el dúo maravilla de la alta costura que viste a Mirtha, Susana y Karina Milei

el dúo maravilla de la alta costura que viste a Mirtha, Susana y Karina Milei


Claudio Cosano es el que da la cara. Ya se ha convertido en marca en el mundo de la moda: lo vemos en televisión en La Jaula de la Moda, pero, sobre todo, viste a Mirtha Legrand desde hace 30 años, además de otras celebridades.

Pero junto a él, desde el principio, está su hermano Fabián, una pieza clave en su atelier, trabajando a dúo como -nada menos- que jefe de bordados. Es la primera vez que Claudio y Fabián dan una nota juntos.

Unos años menor que Claudio, Fabián prefiere mantener un marcado perfil bajo, aunque con el correr de la conversación va apareciendo su personalidad. Firme y directo en sus respuestas, revela que tiene talento creativo. No solo diseña los bordados, que luego realiza a mano, sino que detrás del canevá, hay un artista plástico que pinta y esculpe.

Los Cosano nacieron en Caballito. Claudio tiene 63 años y Fabián, 58. Tuvieron dos hermanos mayores, Marcelo y Silvia, que fallecieron jóvenes. Su mamá, modista, se sumó al taller desde la primera hora, hasta que murió. Del padre que se fue, ni el recuerdo. Pero la familia siguió adelante. Y tiene su historia.

-¿Cómo era el vínculo entre ustedes, cuando eran chicos y adolescentes?

-Fabián: El normal, de hermanos. En realidad, yo estaba como más desconectado de ellos tres porque eran mayores y fui criado por mi abuela: mamá salía a trabajar para mantener a los cuatro críos.

-¿Y el papá dónde estaba?

-Fabián: Nunca estuvo presente… No sé. Pobre hombre, desapareció, se fue.

-Claro, los tres mayores eran más compinches…

-Claudio: No, teníamos que salir a trabajar. Yo estaba en la escuela primaria y ya trabajaba. Tenía un vecino dueño de una fábrica de matafuegos. Yo era amigo del hijo y él me adoraba. Entonces me tomó para hacer de cadete. Está claro que fue por darme una platita y que pudiera ayudar en casa.

-¿Cómo empezaron a trabajar juntos?

-Claudio: Hace 35 años. Pero te cuento cómo fue. Yo estaba estudiando arquitectura. Ni soñaba con ser diseñador; no terminé la carrera porque dejé de rendir algunos finales. Pero necesitaba costearme los estudios y vi un aviso en el diario donde pedían administrativo. No sabía que era para Fruit of the Loom, una tienda de ropa fundada en 1865. Y ese mundo de la moda me atrapó.

En el atelier de los Cosano nada se pierde, todo se recicla. Foto: Ariel Grinberg.

Caí de casualidad en el planeta fashion y pensé que algo podía hacer en este rubro, para obtener algo más de dinero. Y empecé a hacer prenditas… Un día una amiga nuestra me pidió su traje de novia y había que bordarlo. Fue cuando le pregunté a Fabi si se animaba a hacerlo.

-Fabián: En ese momento yo no trabajaba con él. Era empleado administrativo de una empresa de importaciones, nada que ver con el mundo textil. Y Claudio me dijo que el vestido era para una amiga, Marcela. Claro que me animo a bordarlo, le dije.

Entonces, salía de la oficina a las siete de la tarde y me quedaba hasta altas horas de la noche bordando, piedra por piedra, obviamente a mano. Lo mío fue intuitivo y autodidacta. Lo que es la costura, lo mamamos de mamá. Ella sabía coser.

-Claudio: En ese momento yo trabajaba solo en un departamento de Villa Crespo y mamá venía a ayudar. ¡Era un monoambiente que yo mismo había pintado! Y Fabi llegaba a la noche para bordar.

Cuando empecé a crecer, lo que hice fue llamar a la familia porque me dije: “Si me salvo yo, nos salvamos todos”. Estábamos en una situación económica muy precaria. Primero vino mi mamá, que era una genia en lo que era coser a mano: ella había ido a colegio de monjas y tenía el expertise; hacía unas terminaciones increíbles.

-Fabián: Muchas terminaciones las hago yo ahora.

Claudio Cosano junto a Mirtha Legrand, su clienta favorita.

