Haití y Congo: crisis más allá del fútbol
Mientras las expectativas por el Mundial 2026 crecen en todo el mundo, algunas selecciones llegan desde contextos marcados por conflictos armados, desplazamientos e incertidumbre. ¿Qué sucede detrás del fútbol en estos países atravesados por urgencias humanitarias y conflictos regionales?
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Equipo de Médicos Sin Fronteras
Son 48 las selecciones que van por la Copa del Mundo este año, pero no todas parten del mismo lugar. Haití y Congo enfrentan crisis humanitarias agudas: violencia armada, desplazamiento interno y sistemas de salud al límite. El evento deportivo es una oportunidad de visibilizar realidades que rara vez ocupan la agenda internacional.
En estos contextos, equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) brindan atención médica de emergencia, atención materno-infantil, cuidados para sobrevivientes de violencia sexual, rehabilitación y respuesta a brotes epidémicos. Hoy, mientras el fútbol concentra la atención del mundo, también es una ocasión para mirar qué pasa afuera de la cancha.
Haití: conflicto armado, crisis institucional e incertidumbre. Puerto Príncipe atraviesa una de las crisis humanitarias más graves de la región. Desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021, la violencia armada y el colapso institucional se profundizaron: grupos armados controlan amplias zonas de Puerto Príncipe y otras regiones del país, miles de personas fueron desplazadas y gran parte de la población quedó atrapada entre enfrentamientos y situaciones de violencia.
El deterioro del sistema de salud es extremo. Más del 60% de las instalaciones sanitarias de Puerto Príncipe están cerradas o fuera de servicio, y solo queda un hospital público con capacidad quirúrgica, completamente desbordado. Mientras tanto, aumentan las necesidades médicas vinculadas a heridas por violencia armada y violencia sexual, utilizada cada vez más como mecanismo de control territorial.
Los ataques reiterados contra ambulancias, hospitales y personal sanitario agravan todavía más la situación. En varias ocasiones, MSF se vio obligada a suspender actividades y cerrar centros de atención. Solo en los primeros meses de 2026, se realizaron más de 7.500 consultas médicas y se atendieron más de 4.300 urgencias.
En medio de esta crisis, Haití volverá a jugar un Mundial después de 52 años.
República Democrática del Congo: violencia, desplazamientos y crisis sanitaria. En la República Democrática del Congo (RDC), el desplazamiento se volvió parte de la vida cotidiana. Los enfrentamientos entre grupos armados y fuerzas estatales obligaron a más de 7 millones de personas a abandonar sus hogares, en un contexto de violencia e inestabilidad que sigue deteriorando las condiciones de vida de la población.
A esta situación se suman crisis sanitarias recurrentes. La RDC es, de hecho, el país donde Médicos Sin Fronteras (MSF) desarrolla su mayor número de proyectos médico-humanitarios. Los equipos de la organización trabajan en consultas ambulatorias, campañas de vacunación, programas de hospitalización y tratamiento para la desnutrición infantil e intervenciones quirúrgicas. Además, responden a emergencias epidemiológicas y desastres naturales en diversas regiones del país.
En mayo, se declaró un nuevo brote de Ébola en el este del país, una región afectada desde hace años por la violencia y la inestabilidad. Frente a esta emergencia, MSF desplegó una respuesta a gran escala junto con el Ministerio de Salud, la Organización Mundial de la Salud y organizaciones locales. Cientos de trabajadores y trabajadoras de la organización llevan adelante actividades de atención médica, aislamiento y tratamiento de pacientes, vigilancia epidemiológica, rastreos de contactos y medidas de prevención y control de infecciones. MSF tiene una amplia experiencia en la respuesta a brotes de enfermedad por ébola y está movilizando equipos, recursos y materiales para apoyar y colaborar con las autoridades de la RDC.
En medio de este escenario crítico, el país volverá a participar de un Mundial después de 50 años.
Marruecos: “¡No queremos el Mundial!”
Luces y sombras de un país que en 2022 fue noticia deportiva al ser la primera selección africana en haber ingresado a las semifinales de una copa FIFA y hoy se ubica entre las mejores diez del planeta.
Omer Freixa*
La apuesta por el “soft power” rindió varios frutos. El principal, Marruecos aseguró la condición de sede para el Mundial 2030 junto a España y Portugal. A esto sumó la victoria en el campeonato sub-20, en octubre del año pasado, en simultáneo a un ciclo de protestas doméstico.
Sin embargo, detrás del brillo deportivo y la infraestructura de vanguardia, la realidad socioeconómica muestra graves fisuras estructurales. Con una población que ronda 38 millones de habitantes, el desempleo general se sitúa en el 10,8% (1,25 millón) pero en la franja de entre 15 a 24 años la desocupación se dispara hasta el 29%, siendo más acusada en áreas urbanas que en las rurales. Este factor, sumado a la falta de oportunidades, terminó por activar protestas masivas de la “Generación Z”, a la que pertenecen personas nacidas entre finales de los años 1990 y 2010. Miles salieron a manifestarse en numerosas ciudades marroquíes bajo el lema “No queremos el Mundial, queremos sanidad”.
El descontento focalizó el reclamo en el corazón de la monarquía, con exigencias de mejoras urgentes en salud y educación, frente al millonario gasto en estadios para 2030. Además de las críticas a la corrupción, el reclamo creció a través de la velocidad de las redes sociales y de las plataformas de mensajería instantánea. La respuesta estatal fue contundente y la represión posterior mantiene hoy a cientos de personas detenidas en espera de juicio.
