudad, se leen mensajes contra el ICE pintados con tiza. El rastro que ha dejado el ICE a su paso por Biddeford no se olvidará pronto. “En los cinco años que llevo aquí, todo ha girado en torno a la comunidad. Es una ciudad pequeña y hermosa, con lazos muy estrechos”, afirma Schwartz. “Ves que esto sucede en el país y ya es devastador, pero verlo ocurrir justo delante de ti… Siento que vamos a sentir las consecuencias durante muchísimo tiempo. Las personas que lo presenciaron quedarán traumatizadas para el resto de sus vidas. Es algo hermoso ver cómo nos une a todos, pero es muy triste la razón por la que sucede”, sostiene.

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