-Lo que se hereda no se roba…

-Claudio: Fue así, cuando necesitaba bordados llamaba a Fabi. Y formamos una empresita familiar. Pero también mi hermano planchaba, ponía los remaches en las prendas sport…

-Fabián: Claudio me ofreció ingresar a su atelier, que en ese momento estaba en la calle Charcas y Ecuador. Y renuncié a mi empleo.

-Claudio: ¡Era un departamento mínimo! Pero ya me daba cuenta de que hacer vestidos era rentable, y yo quería crecer…

-¿Al que fue Susana Giménez cuando Carmen Yazalde le contó del Estilo Cosano?

-Claudio: No, Susana ya fue a Juncal, el otro atelier. ¡El de Charcas era tan chiquito que entraba yo solo y tenía que salir Fabián! (Risas) Pero a partir de esta visita, me tomé muy en serio lo de hacer vestidos.

-Fabián: Después del vestido de Marcela, Claudio empezó con prêt-à-porter y con los tailleurs que muchas clientas querían bordados. Y una familia muy grande, de la colectividad judía, pidió vestidos para el compromiso, el civil y la fiesta de casamiento de los novios. ¡Tres fiestas y tres vestidos por persona! Bordé cada uno, fue terrible. Porque los modelos eran escenográficos, llenos de bordados. En esa época se usaba el barroco, con mucha pedrería.

El diseñador también vistió a Susana Giménez y Valeria Lynch.

-¿También pintás, Fabián?

-Fabián: Sí, soy artista plástico. Y ahora estoy incursionando en la escultura. Había cuadros aquí, pero cuando se pintó, cambiamos la ambientación. Claudio tiene cuadros míos en su casa…

-¿Y cómo es el proceso entre realización de la prenda y el bordado?

-Fabián: Claudio hace el diseño de la prenda. Lo esboza al lápiz y cuando está listo, me dice qué le gustaría en materia de bordado. Yo le hago una muestra y si me da el ok, se pasa a bordar. Allí me voy a mi pequeño taller de bordado, que está acá mismo, en un cuarto del fondo. Algunos bordados exclusivos, como los que están en las prendas de la señora Mirtha Legrand, los hago todos yo.

-Claudio: Aparte, te cuento que él es rápido como una bala: en un día te borda un vestido. Es impresionante su ligereza. Entonces, en épocas de desfiles, también le pido a Fabi otras tareas como probar, medir.

Hoy que somos una marca establecida, viene la clienta, le diseño, lo compra y le pruebo la toile (el “borrador”). Cuando pasa a armado, Fabián se dedica al bordado. Pero las pruebas subsiguientes las hacemos los dos. Él está en el bordado, en las terminaciones y en los arreglos. Estamos tan mancomunados que a veces yo le doy el dibujo y ni miro el bordado porque sé que me va a gustar.

-¿Cada bordado es único?

-Fabián: Cada vestido tiene su bordado. No hacemos nada en serie. No repetimos.

Claudio le deja a Fabián las indicaciones para los bordados. Foto: Ariel Grinberg.

-Claudio: No. Pero hago el desfile, viene una clienta y le gusta un vestido. Por una cuestión de talle no puede comprar el prototipo. Entonces siempre le realizo un cambio, una pequeña reforma. No hay dos vestidos Cosano iguales. No, porque habría dos vestidos iguales circulando…

-Con respecto a los cristales, canutillos, lentejuelas… ¿Todo es importado?

-Fabián: Sí. Y compramos poca cantidad y mucha variedad. No nos gusta hacer stock ni repetir los materiales, dentro de lo posible.

-Claudio: Acabo de volver de India y me volví loco con los galones, la pasamanería, las cuentas… Pero no es para alta costura.

-Entiendo que ahora, de grandes, se llevan muy bien…

-Claudio: Sí. Estamos juntos todo el día. Entramos a las 8 hasta lo que se necesite. Creo que a esta edad, en total madurez y el ser dos solos en la familia de sangre, nos ha unido. La idea es convivir en paz y viajar. Hacemos juntos un viaje por año para ver ideas, para inspirarnos.

-¿Y con Lino, tu marido, cuánto hace que están juntos?