Según el Bertelsmann Transformation Index (BTI), Marruecos no se ubica en una buena posición ya que, en términos de transformación política, califica como una autocracia de línea dura. En relación a la transformación económica, ha descendido en el ranking por espacio de cuatro años consecutivos (de 5,96 puntos en 2022 a 5,29 puntos de 2026) y, en materia de índice de democracia, ha caído desde 2024 de 4,63 a 4,26 puntos.
Un lobby muy aceitado. En el plano internacional, el retorno de Marruecos a la Unión Africana en 2017 consolidó su posición como referente del norte del continente. Rabat hábilmente tejió redes y respaldo de las grandes potencias occidentales para su plan de autonomía sobre el Sáhara Occidental, territorio que mantiene bajo ocupación efectiva a pesar de estar pendiente de descolonización. Desde que Estados Unidos reconoció dicha soberanía, a finales de 2020, otros países poderosos como España, Francia, Alemania, el Reino Unido e Israel han alineado sus posturas con el reino alauita. En general, hay una comunidad internacional que apoya a Marruecos y guarda silencio sobre ciertas injusticias como constantes denuncias de atropellos a los derechos humanos y la existencia de presos políticos en las zonas ocupadas. Un ejemplo de esta realidad es el caso crónico del activista saharaui Enaama Asfari, encarcelado desde hace años, y cuyo contexto de desprotección inspiró la reciente postulación en la edición de este año al Premio Graciela Fernández Meijide que otorga CADAL.
Amigos poderosos.La alianza de Rabat con Washington tiene raíces históricas profundas. El Reino alauita fue el primero en reconocer la independencia estadounidense y se materializa, entre otros aspectos, anualmente en los ejercicios African Lion, la operación militar de mayor envergadura en el continente, celebrada de manera conjunta desde hace más de dos décadas.
Por el contrario, la relación con España ha sido pendular. Tras tocar fondo en la crisis del islote de Perejil, en 2002, y sufrir graves crisis migratorias en Ceuta y Melilla entre 2021 y 2022, el vínculo dio un giro óptimo a partir de 2023. El cambio se selló con el aval de Madrid al “plan saharaui” y la firma de acuerdos de blindaje migratorio, provocando en contrapartida un fuerte enfriamiento de las relaciones españolas con Argelia, el eterno rival de Marruecos.
Actualmente, las relaciones con Portugal también atraviesan un gran momento y, más allá de la sintonía política, ambos países avanzan junto con España en planes de conectividad regional. Recientemente se confirmó una futura autopista que conectará Portugal y Marruecos mediante un túnel submarino presupuestado en al menos 800 millones de euros. Asimismo, imitando este proyecto, España y el país norafricano emprenderían la construcción de un túnel a través del Estrecho de Gibraltar.
Su gran rival. Un problema acuciante para gran parte de Europa es el suministro de gas y, para ello, el Magreb puede ser una solución ante los percances del abasto gasífero ruso desde el inicio de la guerra en Ucrania, en 2022. Marruecos puede hacerlo desde una perspectiva transportista mientras Argelia a partir de ser productora. En ese sentido, hay dos apuestas en competencia, el gasoducto Nigeria-Marruecos enfrentado al proyecto argelino transahariano.
En el primer caso se trata de una iniciativa lanzada en 2016 que, atravesando trece países africanos y alcanzado casi 5.700 kilómetros de extensión, tiene un costo de 25.000 millones de dólares. En contraste, transitando el desierto a través de dos países más y con una cotización menor (13.000 millones de dólares), Argelia reflota un proyecto que data de 2009. Por ende, estos planes permiten ver la fuerte competencia entre ambas naciones por ganar la primacía regional, incluyendo la lucha por la influencia en el Sahel y la disputa en el Sáhara.
Otros terrenos de avance.Por primera vez, Marruecos desplazó a Sudáfrica como la economía más industrializada de África. Es desde hace tiempo líder del sector automotriz, la principal fabricante de automóviles de pasajeros y se estableció la primera gigafactoría de baterías del continente, con una inversión china de 5.600 millones de euros, en un movimiento que Occidente ve con recelo. El país magrebí brilla en el aprovechamiento de fosfatos, del cual es un exportador neto y posee alrededor del 70% de las reservas mundiales, si bien una porción sustancial se halla en territorios ocupados del Sáhara Occidental. Muchos análisis europeos ven en este empuje marroquí un desafío competitivo para España, especialmente por la proyección de Tánger Med, un complejo portuario gigantesco diseñado como la gran baza de la estrategia industrial marroquí para conectar las rutas del Mediterráneo con el Atlántico.
El despliegue del país se completa en dos industrias de vanguardia: las energías renovables y la industria aeroespacial. El país magrebí es líder continental en materia energética ecológica y también de Medio Oriente, con un complejo como Noor Ouarzazate, una planta de energía termosolar de las más grandes del mundo. El objetivo es alcanzar un 50% de capacidad de energía renovable para 2030. En 2050 la nación promete consumir exclusivamente energías renovables. Asimismo, es pionera en la producción a gran escala de energía eólica, solar y encabeza los planes continentales para la exportación de hidrógeno verde y electricidad limpia a Europa.
En materia aeroespacial, Marruecos es el centro aeronáutico de referencia africano y ya casi no hay aviones comerciales del mundo que vuelen sin al menos alguna pieza fabricada en esta nación norafricana.
*Historiador africanista y consejero consultivo de CADAL (www.cadal.org)









