el Grand Slam que va mucho más allá del tenis y mueve millones

el Grand Slam que va mucho más allá del tenis y mueve millones

No se trata sólo de una competencia deportiva aunque el torneo que oficialmente arrancará el domingo con los primeros partidos de los cuadros de single despierte el atrapante interrogante sobre quiénes serán los campeones de 2026. Y hay un dato potente de cara al cuarto y último Grand Slam de la temporada: en los tres máximos torneos anteriores no se repitieron campeones. En Australia se impusieron Carlos Alcaraz y Elena Rybakina; en Roland Garros, Alexander Zverev y Mirra Andreeva; y en Wimbledon, Jannik Sinner y Linda Noskova. Por eso, saber si alguien hará doblete o se sumarán nuevos ganadores es una incógnita bien atractiva. Y hay más. ¿Podrá Aryna Sabalenka, la número 1 del mundo, mantener su posición y, de paso, levantar por tercera vez consecutiva el trofeo? ¿En qué nivel llegará Alcaraz luego de su largo parate? ¿Desbancará Rybakina a la bielorrusa de lo más alto del ranking? ¿Terminará una gran generación de tenistas estadounidenses la racha de 23 años sin campeones locales? ¿Celebrarán Coco Gauff o Jessica Pegula ante sus propios compatriotas? ¿Alcanzará Novak Djokovic su deseado 25° Grand Slam? Preguntas y más preguntas sin respuestas que invitan al entusiasmo.

Sin embargo, Flushing Meadows es tenis pero, también, mucho más que tenis. Ya se ratificó en estos días con el dobles mixto en el que las duplas de Alcaraz-Serena Williams y Djokovic-Sabalenka se llevaron todos los flashes o con el homenaje que el torneo le hizo al «ícono» Roger Federer, quien mostró un estado de juego y físico fantástico a siete años de su retiro (el italiano Fabio Fognini lo vio entrenar con su compatriota Flavio Cobolli y dijo que el suizo «hoy le ganaría a varios de los top 100») y ocurrirá lo mismo con la jornada de este miércoles de «Stars of the Open» en la que varias estrellas del circuito interactuarán con el público junto a figuras de diferentes ámbitos como el espectáculo, el deporte, la moda y hasta la política. Es que el torneo se consolidará este año como el Grand Slam que más ingresos genera en el mundo del tenis al alcanzar una facturación de unos 648 millones de dólares. ¿Cómo se llega a esa suma extraordinaria? Flushing Meadows se destaca por su novedosa estrategia de marketing deportivo que combina la venta de entradas, los derechos televisivos y una sólida cartera de patrocinadores.

Una parte esencial del modelo de negocios de Flushing Meadows es su plan de inversión en infraestructura con una remodelación del complejo que demandó 800 millones de dólares. De ese monto, 250 millones estuvieron dirigidos a construir un centro de alto rendimiento para deportistas con cuatro plantas en el Centro Nacional de Tenis Billie Jean King y mejoras en el Arthur Ashe, el estadio de tenis más grande del mundo con capacidad para unas 23 mil personas que además potenció su oferta VIP.

Uno de los grandes secretos del torneo es su «Fan week» que amplía su alcance experiencial. En 2025 asistieron más de 1 millón de personas para superar un récord histórico. Además, la venta de entradas representa un pilar fundamental dentro de los ingresos con recaudaciones que superaron cómodamente el año pasado los 200 millones de dólares. Los precios para la final masculina pueden variar desde 757 hasta 31 mil dólares mientras las entradas para la definición femenina ofrecen una combinación que abarca también el partido final del dobles masculino con valores de entre 375 y 17 mil dólares.

Otro componente esencial para la facturación es el negocio audiovisual. La poderosa Asociación de Tenis de Estados Unidos (USTA, según sus siglas en inglés) posee acuerdos con 30 emisoras para la retransmisión del torneo y la cadena estadounidense ESPN es su socia principal tras adquirir los derechos para el ciclo 2026-2037 por la suma record de 2.100 millones de dólares equivalente a 170 millones anuales, más del doble del ciclo previo.

En cuanto a los patrocinadores, la estructura es igual de robusta y estratégica. Flushing Meadows cuenta con unas 30 marcas auspiciantes y JP Morgan, el banco más grande de Estados Unidos y una de las mayores empresas financieras del mundo, aporta 22 millones de dólares. Entre otras firmas destacadas aparecen Emirates, Chase, American Express, Rolex y AT&T, la última incorporación más importante.

Flushing Meadows 2026 volverá a centrar la atención del marketing deportivo y la industria del entretenimiento con precios de entradas incluso diez veces más caras que en los otros tres Grand Slams. Esa diferencia significativa plantea un debate sobre la estrategia de precios y el posicionamiento de uno de los torneos de tenis más prestigiosos del mundo. Para la jornada inaugural del domingo se anuncia un precio mínimo de 363 dólares para el acceso general conocido como “ground pass”. Ese pase permite a los espectadores ingresar a todas las canchas y asistir a los entrenamientos, aunque no da el acceso al Arthur Ashe. La misma entrada en Australia costó 35 dólares mientras en Roland Garros ascendió a 45 y en Wimbledon, a 44,70. En porcentaje la diferencia es abismal. Para el primer día de acción, en Nueva York se pagará un 937 por ciento más que en Melbourne, un 707 más que en París y un 712 más que en Londres.

Kirsten Corio, directora comercial de la USTA, destacó las iniciativas destinadas a facilitar el acceso al público como la fase de clasificación, el torneo de dobles mixto y las exhibiciones previas con entradas de bajo costo que el año pasado convocaron a unas 240 mil personas. Sin embargo, el alto costo de las entradas para los cuadros principales continúa siendo un obstáculo para una gran parte de los espectadores. Más allá de esa controversia, el torneo mantiene su lugar como uno de los más prestigiosos del circuito y es un festival de experiencias al que asiste más de 1 millón de personas por año.

El de Flushing Meadows es un caso de estudio ideal para conocer todo el operativo que conlleva la organización de un gran evento deportivo. El 65 por ciento del patrocinio global va destinado al deporte, pero eso no significa que encontrar un patrocinador sea fácil. Construir una marca potente y consolidarla en el tiempo es una de las claves. Y en cómo nutrirla para llegar a la excelencia está la cuestión. De esa se encarga la atmósfera única de Nueva York.

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