«El mundo es de quienes se animan a perder el equilibrio». Se lo decía su abuelo cuando era chico y jugaba en las calles del barrio la Alcantarilla de su Paraná natal y los vecinos le gritaban: «Ahí va uno de los Dayub». A uno de los Dayub, a Mauricio –actor, dramaturgo y director–, aquella frase le quedó marcada a fuego, aunque nunca supo del todo por qué.
Ocho años en cartel, funciones en más de 70 ciudades, gira por cinco países, más de 850 presentaciones y 350 mil espectadores son algunas de las cifras que ostenta la obra El equilibrista, nacida de aquel recuerdo familiar que, a simple vista, se contradice con el título de la obra teatral, pero que esconde –tanto la frase como la obra– una idea más profunda: la necesidad de arriesgarse para avanzar. Sobre eso –y sobre su vínculo con la escritura y el teatro– conversó Dayub la tarde del miércoles durante 45 minutos con la periodista Alejandra Varela en el espacio cultural Clarín-Ñ de la Feria del Libro.
Pero antes de El equilibrista estuvo El amateur, ambas editadas recientemente en formato libro por Orsai. Corría 1997 cuando Dayub decidió escribir su propia historia para forjarse su vida de actor. Y entonces lo conoció a él, al gran Mauricio Kartun, «que leyó ese guion rudimentario, porque no estudié ni guion ni dramaturgia», rememoró el actor, todavía emocionado.
Era la primera vez que escribía una obra y el resultado fue inesperado: 17 premios, gira por países de habla hispana y una adaptación cinematográfica. El amateur cuenta la historia de El Pájaro (interpretado por Dayub) y Lopecito (Gustavo Luppi), dos almas en pena, caídas del sistema, que a fuerza de amistad y voluntad logran concretar los sueños del otro. La obra puede verse los jueves a las 20 en el Chacarerean Teatre, por demás, la sala teatral que fundó el propio Dayub tras la crisis de 2001, movido por el temor de que el país desapareciera y no quedara ni una sala en pie.
«Con El amateur pasa algo interesante: la actualidad potenció mucho la obra», reflexiona Dayub. «Irrumpe en escena una clase social vulnerable en un mundo cada vez más frío. Son dos personajes que desean cumplir sus sueños, pero que en la realidad la sociedad ha decidido que no, que no van a poder cumplir sus sueños, hay un prejuicio en ‘saber’ quiénes pueden cumplir sus sueños y quiénes no. Y en el 97 los personajes tenían 30 años, ahora tienen más de 60, cumplir un sueño es cada vez más difícil. Justamente por eso emociona al espectador. Quiero romper ese prejuicio», reflexiona.
El actor –que en 2022 debutó como cuentista con Alguien como vos, publicado por Sudamericana– entiende la escritura y la actuación como prácticas inseparables. “Escribir y actuar son una combinación perfecta. Cuando actúo, puedo evaluar lo que escribí porque veo cómo el espectador completa aquello que el autor imaginó”.
Por eso sostiene que “en el teatro manda la escena”: “Si la escena necesita más texto, será el momento del director; si necesita más cuerpo, será el momento del actor; y si requiere más luz, aparecerá el iluminador”.
Para Dayub, escribir teatro implica asumir una condición necesariamente incompleta: “La dramaturgia es una literatura intermedia, abierta. Termina de construirse con los actores, la escenografía, la iluminación, el vestuario, la dirección y, finalmente, con el público”, señala, quien también participó de nueve temporadas de la exitosa Toc Toc en la piel de un personaje que sufría síndrome de Tourette.
Para dirigir El equilibrista, convocó a Patricio Abadi y Mariano Saba, porque sentía afinidad con el formato del “micromonólogo”, herencia también aprehendida de Kartun. “La historia breve era la mejor manera de hacer imaginar al espectador. El relato tenía que ser comprimido, sintético”. Y en esa búsqueda encontró una herramienta clave: “La metonimia, esa posibilidad de contar el todo a través de una parte”. Lo que siguió fueron los números contundentes de El equilibrista, que continúa en cartel los miércoles a las 20 en el Teatro El Nacional.
A los 66 años, Dayub reconoce que escribir y actuar son también formas de escapar de la rigidez adulta. “Vivo intentando salirme de mi adultez”, confiesa. “La vida adulta se llena de condicionamientos y yo trato de escribir lo más cerca posible de mi corazón, recordando cómo era de chico y cuáles eran mis sueños”.
Y concluye: “Quiero conservar cierta inocencia para seguir escribiendo. Salirme del sistema adulto me permite hacer el teatro que me gusta, el que todavía me ilusiona. En el programa de mano escribí que no me gusta la vida adulta; me gusta la expectativa. Y ahí sigo, buscando eso con cada espectáculo”.









