El Tribunal Supremo de Brasil ha celebrado este martes una sesión que será recordada por los insultos e invectivas que se han cruzado sus señorías. La vista ha quedado aplazada sin que los magistrados entraran siquiera en el espinoso asunto de analizar las sospechas de corrupción contra uno de ellos y decidir si abren una investigación contra él. La sesión ha sido suspendida sin fecha de reanudación tras más de seis horas de debate televisado en directo durante el cual Moraes ha rechazado las acusaciones y se ha presentado como una víctima, sin explicar su relación con el banquero acusado del mayor fraude de la historia brasileña. El caso Master que le salpica, entre otros jueces y político, es una enrevesada trama en la que también es investigado el candidato presidencial derechista Flávio Bolsonaro.
La expectación era máxima porque la corte nunca en sus 135 años de historia ha investigado a uno de los suyos y porque Brasil celebra en menos de tres semanas unas elecciones bien disputadas. La suspensión, que en teoría puede durar hasta 90 días, ha sido solicitada por un aliado de Moraes con el argumento de que necesita más tiempo para estudiar el asunto. Buena parte de la discusión ha girado en torno a cuestiones de procedimiento.
El cisma que divide a la máxima corte ha quedado expuesto en público con toda crudeza. El juez Moraes, que lidera el bando mayoritario del Supremo, se ha enzarzado en un agrio intercambio con su colega André Mendonça, al que acusa de persecución por solicitar a la policía un “informe ilegal e inconstitucional”. Moraes ha proclamado que tiene testigos de que Mendonça, al frente del bando rival, lo incluyó en la investigación del Banco Master por motivos espurios. “¡Mentira!, puede llamar a quien quiera. Van a mentir», le ha respondido Mendonça. La jueza Carmen Lucia Antunes, la única mujer entre los diez miembros actuales, se ha declarado “avergonzada” por esta crisis que sacude a un tribunal ya desgastado y a las puertas de unos comicios.
Todo el que ha querido ha podido seguir en directo el espectáculo porque el Supremo de Brasil, uno de los tribunales más transparentes del mundo, retransmite sus sesiones en YouTube.
Uno de los jueces, Kassio Nunes, ha quedado excluido de participar en la vista a petición propia con el argumento de que preside el Tribunal Superior Electoral. Esta misma mañana la prensa ha publicado que uno de sus hijos estaba a sueldo del banquero preso, cosa que su padre ha negado. El fiscal general del Estado también ha minimizado su contacto con el cerebro del caso criminal. Esas sospechas dan idea de la magnitud del escándalo.
El informe policial en cuestión documenta más de 50 mensajes que el banquero Vorcaro envió, según la policía, al juez Moraes para preguntarle por las investigaciones y solicitarle que interviniera para frenarlas. El magistrado Moraes ha roto su silencio para defender que los mensajes del banquero, ahora encarcelado, “son fantasía”. Sostiene el polémico juez que es víctima de una persecución y que las acusaciones son “una venganza por parte de los aliados de quienes intentaron acabar con la democracia y el Estado de derecho y fueron condenados por el Tribunal Supremo Federal”, en referencia al expresidente Bolsonaro y sus cómplices en la trama para mantenerse en el poder tras perder las elecciones.
La reputación del juez Moraes estaba en entredicho desde que en mayo se supo, gracias a una exclusiva periodística, que su esposa, abogada, tenía un contrato de 24 millones de dólares con el banco Master por servicios de consultoría.
Los presentes han dejado clara la gravedad del momento. De mañana, los editoriales de los grandes diarios coincidían en instar a sus señorías evitar enzarzarse en tecnicismos y maniobras dilatorias y autorizar la investigación al magistrado Moraes. Le ampara la presunción de inocencia, insisten, pero debe dar explicaciones si no quiere agravar la creciente desconfianza ciudadana en el tribunal, intérprete último de la Constitución brasileña.
El caso Master tiene infinidad de tentáculos. La investigación policial indica que el banquero logró crear una amplia red de contactos entre los más poderosos para defender su negocio fraudulento y evitar la cárcel. Buena parte del quién es quién de Brasilia participó en las lujosas fiestas que organizaba Vorcaro. Recuerda al caso Lava Jato, que sacudió los pilares del poder y envió a decenas de poderosos a la cárcel antes de ser anulado por la justicia.
Mientras los analistas especulan sobre las sendas que puede tomar la crisis del Supremo y el caso Master en general, es una incógnita qué consecuencias puede en el electorado que votará el 4 de octubre. El 85% de ellos afirma que pase lo que pase con el escándalo no cambiará su voto. El asunto es que las encuestas muestran una carrera tan ajustada que, salvo sorpresa, bastaría el voto de una pequeña parte de los electores para dar la victoria al presidente Luiz Inácio Lula da Silva o al senador Bolsonaro.









