El PSG, un conjunto exquisito y diferente desde el primer zapatazo que decide mandar fuera del campo cerca del área rival tras el pitido inicial, es un rival trabajado al milímetro y muy taimado. Un ejecutor frío y preciso que te baila con el balón y te castiga cada error de manera cruel, como descubrió el Villarreal (0-6). No hay respiro ante el admirado equipo de Luis Enrique, invicto en la Champions desde el 20 de enero, cuando cayó en el campo del Sporting de Portugal (2-1). Después vinieron 14 partidos sin lloros y 10 victorias, muchas de ellas tan contundentes como esta en La Cerámica.
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Péter Gulácsi, Alex Freeman (Pau Navarro, min. 78), Carlos Romero (Tani Oluwaseyi, min. 62), Santiago Mouriño, Renato Veiga, Nicolas Pepe (Sergi Cardona, min. 45), Santi Comesaña (Alberto Moleiro, min. 62), Pape Gueye, Tajon Buchanan, Carlos Maciá y Ayoze Pérez (Georges Mikautadze, min. 62)
6

Matvey Safonov, Lucas Hernández, Achraf Hakimi (David Boly, min. 73), Willian Pacho, Illia Zabarnyi, Fabián Ruiz, Vitinha (Beraldo, min. 73), João Neves, Senny Mayulu (Mika Godts, min. 59), Désiré Doué (Quentin Ndjantou, min. 73) y Maghnes Akliouche (Ferran Torres, min. 59)
Goles 0-1 min. 8: João Neves. 0-2 min. 11: Désiré Doué. 0-3 min. 12: Senny Mayulu. 0-4 min. 16: Fabián. 0-5 min. 49: Fabián. 0-6 min. 77: David Boly
Arbitro Felix Zwayer
Tarjetas amarillas Comesaña (min. 44), Santiago Mouriño (min. 49), Sergi Cardona (min. 65), Quentin Ndjantou (min. 73), Moleiro (min. 77)
Ocho minutos aguantó en pie el Villarreal, que había entrado al campo con apetito y una propuesta, justo hasta que Joao Neves se encontró un balón muerto en el área, después de un saque de esquina, que empujó a la red. En tres minutos recibió la segunda puñalada tras un pésimo despeje con el pie de Gulácsi. Y en dos más, la puntilla. El Villarreal caía redondo y no había transcurrido ni un cuarto de hora. El PSG aprovechó los errores, con el tercero metió el 0-4, para, con orden, siempre mucho orden, un motor tan fino como el mecanismo de un reloj, tirar un par de paredes hasta encontrar a un rematador liberado.
El PSG castigaba cada error del Villarreal, alguno muy burdo, que no sabía qué hacer con un partido imposible al que aún le quedaban 70 minutos. Una tortura. El conjunto parisino era superior técnica, táctica y físicamente. El Submarino Amarillo no podía hacer nada ante un contrincante que es una obra de arte y que, agitado por el diabólico Vitinha, no para de moverse, siempre con sentido, en busca de superioridades con las que someter al que se ponga enfrente.
La torpeza del Villarreal, un competidor intimidado al que se le escurría el balón de los pies, amplificaba ese perfil dominante de un equipo que cabalga hacia su tercera Champions, un reto colosal. El once de Iñigo Pérez no reaccionaba. Qué puede hacer una pandilla que ha sido vapuleada por un grupo de jóvenes que ni siquiera se han despeinado y que no añoró ni un minuto a dos fenómenos como Kvaratskhelia y Dembélé, lesionados. La afición despidió a su equipo con pitos al descanso.

El Villarreal, la hinchada obliga, intentó, al menos, ser más agresivo en la segunda mitad. Una cuestión de honor. Otra vez tenía un plan, aunque ya no sirviera para mucho, pero en cinco minutos Fabián Ruiz lo hizo trizas con el quinto de una noche dolorosamente oscura para los anfitriones. No aparecen equipos en la Champions que le pillen el truco a Luis Enrique, que gobierna un equipo invicto, deslumbrante y goleador (20 tantos en cuatro jornadas). Una obra de arte que todos estudian y ninguno logra desentrañar o, al menos, convertir en una buena copia. Esta vez le tocó sufrirlo al Villarreal que cuando se acabó el partido y levantó la vista, apenas quedaban unos pocos miles de aficionados en las gradas.









