El Gobierno de Keiko Fujimori esperó hasta la noche del viernes, cuando cumplía un mes en Palacio, para presentar al Congreso su pedido de facultades legislativas. La solicitud plantea que el Ejecutivo pueda legislar durante 120 días por decreto —sin el aval parlamentaro—y contiene 66 materias que abarcan desde seguridad ciudadana hasta asuntos laborales, tributarios, ambientales y financieros. El documento llega después de que, al inicio del mandato, se filtrara un primer borrador que despertó críticas por la amplitud de las materias que el Gobierno pretendía asumir. Ahora el Congreso deberá examinar una delegación cuyo trámite podría prolongarse alrededor de un mes.
La seguridad ocupa el lugar más visible del paquete. El Ejecutivo quiere declarar “organización terrorista” a las bandas criminales, ampliar la participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interna y en los penales, y establecer una presunción de legítima defensa a favor de quien actúe para repeler una agresión. También pretende devolver capacidad operativa a la Dirección Nacional de Inteligencia, una institución que fue declarada en reorganización en 2015 después de denuncias de espionaje a políticos. La solicitud, sin embargo, va bastante más allá. Incluye medidas para eliminar barreras burocráticas, modificar la normativa ambiental y eliminar los topes a las tasas de interés, una medida que permitiría a los bancos elevarlas en los créditos formales.
El pedido llega en un momento particularmente delicado para Fujimori. Durante la campaña presidencial prometió que los primeros cambios serían visibles en 15 días, pero un mes después su Gobierno ha empezado a moderar las expectativas. “Auguramos que a partir del próximo año, porque hoy hemos recibido el país con cifras estadísticas terribles, pero a partir del próximo año vamos a ir viendo mejorías”, sostuvo hace poco. Es más, reconoció el desgaste acumulado durante sus primeras semanas en el poder. “Efectivamente, hoy [por el viernes 28 de agosto] cumplimos un mes que parece un año. Han sido días muy intensos”, dijo.
El país que Fujimori describe como difícil de gobernar acumula varios frentes abiertos. La pobreza monetaria alcanza al 25,7% de la población, más del 40% de los peruanos enfrenta inseguridad alimentaria y el sistema de salud atraviesa problemas estructurales. Pero ninguna de esas urgencias concentra tanta atención como la inseguridad ciudadana. Fue, además, uno de los principales ejes de la campaña presidencial de Fujimori y una de las áreas en las que prometió decisiones rápidas. La delegación de facultades que permite al gobierno legislar sin la aprobación del Congreso aparece ahora como la principal herramienta con la que el Ejecutivo pretende demostrar capacidad de acción frente a una violencia que, lejos de disminuir, continúa produciendo episodios cada vez más graves.
El Gobierno acaba de declarar a Lima y Callao en estado de emergencia por los próximos 60 días. La Policía Nacional mantiene el control del orden interno, aunque con apoyo de las Fuerzas Armadas. No se trata de una fórmula nueva. Desde febrero de 2022, Lima y Callao han estado 23 veces en estados de emergencia —incluidas las prórrogas— relacionados con la criminalidad, sin que esas declaratorias hayan conseguido resultados sostenidos. El mismo viernes, mientras el Ejecutivo presentaba su pedido al Congreso, Betsy Mallma Sarmiento, una dirigente vecinal en San Juan de Miraflores, fue asesinada a balazos por sicarios frente a sus hijas. La mujer cubrió con su cuerpo a su bebé de apenas un mes.
El episodio que terminó por elevar la presión sobre el Gobierno ocurrió en la madrugada del domingo, en Trujillo. Un grupo de delincuentes vestidos con uniformes de la Policía simuló una intervención para secuestrar al empresario minero Jens Marty Lara Tantaquilla. Sus cuatro acompañantes —su novia, una amiga y dos agentes de seguridad— fueron asesinados con armas provistas de silenciador. La Policía investiga si detrás del ataque se encuentra la banda Los Pulpos. La magnitud del crimen llevó a Fujimori a convocar un Consejo de Ministros extraordinario y a suspender sus acostumbradas transmisiones en TikTok. El Ejecutivo vinculó además el caso con su pedido al Congreso e insistió en que la delegación de facultades debe acelerarse.
El primer ministro, Luis Galarreta, fue explícito. “Es urgente la delegación de facultades en seguridad ciudadana. Que nuestro servicio de inteligencia pueda tener operaciones es sumamente importante para detectar a tiempo estas bandas criminales y frenar la violencia”, afirmó. El ministro de Defensa, Rafael Belaunde, viajó a Trujillo y defendió también una mayor participación militar. “Lo que necesitamos es poder utilizar inteligencia militar y grupos de operaciones especiales de las Fuerzas Armadas para actuar quirúrgicamente contra estos delincuentes”, señaló. Según el Gobierno, la Policía y el Ejército realizan labores de rastrillaje y han establecido cercos en las zonas donde se presume que podrían encontrarse los responsables o sus cómplices.
Trujillo convive desde hace dos décadas con el sicariato y las mafias de cobro de cupos, mientras Pataz —de donde era natural Lara Tantaquilla— se ha convertido en uno de los principales focos de minería ilegal y violencia vinculada al control del oro. En 2020, una empresa vinculada a Lara Tantaquilla apareció en una investigación fiscal por la presunta utilización de permisos de formalización minera para transportar y legalizar oro de procedencia ilícita.
Para el Ejecutivo, la sucesión de crímenes es ahora el principal argumento para defender ante el Congreso una delegación que inicialmente había generado reparos. El ministro de Justicia, Ernesto Álvarez Miranda, ha insistido en esa prioridad: “El punto principal es la seguridad ciudadana, que es lo que más agobia a todos los peruanos (…) vamos a empezar el camino para tratar de destrabar lo que ha existido durante décadas: el problema del hacinamiento de los penales, el juntar reos primarios con reos muy avezados”. La semana, sin embargo, ha comenzado con una nueva señal de alarma: una granada fue dejada este lunes frente al Poder Judicial del Callao.










