Pantalla gigante, muchas banderas, cantos y abrazos. Un grito muy fuerte, de desahogo profundo, se escuchó este viernes apenas unos minutos después de las 23, en un quincho cercano Una explosión de emociones. Así celebraron los caboverdianos de Ensenada -que tiene la comunidad más numerosa del país- la histórica clasificación de su selección, los “Tiburones Azules”, a la segunda fase de la Copa del Mundo.
Cabo Verde, con el arquero longevo Vozinha como estandarte hizo estallar el quincho de la Asociación Cultural y Deportiva Caboverdiana que tiene una prolija sede en Moreno 118 de Ensenada. Entre casas bajas, calles de doble mano y a pocas cuadras del puerto La Plata y la destilería de YPF, los isleños que llegaron migrantes en varias etapas hasta esta zona ribereña de la provincia estiraron sus festejos hasta más allá de la medianoche.
Tres partidos, tres empates. El último, 0-0 con Arabia Saudita. Ese abrió la llave de la clasificación. Invictos en la primera etapa del torneo. “Si hacíamos un gol, salíamos de caravana por la ciudad. Estuvimos a punto. Pero la gente se quedó celebrando y charlando hasta tarde. Se veían ojos enrojecidos por los llantos y gestos de incredulidad”, contó a Clarín, Javier Botana Livramento, secretario de la entidad.
Ahora llega el momento del corazón partido. Es que los caprichos del sorteo y los resultados se combinaron y el cruce de 16avos. será con la selección que exhibe el título mayor obtenido en la edición de Catar 2022.
El equipo campeón del mundo versus un debutante absoluto en competencias mundiales. Es el enfrentamiento que determinó el arbitrio del fixture.
Los caboverdianos de Ensenada hace más de ocho meses que palpitan este momento que marca un hito deportivo. “A medida que avanzaba la fase de grupos notamos cada vez más entusiasmo. El primer juego con España se anotaron unos 30 para reunirse a verlo acá. Después aumentó y el viernes se inscribieron como 80 y vinieron más”, contó Livramento.
Por eso tuvieron que pasar de la reunión en un salón del club al quincho que casi quedó chico: “No queremos imaginar lo que va a ser el próximo viernes”.
Habla del 3 de julio a las 19. Será el momento del cruce con el conjunto de Scaloni y Lionel Messi.
“Al principio no queríamos ni imaginar una cosa así. Pero ahora tenemos el antecedente de haber empatado y jugado bien con dos selecciones campeonas del mundo (España y Uruguay) y creo que nos ganamos el derecho a enfrentar a Argentina”, evalúa el dirigente caboverdiano, ya en modo analista de futbol.
Las mesas del club estuvieron bien servidas con “cachupa”, el guiso con maíz, porotos, verduras y embutidos. Es el plato más emblemático de este conjunto de islas africanas. También había empanadas y pizzas, con un aroma más argento.
Los caboverdianos de Ensenada se instalaron cerca de La Plata en 1927 y comenzaron a trabajar en el puerto y la marina mercante. Después de casi un siglo, mantienen sus raíces y culturas, y ahora recorren ilusionados este camino que se abrió en la Copa del Mundo que se disputa en EE.UU., Canadá y México.
Como todo huésped que entierra varias generaciones de raíces, la simpatía por equipos locales y el amor por Argentina se marcaron en la piel de estos ciudadanos.
La pasión albiceleste fue intensa y genuina entre los futboleros. Pero cuando comenzaron a llegar a esta región las primeras noticias de los “Tiburones Azules”, el corazón empezó a mudar el entusiasmo.
Y ahora el Mundial tiene otra perspectiva para la colectividad. Los primeros caboverdianos que llegaron al país se instalaron en las inmediaciones de Dock Sud, La Boca y Ensenada. La mayoría habían nacido en las islas del grupo de Barlovento, según cuentan las historias familiares que se conservan como testimonio del desprendimiento.
Es un país con apenas medio millón de habitantes y buena parte de los futbolistas de su selección son atletas de la diáspora. Casi todos nacieron y viven en otros países.
Ahora, ese equipo enfrentará a la Scaloneta. El modesto quincho de la calle Moreno en Ensenada prepara una fiesta histórica. Inolvidable. Quedará marcado en la memoria de los caboverdianos. Porque, además, permitirá que la euforia tenga resultado garantizado. Cuando el árbitro toque el pitido del final, todos ellos tendrán algún motivo para festejar.








