El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid ha encontrado la solución a la saturación de sus salas: a partir de 2032, si los plazos previstos se cumplen, abrirá una segunda sede a pocas calles de su ubicación actual, en el barrio de las Letras de la capital. En el conocido como Palacio de Hielo y del Automóvil, en el centro de la ciudad, se desplegará parte de TBA21, es decir, más de 360 obras de artistas del siglo XXI procedentes de la colección de arte contemporáneo de la fundación creada por Francesca Thyssen, hija del barón. Tras meses de negociación entre ministerios, el museo y la familia Thyssen, este miércoles, Arcadi España, titular de Hacienda, ha anunciado que cede este edificio a la institución cultural con más de 10.000 metros cuadrados y que, además, Hacienda asumirá la rehabilitación con un presupuesto de 70 millones de euros, porque el espacio lleva cerrado desde 2007.
Una de las claves que han permitido cerrar la negociación ha sido la decisión de Francesca Thyssen de donar ―sin contraprestación económica, ni retorno privado de ningún tipo― 186 obras de su colección, valoradas en casi 16 millones de euros, que pasarán a la colección Thyssen-Bornemisza. Y, a la vez, ha garantizado un préstamo a largo plazo y sin contraprestación económica de 179 piezas, valoradas en 10 millones de euros. “Mi sueño no es solo traer nuestra colección a este nuevo museo, sino darle un lugar a la altura de lo que hemos construido en este tiempo”, ha dicho Francesca Thyssen. “Un edificio despierta de nuevo como una infraestructura accesible para la ciudadanía”, ha añadido.
“No podemos incorporar nuevas piezas de arte para nuestras colecciones, a menos que se trate de donaciones o préstamos de la familia Thyssen”, ha recordado Guillermo Solana, director artístico del Thyssen. Esta es la única manera en que el museo puede recibir obras, según marcan sus estatutos. Así, en la nueva sede del museo se expondrá también la colección de arte del siglo XXI de Borja Thyssen, hijo de Carmen Cervera y adoptado por el barón, y su mujer Blanca Cuesta.
El Palacio de Hielo, primera sede del CSIC en Madrid en 1939, se dividirá en dos espacios. Por un lado, se dedicarán más de 8.000 metros cuadrados a exposiciones originarias de las colecciones de los hijos del barón, además de contar con un jardín/patio de más de mil metros cuadrados. También, ha avanzado Solana, se trasladarán a este edificio otros departamentos como “el archivo, el almacén de obras, el taller de restauración, el centro de actividades…”. En la otra parte del edificio se desplegará un centro de memoria para el recuerdo a las víctimas del terrorismo que gestionará el Ministerio del Interior.
“Hace más de 30 años la familia Thyssen y el Gobierno de España hicieron posible que una de las grandes colecciones de arte del mundo pasara a estar disponible para el público”, ha recordado Ernest Urtasun, ministro de Cultura, el origen de este museo que se remonta a 1992. “Hoy este museo recibe más de un millón de visitantes, este palacio se ha quedado pequeño. Este anuncio es un paso de gigante para crear un museo más grande, más abierto. Donde hoy tenemos un edificio cerrado, queremos que mañana haya exposiciones, colegios haciendo talleres, investigadores trabajando, restauradores cuidando las obras, conciertos, conferencias y espacios abiertos al público; porque no queremos simplemente un museo más grande, queremos un museo más útil”.

La rehabilitación integral del edificio será financiada por el Ministerio de Hacienda, a través de la Dirección General del Patrimonio del Estado, mientras que el Ministerio de Cultura y el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza se harán cargo de la museografía, el equipamiento y la dotación del área. A lo largo de este año, explican desde Cultura, se definirá el programa y la convocatoria del concurso de proyectos de arquitectura para su rehabilitación; entre 2027 y 2028 se redactará el proyecto ganador; y a partir de 2029 se ejecutarán las obras. El coste total, sumando el proyecto arquitectónico y las obras se cifra en torno a 90 millones de euros.
A la espera de conocer cómo se estructurá este nuevo museo en el triángulo del arte de Madrid, sus responsables solo han remarcado que albergará arte del siglo XXI. Son esos creadores más contemporáneos, en muchos casos aún en activo, a los que Francesca Thyssen lleva dando respaldo desde 2002, cuando fundó en Viena la colección TBA21, que siempre ha tenido una oficina en Madrid. “TBA21 no es solo una colección. Después de dos años de existencia, tomamos una decisión poco habitual: preferíamos encargar una obra que aún no existía antes que adquirir una ya creada. Este es un compromiso completamente distinto con los artistas, y significa aceptar que el resultado puede no ser el que ninguno de los dos, el artista o quien encarga la obra, había imaginado”, ha definido la coleccionista su trabajo.
En 2019, Francesca Thyssen llegó a un acuerdo con el museo para exponer estas obras en las salas del museo dos veces al año. Aquel pacto, que tenía un plazo de cuatro años, se ha prorrogado desde entonces. Las piezas de esta colección han tenido un lugar fijo en el museo, en una de las plantas inferiores, pero con el paso de los años empezaron a ocupar las salas principales del museo conversando con las piezas de su padre, el barón Thyssen. En esos diálogos artísticos participan obras de Ai Weiwei, Marina Abramović, John Akomfrah, Monica Bonvicini, Candice Breitz, Janet Cardiff & George Bures Miller, Claudia Comte, Olafur Eliasson, Taloi Havini, Nikita Kadan, Pierre Huyghe, Rashid Johnson, Ernesto Neto y Bill Viola, entre otros. Artistas que ahora tendrán un espacio exclusivo en Madrid.










