Tres décadas antes de que la prensa especializara se deshiciera en elogios cada vez que Zoë Kravitz y Harry Styles hacen acto de presencia, era el padre de la actriz, Lenny Kravitz, y su pareja de entonces, la también cantante y actriz Vanessa Paradis, quienes copaban los titulares por las mismas razones. Su capacidad para coordinar estilismos sin pretenderlo, su forma de representar lo cool sin buscarlo y una relación tan discreta que convertía cada una aparición conjunta en todo un acontecimiento hicieron de ellos una de las parejas más enigmáticas de la década de los años noventa. Ahora que la única hija del músico se ha comprometido con el cantante de Watermelon Sugar y que cada foto juntos es digna de autopsia estilística, resulta pertinente acercarse un poco más a la intimidad de una pareja relativamente fugaz —estuvieron juntos cinco años, desde 1992 a 1997— que, sin embargo, merece la pena recordar por motivos obvios: ambos eran famosos, guapos y ricos, pero su historia no logró sobrevivir a las exigencias de dos trayectorias, vitales y profesionales, que avanzaban a toda velocidad.
“Estaba loco de amor por ella. Vanessa era la mujer perfecta, pero llegó en el momento equivocado”, confesaba Kravitz a la revista Paris Match durante una entrevista en 2009. Según contó, fue él quien se la presentó a Johnny Depp, con quien Vanessa mantuvo una relación sentimental mucho más mediática, recordada y determinante: estuvieron juntos 14 años y tienen dos hijos en común, la modelo y actriz Lily Rose y su hermano Jack. “No la he vuelto a ver. No vino a mis conciertos, no volvimos a tener contacto. Solo puedo desearle que sea feliz. Pero no estoy preocupado. Sé que algún día nos encontraremos. Y entonces hablaremos de todo esto”, añadió entonces el músico, considerado uno de los hombres más sexys del mundo.
La relación entre Kravitz y Paradis comenzó por razones profesionales. La cantante, modelo y actriz francesa admiraba su talento como productor musical y se puso en contacto con él para colaborar juntos en su tercer álbum de estudio y el primero en inglés. Era 1991 y Paradis acababa de romper con su novio, el cantautor Florent Pagny. Aquel verano ambos se reunieron en París para hablar de los detalles del proyecto y un año después se dejaron ver juntos asistiendo a un partido de tenis durante el torneo Roland Garros. Era su primera aparición pública fuera de un contexto laboral y no defraudaron: ella lucía una blusa amplia, blanca y despreocupada combinada con pantalón negro y él, unos estrechísimos vaqueros y un top de crochet sin nada debajo. El remate lo pusieron unas gafas de sol minúsculas y redondas a juego. Había nacido una de las parejas más estilosas de todos los tiempos. Paradis tenía 19 años y Kravitz, 27.
En septiembre de aquel año, 1992, el disco homónimo de Vanesa Paradis vio la luz y entre las canciones destacaba el dúo que unió sus voces para siempre: Silver and gold. A pesar de que durante la promoción Kravitz elogió la genialidad de su novia –“Es una joven muy intensa. Tiene muchísimo talento”, aseguró–, fueron una pareja muy discreta y sus apariciones juntos en el lustro que les duró el amor pueden contarse con los dedos de una mano. Pasaron dos años, de hecho, hasta que fueron inmortalizados en el desfile de Vivienne Westwood durante la semana de la moda de París y aquella misma fashion week volvieron a dejarse caer en otras dos grandes citas: Jean Paul Gaultier y Chanel. El destilo afrancesado y chic de ella casaba a la perfección con el espíritu rockero y bohemio de él: collares de cuentas con aire de mercadillo costero, gafas de sol en interior y mezcla de estampados eran, gracias a ellos, el epítome de lo cool.

Para desgracia de quienes cayeron rendidos ante el talento y el estilazo de dos de los grandes nombres de los años noventa, su relación se rompería en 1997. Los motivos nunca trascendieron continuando con el misterio y la discreción que envolvió su relación desde el comienzo. Tampoco parece que ningún escándalo fuera el causante de un adiós que más bien se atribuye, como dijo el propio cantante, a que no se conocieron “en el momento adecuado”. En aquel entonces, él acababa de separarse de Lisa Bonet y, de hecho, su divorcio se hizo oficial en 1993, cuando ya salía con la francesa. Quizá la ruptura reciente sumada a la incompatibilidad de agendas y todas esas razones que se enumeran cuando una pareja de famosos enamorados se dice adiós fueron las causantes del fin de una historia que transcurrió como había empezado: sin ruido mediático. El artista incluso la felicitó por su 48 cumpleaños en 2020 dejando claro que guarda un buen recuerdo de aquella relación. “Feliz cumpleaños a la única e inigualable Vanessa Paradis”, escribió Kravitz en su cuenta de Instagram acompañando una imagen en la que ambos salen abrazados y que fue disparada por el fotógrafo de moda Jean Baptiste Mondino. Imágenes como esa –incluso una en la que la pareja posa con la pequeña Zoë, la única hija del cantante– se comparten de cuando en cuando en cuentas de Instagram dedicadas a rememorar la nostalgia de aquellos años resucitando así el interés por una de las parejas más discretas y olvidadas de los 90.
Después de la ruptura, Paradis comenzó la citada relación con Johnny Depp y Kravitz siguió encadenando una lista de conquistas amorosas tanto o más mediáticas. Sirvan como ejemplos su relación con Adriana Lima (2001-2003) o la que mantuvo con Nicole Kidman, con la que llegó a comprometerse en secreto a pesar de que solo estuvieron juntos de 2003 a 2004. En los años siguientes, el cantante y compositor ha confesado que ha mantenido un estilo de vida célibe marcado por largos periodos de abstinencia sexual por razones espirituales. Por su parte, Vanessa Paradis mantuvo una relación de un año con el cantante y productor francés Benjamin Biolay tras su separación de Depp y está casada desde 2018 con el director y escritor Samuel Benchetrit.










