El MoMA PS1 cumple 50 años de propuestas radicales y libertad artística

El MoMA PS1 cumple 50 años de propuestas radicales y libertad artística


A principios de los años setenta, la curadora Alanna Heiss (Kentucky, 82 años) buscaba una forma de crear una plataforma experimental donde los artistas se sintieran libres para crear sin restricciones. Solía describir la idea como un antimuseo porque quería que funcionara de forma opuesta a como lo hacían las instituciones culturales del momento, que exhibían la obra de los artistas sin seguir jamás sus consejos. Heiss no tenía dinero para llevar a cabo su proyecto cultural, pero consiguió hacerse con un colegio público abandonado en Long Island City, el PS1, que pertenecía a la ciudad de Nueva York: una concesión, parte de una política de reutilización de espacios públicos. Fue así como en abril de 1976 fundó el PS1, una institución centrada en la innovación, en las apuestas rupturistas y sobre todo en los artistas, para que pudieran soñar y usar su creatividad con libertad, sin restricciones, aprovechándose de un espacio arquitectónicamente privilegiado.

Hoy, medio siglo después, convertido en el MoMA PS1 (desde su afiliación al MoMA en el 2000 para garantizar su estabilidad económica), abre sus puertas para celebrar sus 50 años con una block party desde las 10 a.m. hasta las 6 p.m. que contará con performances, workshops, puestos de comida, un mural comunitario dirigido por Lady Pink y DJ sets. Y que tendrá su epicentro con la inauguración de la sexta edición de Greater New York, la exhibición quintaesencial del MoMA PS1 que se celebra cada cinco años desde 2000 y que llena las tres plantas del edificio. Una muestra única y distintiva, ya que ninguna institución antes había dedicado su espacio a la obra más reciente de los artistas locales.

La presente edición de Greater New York cuenta con 53 artistas multidisciplinares que representan lo mejor de la escena neoyorquina actual. La selección combina artistas artesanales como los hermanos octogenarios ecuatorianos Carlos y Miguel Cevallos (Cevallos bros), que llevan tanto tiempo como el MoMA PS1 en pie dedicándose a pintar carteles a mano; prácticas comunitarias como la del Metoac Indigenous Collective o Red Canary Song y artistas consolidados como Julia Wachtel o Tiffany Sia.

“Somos una de las pocas instituciones en Estados Unidos que ha mantenido de forma verdaderamente auténtica una relación cercana con los artistas. Es algo que forma parte de nuestra identidad”, explica por videoconferencia Connie Butler, directora del MoMA PS1 desde 2023. “Greater New York es un gran ejemplo de lo que eso significa y también refleja cómo los artistas responden a nuestro espacio, cuya arquitectura resulta profundamente inspiradora. Por eso invitamos activamente a crear, hacemos encargos, apoyamos la producción de obra».

Si algo define al MoMA PS1 ha sido su carácter pionero y vanguardista, lo que hizo que desde su fundación contara con el apoyo de artistas vertebrales como Laurie Anderson, Cindy Sherman, Barbara Kruger o James Turrell, creador de la única instalación permanente en la institución, Meetings, que se encuentra en una antigua aula escolar vacía y consiste en una apertura en el techo para que los asistentes puedan mirar el cielo y apreciar la transformación de la luz en la estancia a lo largo del día.

La exhibición con la que se inauguró el PS1 allá por 1976, Rooms, era de carácter expansivo y mostraba instalaciones a lo largo de varias habitaciones, cuando por entonces las instalaciones no se consideraban una forma de arte que pudiera mostrarse y coleccionarse. En las exposiciones que siguieron, Heiss asignó espacios a comisarios otorgándoles una libertad inusual: la de hacer aquello que en un museo resultaba impensable. La institución, que se caracterizó por la hibridez y experimentación desde sus comienzos (no solo pintura y fotografía, también poesía, cine o arquitectura), se convirtió también en un espacio para acoger las obras de artistas internacionales. Y es un logro comprobar que, 50 años después, su esencia sigue intacta, pese a que el mundo del arte se ha visto también afectado por una cultura global cada vez más conservadora y restrictiva.

“La censura es muy peligrosa en este momento, pero hemos logrado mantenernos fuera del radar en lo que respecta al contenido de nuestro programa, gracias a que tenemos un consejo de administración muy sólido y de confianza, que nunca cuestiona lo que hacemos”, aclara Butler. “Intentamos ser muy transparentes: somos una plataforma para la libertad de expresión. Trabajamos con artistas cuyas posiciones no siempre coinciden con las de quienes nos financian, pero aun así buscamos sostener ese espacio de libertad”.

El MoMA PS1 es una plataforma que ha apoyado de forma consistente a los artistas latinos y de la diáspora, desde Teresa Margolles (que presentará allí su primera retrospectiva en EE UU), Regina José Galindo, Cecilia Vicuña o Guadalupe Maravilla, entre muchos otros. A diferencia de otras instituciones, PS1 ha priorizado no solo la producción artística, sino también la dimensión comunitaria, articulada a través de conciertos, performances y eventos abiertos. Una muestra de que su prioridad son los artistas, pero también la audiencia, se traduce también en decisiones estructurales: desde comienzos de año, el acceso es gratuito gracias a una donación de 900.000 dólares realizada por Sonya Yu, una empresaria y coleccionista de arte californiana. Algo que podrá sostenerse durante los próximos tres años. Durante más de una década, además, el centro también ha sido la sede de la New York Art Book Fair de Printed Matter, uno de los encuentros más influyentes del mundo en torno a la autoedición y el libro de artista, consolidando su papel como nodo clave para las prácticas editoriales independientes.

Según cuenta Butler, este año aspiran a conseguir que la cifra de visitantes (actualmente cifrada en 150.000 al año) se acerque a los 200.000. Para ello cuentan con su ya popular serie musical de verano Warm Up y pretenden aumentar su programa orientado a las familias, que les llevó a modificar su horario de apertura a las 10 de la mañana y a organizar dos festivales para niños que congregaron a más de 7.000 en solo un fin de semana. “Long Island City ha cambiado mucho en estos cincuenta años, ahora hay muchas más familias y queremos expandirnos para cubrir las necesidades de la comunidad local”, matiza Butler.

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