-Claudio: Van a ser 39 años. Nos conocimos de chiquilines, a los 19 en una discoteca. Yo hago un viaje solo para desestructurarme, porque es pensar y hacer todo el día en el atelier, en casa… Otro viaje es con Fabián, que también aprovechamos para conocer. Y el tercero es con Lino. Llevamos 39 años de respeto y compañerismo, nunca nos separamos, desde el primer día. Y nos casamos, muy felices. Lino trabaja en la parte administrativa.

El de los Cosano es un trabajo de proceso artesanal. Foto: Ariel Grinberg.

-¿Viven los tres juntos?

-Claudio: ¡Eso no! (Risas). Nosotros con Lino vivimos a tres cuadras del atelier. Y Fabián en la zona de Alto Palermo. ¡Imaginate lo que sería tres capricornianos juntos!

-¿Cómo apareció Juano, el labrador, en tu vida?

-Fabián: Cuando murió Gala, otra Golden Retriver, antes de la pandemia, fue un caos. Tuve que pasarla sin ella. Y fue un shock. Hice un duelo de dos años hasta que empecé a pensar en tener otro perro. Lo busqué y aquí está. Nunca me imaginé la revolución que armó. Porque veníamos de Gala (Claudio asiente y sonríe) que era la paz total…

-Claudio: Creo que las perras son más tranquilas, ella venía y no existía. Nosotros trabajábamos sin notarla.

-Fabián: Gala hacía caso. Juano tiene su carácter, es de Virgo, hace lo que quiere. Te cuento qué pasó cuando lo fui a buscar al criadero. La dueña me preguntó si quería que me eligiera al mejor de la manada. Le dije que no, que trajera a los machos y yo agarraba uno. Dije “Juano” y un cachorro saltó por encima de todos los otros perros hacia mí. Porque el nombre te lo piden anticipadamente para hacer los papeles.

La señora me pidió que repitiéramos el llamado, y volví a llamar “Juano”. Saltó otra vez hacia mí y lo agarré, convencido de que era mi perro. Firmé los papeles y lo subimos al auto con una amiga. Obviamente le pedí que lo agarrara fuerte, pero fue terrible. ¡La mordía, le tiraba el pelo, saltaba! Llegamos a casa y se acomodó como si fuese su hogar de siempre. Con 45 días, empezó a correr por todas partes, se miraba al espejo… ¡tengo el video!

Fabián y Claudio junto al perrito Juano, infaltable compañero en el taller.

-Claudio: ¡Nos trajo mucha alegría, está todo el día acá! Para mí fue una sorpresa, no sabía que Fabi había decidido un perro y fue una sorpresa.

-Fabián: A Gala me la había regalado mi hermano mayor. Y tenía otro carácter. Un día él me preguntó qué quería tener, y le dije una Golden. Estábamos de viaje con Claudio y al volver, estaba ella en casa.

-Claudio: Juano es la paz de este atelier (Risas). Nosotros llegamos con Lino y Juano se desespera buscándome. Y si no estoy, porque voy a grabar La Jaula de la Moda, se vuelve loco. Grabo en un día dos o tres programas. Hace 15 años que hago el programa.

-¿Cuál fue el enfoque del último desfile?

-Claudio: Quise hacerlo acá, en el atelier porque me parecía más íntimo. Cuando lo hago acá, la prensa viene. Si es en un lugar más grande, a veces no responde. Convoqué solo prensa y celebridades, por supuesto a la Chiqui Legrand y fue un placer porque hice lo que reza como título del desfile, que es Permanencia. Porque Claudio Cosano no tiene edad.

Mi ropa puede ser para una modelo joven o para una adulta como Teresa Calandra que fue un éxito total. Y para el cierre puse a Débora Plager que estuvo genial. Quise homenajear a Ingrid Grudke, gran mannequin argentina… Y por el momento económico que vivimos, volví a la sastrería, hoy que las fiestas están un poco frenadas. Sastrería de alta costura, por supuesto. Y se me ocurrió no hacer tanto bordado. Usé acordonados (un bordado en hilos) y tejidos que Fabi los hace a mano.

Ingrid Grudke pasó por la pasarela del último desfile de Cosano.

