Francisco Waldemar Reddy (22) se sentará este jueves en el banquillo del Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 de Dolores como único acusado de una masacre brutal y con la suerte echada, ya que le espera una ineludible condena a prisión perpetua.
Habrán transcurrido 986 días desde que, con un rifle calibre 22, marca Mahely, que le había pedido a su tío para «ir a cazar chanchos«, mató a su papá, Diego Reddy (44), a su madrastra, María Eugenia Suárez (47), y a su medio hermano, Ignacio Reddy (11), en un campo de Chascomús.
Esa carabina fue encontrada detrás del asiento de la camioneta Chevrolet S10, modelo 2008, que el joven le había comprado el día antes de los homicidios a un vecino de Ayacucho. El dermotest le dio positivo: había pólvora en sus manos y brazos.
Reddy era policía bonaerense, pero estaba de licencia y debía reintegrarse el mismo día del triple crimen, es decir el 29 de diciembre de 2023.
Detrás del horror, surgió un móvil económico: vendió al menos 20 vacas de cría Aberdeen Angus el 28 de diciembre, a mitad de precio (3.400.00 pesos) y en negro, a espaldas de su papá, quien trabajaba como puestero en la estancia Los Pinos, a 10 kilómetros de la ruta 2, sobre el camino Bajada Puerta del Diablo.
Los patrones de su padre se enteraron de la masacre mientras estaban de viaje por Egipto y tuvieron que adelantar su regreso.
Cómo fue la masacre de Chascomús
El viernes 29 de diciembre, entre las 18 y las 19.30, Francisco mató a Eugenia por la espalda, mientras ella cocinaba un pollo. Le puso el rifle a menos de 25 centímetros de la nuca y gatilló.
«Ella quizás nunca se enteró», sostuvo el fiscal que estuvo a cargo de la instrucción, Jonatan Robert, quien indagó dos veces al sospechoso pero éste nunca declaró.
El paso de la camioneta conducida por Francisco Reddy a las 19.43 del 29 de diciembre, en sentido hacia la ruta 2. Ya había cometido la masacre de Chascomús.La mujer tenía otros dos hijos (un varón y una mujer) de un matrimonio anterior.
Luego el policía fue hasta el galpón, donde estaba Ignacio. Primero le disparó en el abdomen y le destruyó el bazo y el riñón izquierdo. No conforme con eso, lo atacó brutalmente a golpes en la cabeza con un «elemento contuso y romo» que no apareció.
El nene, que perdió varios dientes y terminó con el rostro desfigurado, murió poco más tarde en el hospital San Vicente de Paul, en Chascomús.
El traslado de Francisco Reddy, autor de la masacre de Chascomús, a una comisaría de Avellaneda.Todo fue descubierto por el hombre que vivía también en la estancia y era el encargado del campo desde hacía tres años. Alrededor de las 20.30, su hijo y la novia fueron a visitarlo. Le llamó la atención que un tractor estuviera con el motor en marcha en el galpón. Cuando se acercó a ver, estaba el cuerpo agonizante de «Nacho».
El cadáver de Diego, al que en un primer momento creían sospechoso pese a que no tenía antecedentes de violencia, fue encontrado el 31 de diciembre, entre unos pastizales, a unos 200 metros de la casa. Sospechan que su hijo lo mató en medio del campo porque intentaba escapar o esconderse. Estaba haciendo medio lechón al asador.
El hombre tenía una herida defensiva en el antebrazo izquierdo, producto de un balazo que terminó impactando en el pecho y se alojó en la axila derecha. Un segundo proyectil, el cual fue disparado en la nuca, le voló la cabeza. Lo encontraron tirado boca abajo.
El rifle Mahely, calibre 22, que encontraron detrás del asiento de la camioneta de Francisco Reddy, acusado de la masacre de Chascomús.El acusado era un experto jinete con los caballos y solía ir a las domas. En Dolores se lo vio retratado en la Prueba de Riendas y también en la Fiesta de la Guitarra.
Tras los crímenes, mientras todavía buscaban a Diego, el joven inventó que lo llamaron para exigirle siete millones de pesos por el secuestro extorsivo de su papá. Una comunicación que, tal como se comprobó, jamás existió.
El juicio en Dolores
El tribunal que juzgará a Reddy es el mismo que condenó a los rugbiers por el crimen de Fernando Báez Sosa (18) en Villa Gesell: cinco recibieron prisión perpetua y otros tres, 15 años.
Lo integran Christian Ariel Rabaia, María Claudia Castro y Juan Paulo Gardinetti (el único que varía respecto del otro caso, ya que entonces participó Emiliano Javier Lázzari).
Francisco Reddy, acusado de la masacre de Chascomús, durante una prueba de riendas en Dolores, en marzo de 2020. Foto María BarragánTambién estará el mismo fiscal de juicio, Juan Manuel Dávila.
El debate empezará a las 10 de este jueves 10 de septiembre. La idea es que el acusado sea trasladado desde el penal de Batán, dependiente del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB). Allí pasa sus días en el pabellón donde hay otros detenidos vinculados a las fuerzas de seguridad.
Reddy tiene defensor oficial: Diego Marcelo González.
El fiscal Juan Manuel Dávila.Está previsto que se realicen dos audiencias (jueves y viernes), con peritos y testigos, entre ellos familiares de las tres personas asesinadas.
Los cargos varían respecto de cada caso: «homicidio calificado por el vínculo» respecto de su padre, Diego Reddy; «homicidio agravado por alevosía» en relación con su madrastra, María Eugenia Suárez, y «homicidio simple» por su medio hermano, Ignacio Reddy.
Los tribunales de Dolores, donde se llevó a cabo el juicio por el crimen de Fernando Báez Sosa.El comunicado de su familia
Consultados por Clarín, los familiares de las víctimas enviaron un comunicado.
- Como familia, sentimos la necesidad de hacer públicas unas palabras frente a la situación que estamos atravesando.
- Desde el momento en que perdimos a nuestro seres queridos, nuestras vidas cambiaron para siempre. No existen palabras suficientes para describir el dolor, la impotencia y la tristeza que sentimos ante una pérdida tan injusta y dolorosa.
- No buscamos interferir de ninguna manera en el trabajo de la Justicia. Confiamos en que el proceso judicial seguirá su curso y que se determinarán las responsabilidades que correspondan. Nuestro único pedido es justicia, verdad y respeto por las víctimas y por quienes quedamos atravesando este enorme dolor.
- Queremos que se recuerden a nuestros seres queridos por quienes fueron, por su vida, por su familia y por todo lo que significan a quienes tuvimos la suerte de compartirla. No queremos que sus nombres queden reducidos solamente al hecho que terminó con este aberrante hecho. Como familia, necesitamos que se escuche nuestro dolor, pero también nuestra esperanza de que la Justicia esté a la altura de la gravedad de lo sucedido.
- Pedimos respeto por nuestra familia y, fundamentalmente, por la memoria de quienes ya no están.
Según pudo saber este diario, no tienen ningún interés en hablar con el acusado, al que solo visitan en prisión su madre, una tía y su abuela materna, que nunca se contactaron con ellos ni les dieron el pésame.
Este jueves volverán a verle la cara después de una masacre que todavía nadie se explica.









