Pep Guardiola y Kaldoon al-Mubarak, el mito y el presidente, asistieron desde el palco del Etihad al partido más grande que se puede ver en estos días de otoño. El Manchester City – Paris Saint-Germain, el líder de la liga más rica del mundo contra el doble campeón vigente de la Champions, dos plantillas orladas por la opulencia y los títulos se confrontaron con un fútbol ofensivo que hace escuela. No decepcionaron. El choque produjo alguno de los momentos más brillantes de la temporada que se inicia. Al cabo de una interminable sucesión de acciones estrepitosas y bellas, el intercambio no dejó lugar a dudas: el PSG representa una excelencia que nadie, de momento, ha podido igualar. Va lanzado hacia el triplete.
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Gianluigi Donnarumma, Rúben Dias (Matheus Nunes, min. 45), Marc Guéhi, Abdukodir Khusanov, Josko Gvardiol, Elliot Anderson, Jérémy Doku (Iliman Ndiaye, min. 45), Antoine Semenyo, Enzo Fernández (Nico O’Reilly, min. 89), Rayan Cherki (Ayyoub Bouaddi, min. 45) y Erling Haaland
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Matvey Safonov, Marquinhos, Nuno Mendes, Willian Pacho, Achraf Hakimi, Fabián Ruiz (Lucas Hernández, min. 83), Vitinha, Warren Zaïre-Emery (Beraldo, min. 83), Désiré Doué (Khvicha Kvaratskhelia, min. 65), Maghnes Akliouche (João Neves, min. 75) y Ousmane Dembélé (Ferran Torres, min. 75)
Goles 0-1 min. 12: Désiré Doué. 0-2 min. 14: Ousmane Dembélé. 0-3 min. 31: Vitor Ferreira. 1-3 min. 52: Erling Braut Haaland. 1-4 min. 61: Maghnes Akliouche. 2-4 min. 74: Erling Braut Haaland
Arbitro Sven Jablonski
Tarjetas amarillas Antoine Semenyo (min. 60), Warren Zaïre-Emery (min. 68)
Enzo Maresca llegó convencido al partido con más kilovatios de la segunda jornada de la Champions. El sucesor de Guardiola en el banquillo del Manchester City venía de celebrar un 0-3 en Anfield, culminación de un inicio de temporada de ocho marcadores unánimes: todo victorias. El sello de Maresca consiste en ralentizar el ritmo de circulación para atraer al rival a emboscadas que sus jugadores resuelven gracias a la calidad individual. La directiva del club inglés acompañó la euforia del técnico con un argumento difícil de rebatir. Están seguros de disponer de la plantilla más completa de toda su historia. En la nómina hay uno de los mejores tres jugadores del planeta en cada una de las 11 posiciones.
El City entró al partido seguro y desprevenido. El ritmo que hasta ahora le sirvió para ir sumando puntos de tres en tres, le resultó insuficiente para ahogar a un rival que acumula expertos en el arte de salir de los atolladeros. En el mediocampo de los visitantes se fraguó una colección de abanicos y triangulaciones. Vitinha, Zaïre-Emery y Fabián nunca estuvieron ni solos ni estáticos. El eje de la jugada cambiaba constantemente, y con ellos aumentaban las dudas de sus marcadores. Metidos en el carrusel, multiplicaron los pases gracias a los apoyos de Dembélé y del joven Akliouche, lo mismo que de Mendes y Hakimi desde ambos laterales. Cuando no tuvieron la pelota se convirtieron en una pesadilla para la oposición. Cuando la tuvieron la movieron tan rápido y de manera tan impredecible que aquellos que acudieron a presionarlos abandonaron toda esperanza.
Enzo y Anderson debieron sentirse muy solos frente a la resignación de Haaland, Cherki y Semenyo. Pasados los diez minutos, Fabián se asoció con Vitinha y Hakimi para salir jugando desde su área. Cuando pisó el mediocampo y vio el horizonte despejado, el mediocampista español asistió con el exterior a Doué, que se fue disparado hacia el área de Donnarumma, arrastró a la defensa en un repliegue desordenado, frenó y armó el disparo desde el borde del área. La biomecánica del golpeo de Doué es motivo de estudio. Con razón. El balón recorrió 30 metros sin perder velocidad ni precisión.