-Fabián: No uso hilo de algodón, uso hilo de nailon para telas transparentes porque no queda bien que se vea el hilo bajo el diseño. Y uso un hilo que se usa para coser cuero, para coser los zapatos. Es resistente. Viene en todos los colores y se compra acá. Nunca se va a soltar un strass…

-Claudio: Los vestidos pesan, pero en el cuerpo no se nota, porque tengo una técnica de corte con la que sostenés accesiblemente la prenda con tu cuerpo.

-¿El desafío de vestir cuerpos no perfectos lo encaraste desde el principio, verdad?

-Claudio: Desde siempre. Porque yo no me fijo si las mujeres son altas o bajas, gordas o flacas. Cualquier mujer puede lucir un Cosano. Prueba está que con Fabi hemos hecho trajes para clientas con afecciones físicas, como la falta de un brazo. Yo no discrimino. Por eso en los desfiles pongo una vedette, una actriz, una mannequin… Y esto en la alta costura no es normal.

-¿El estilo “cosanesco” es para cualquier mujer?

-Claudio: Se puede pensar que es excluyente para divas. Pero no. Porque visto a Wanda Nara, Luli Salazar y Valeria Lynch pero también a Teresa Calandra. Y Teresa es muy net. Aunque en mi ADN está la sofisticación y la moda con femineidad. Por eso no hago nada holgado, me gusta la silueta marcada. Cada mujer tiene algo para lucir. O el escote o las piernas.

Karina Milei los eligió para que le hicieran trajes sastre.

-Le han hecho prendas a Karina Milei. ¿Qué tipo de vestidos o qué estilo?

-Claudio: A Karina le gusta mi sastrería porque es estricta; le hice saco y pantalón. Tiene también un par de vestidos pero en realidad a ella le encanta el pantalón. Es muy alta, pero muy alta, mide 1,76 metro y es delgada. Le hice mucho traje sastre que le queda muy bien. Para cuando viaja en comitiva, para las fiestas que hizo Donald Trump… Estuvo en casi todos mis desfiles, pero este año no pudo.

-Y a Mirtha Legrand le hacen la ropa de memoria… ¿Siempre está conforme?

-Claudio: Ella está grande y no se la puede molestar con pruebas. Yo voy a la casa a probarle alguna vez, pero generalmente le llevo el vestido terminado, hasta con el ruedo hecho. Porque acá en el atelier tenemos un maniquí con su cuerpo que manejamos sólo Fabi y yo.

Hago el diseño, lo arman las chicas del taller y Fabián lo borda. Y por suerte está siempre conforme con lo que le llevo. ¡Y mirá que tiene vestidos! En los 30 años que la visto, debe tener más de 400 prendas mías. Y las repite, sin problema.

Los hermanos diseñaron más de 400 vestidos para la diva televisiva.

-¿Qué hacés con las prendas que no vendés?

-Claudio: No las guardo, vivo en mi realidad argentina, no estoy en Italia donde un Versace va a un museo. Y yo tengo que vender. Porque hay algo que no me olvido nunca. Yo necesito ganar dinero para mantener mi estructura y porque tengo mi familia trabajando conmigo. Entonces, prenda que no se vende se recicla. Se desarma y se rearma, se crea así algo nuevo. Y se hace así un aprovechamiento, se reutiliza.

-Imagino que es más fácil hacer desde cero un vestido que reconvertirlo…

-Claudio: Totalmente. Pensá el tema de los bordados: es complicado… Pero no me gusta que me queden prendas. Y estos vestidos no los paso en los desfiles, siempre a mi pasarela van prendas nuevas.

Y el que quiere comprar prendas recicladas, viene acá, aunque antes las ve por Instagram. La clienta puede venir y probarse, chusmear y comprar si lo decide. Y si está en otro talle, mi hermano hace magia y puede llevar un 46 a un talle 42. ¡O del 42 al 54! (Risas)

Barby Franco con un Cosano para la premiere de El diablo viste a la moda 2.

-¿Qué día nacieron los tres capricornianos?

-Claudio: Fabi el 28 de diciembre, yo el 22 y Lino el 30. Festejamos juntos ¡Pero nunca recibimos regalos porque son las Fiestas!

-¿Seguís fan de Versace?

-Claudio: Me fascinó siempre por lo irreverente que fue y me sigue gustando lo que hace su hermana Donatella. ¡Algo tengo que usar de Versace! Entre los clásicos admiro a Saint Laurent y Dior.

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