Una guitarra de madera gastada es algo más que un instrumento para Atilio, músico salvadoreño exiliado en México. Esa guitarra perteneció a su tío Benjamín, asesinado por militares en 1981, durante la guerra civil que desangró al país centroamericano. Atilio la carga en este desarraigo que lo convierte también en migrante, en un país de tránsito para millones de personas que huyen de dictaduras, de la violencia o de la miseria. Con la guitarra ha viajado una bandana que guardó su abuela, locutora de Radio Venceremos —la emisora clandestina fundada tras el asesinato de Monseñor Romero— y el dolor por dejar a su padre enfermo, guerrillero y firmante de los Acuerdos de Paz que llevaron la tranquilidad a El Salvador. Atilio, compositor de 37 años, es el último eslabón de una estirpe que ha aprendido a sobrevivir a los autoritarismos convirtiendo el dolor en resistencia.