El 0-1 provocó un estrago tan agudo en la mente de los jugadores del City que a los dos minutos vieron otra vez la misma escena. Vencido en su mediocampo contra un adversario que se multiplicaba, con Cherki en plan espectador, el City acabó replegándose precipitado. Dembélé fue el artífice del segundo gol de su equipo, desde la raíz de la jugada hasta su culminación. El último Balón de Oro amenazó a Guehi con la pelota pegada en el pie, desestabilizó a toda la zaga y saliéndose del guion habilitó a Doué en el otro vértice del área. Cuando la defensa se volvió hacia el autor del 0-1 le dio la espalda a Dembélé, que atacó el segundo palo para conectar el pase bombeado de Doué. El gol enmudeció al Etihad ante la evidencia de una superioridad abrumadora.
El 0-3 de Vitinha coronó una exhibición de todas las cosas que han hecho del PSG el verdugo de la Premier en las últimas temporadas. Ni el Arsenal, ni el Liverpool, ni el Aston Vila ni el Chelsea. Mucho menos el City. Ningún equipo inglés lo resistió. Ninguna presión resistió la velocidad a la que se pasan la pelota los futbolistas que dirige Luis Enrique. Si no pudieron con ellos Rice, Odegaard, y Zubimendi, ver a Cherki en actitud contemplativa resultó chocante mientras sus compañeros se encerraban en su área en busca de respuestas. Hakimi envió al palo el balón que pudo ser el 0-4. Del otro lado, solo Doku exigió una parada de Safonov.
Maresca, satisfecho
El espectáculo alarmó a Maresca, que no se demoró en los cambios. A la salida del descanso entraron Bouaddi, Nunes y Ndiaye para sustituir a Cherki, Doku y Dias. El técnico agitó al equipo y el City dio un paso al frente, primero por empuje y después porque a fuerza de acelerar las transiciones el PSG comenzó a dar síntomas de fatiga y prefirió ponerse a cubierto. Con tres goles de ventaja, no tuvo prisa. Enzo y Anderson se hicieron con el dominio territorial y Haaland aprovechó el único resquicio que le concedió el bloque de granito que formaron Marquinhos y Pacho. El noruego estiró el cuello por encima de Pacho y desvió el balón al palo que descubría Safonov. Fue un gol soberbio.
El 1-4 de Akliouche, que recibió en la zona más poblada de la defensa del City y rodeó a Bouaddi antes de ajustar el tiro lejos de Donnarumma, cerró el partido con una lápida. Tuvo mucho mérito la rebelión sin esperanzas que encabezaron Haaland y Semenyo. Sin dejarse persuadir por el marcador, los jugadores del City reanudaron la ofensiva en un ejercicio de amor propio que les llevó, si no al gol, a la reivindicación de sus posibilidades. En la espuma de la ola, Enzo envió un tiro a la cruceta y Haaland estrelló otro balón en el palo antes de anotar su segundo tanto de la noche después de una ingeniosa triangulación de Enzo con Bouaddi.
El City limpió el borrón de la primera mitad con un despliegue escenográfico asombroso. Una demostración de poderío tan eficaz para animar al pueblo como vacía de sustancia, porque había perdido el partido hacía rato. El penalti fallado de Ferran Torres recordó que en el Etihad hubo un ganador indudable.
El doble campeón de Europa va decidido hacia el triplete pero Enzo Maresca salió del partido aparentemente satisfecho. “Conceder dos goles en dos minutos nos hizo daño porque hasta el 0-1 no habíamos concedido nada”, dijo. “Ese 0-2 nos cambió la cara y en la segunda parte me sentí muy orgulloso porque merecimos algo más”.









