Agarrar River después de Gallardo no es para cualquiera. Agarrar River después de que se fue la estatua y de que, encima, el equipo lleva dos años sin un título, es solo para alguien con coraje. Y por eso, Eduardo Coudet, aunque aún tiene que coronar para ganarse el bronce millonario, ya ha dejado en claro que le sobran personalidad y conceptos tácticos para sentarse en el banco de suplentes de un club tan, tan exigente (el hincha pretende, por paladar histórico, no solo ganar).
De Vietnam a la final en apenas tres semanas. Coudet, que en varios momentos desde que llegó no tuvo las frases o los gestos más felices, encontró en este sprint final (con Gimnasia y, sobre todo, este sábado con Central) un River que lo identifica.
Un equipo intenso, que busca llevarse puesto al rival y que, como tiene calidades (sobre todo en los titulares), cuando consigue dominar el partido, muestra superioridad.
El duelo táctico ante el equipo de Almirón lo ganó claramente el Chacho. River no dudó: lo agarró del cuello al Canalla y lo dominó de punta a punta, más allá de esa dosis de fortuna y de tener un arquero ganapartidos como el pibe Beltrán. Es verdad que si el centro de Juanfer con San Lorenzo no se metía, seguramente el ciclo de Coudet dejaría muchas dudas.
Pero al repasar estos 65 días desde que debutó ante Huracán, hay que marcar una evolución más anímica que futbolística. Porque agarró un plantel que estaba golpeado psicológicamente, y con pequeñas-grandes decisiones sacó adelante un semestre que parecía totalmente perdido.
Es uno de los dos equipos, de los 30 del Apertura, que estará en la final del Kempes. No es el River de los fantásticos, está claro, e s un equipo más obrero que,con varios chicos, se supo sobreponer a mil problemas. Y pasó del “que se vayan todos” a soñar con dar una vuelta olímpica después de 802 días.













