Gerardo Ferreyra, el histórico vicepresidente de Electroingeniería y uno de los pocos empresarios que se negó a convertirse en arrepentido frente al fiscal Carlos Stornelli, reapareció luego de mucho tiempo de no conceder entrevistas. Ferreyra pasó un año y medio detenido después de rechazar el acuerdo que —según relata— le ofrecía recuperar la libertad a cambio de involucrar a Néstor y Cristina Kirchner.
Mientras varios empresarios hoy intentan despegarse de aquellas confesiones, Ferreyra vuelve a hablar y reconstruye desde adentro cómo funcionó la presión judicial, qué intereses económicos se movían detrás de la obra pública y por qué cree que la Causa Cuadernos empieza a desmoronarse. Entrevistado por Revista El Sur, este es un extracto de la extensa nota.
—¿Cuánto tiempo estuvo preso?
—Esta es la segunda causa ilegal que tengo en mi vida. Estuve preso desde la madrugada del primero de agosto del 2018 hasta junio del 2019, que me dieron la domiciliaria, que duró hasta octubre de ese año. Estuve un año en la cárcel y seis meses en prisión domiciliaria, en mi casa. Fue una ofensiva de Macri. Una razzia: algo así como 35 o 40 allanamientos simultáneos. Me llevaron primero a una cárcel de tránsito y después a Marcos Paz.
—¿Qué recuerda del allanamiento?
—El oficial que me fue a detener me dejó llamar a mis abogados y a mis hijos. Mis hijos estuvieron presentes toda la noche, a las cuatro y media de la mañana, y me iban informando online. Después de dos horas y media de allanamiento, no encontraron nada. “Nada” era dólares, obras de arte, vehículos de alta gama, documentación de socios ocultos. No encontraron nada. Entonces el oficial informa: nos estamos retirando. Y el secretario de Bonadio le da la orden por teléfono de que me detenga igual. El oficial me dice: “Hay mucha maldad en este procedimiento, pero tengo instrucciones de detener”. Y me llevó.
—Situémonos en la indagatoria, días más tarde. Sentado frente a Stornelli, ¿qué pasó en ese momento?
—Te la voy a contar con todo detalle. Stornelli levantó la incomunicación de una manera particular: me dejó saludar a toda la familia y charlar con ellos en su propio despacho. Me recibió con Mimí y con mi hijo Federico. Luego se fue y nos dejó solos para hablar unos minutos. Ya sabíamos lo que venía. Les dije que me iban a ofrecer que me arrepienta. Y mi hijo me dice: vos no te vas a arrepentir. No me voy a arrepentir. Bueno, iré a la cárcel. Y así fue la previa.
—¿Y cómo arrancó la conversación con Stornelli?
—Cuando entro, Stornelli me dice: “Mirá, Gerardo, tengo varias referencias tuyas, de amigos en común, muy buenas referencias. Así que tengo la obligación de decirte de entrada cuáles son las reglas de juego, tal como son”. Le pregunto cuáles eran esas reglas de juego. Me dice: “Si vos te arrepentís, te vas a ir con Mimí y Federico, que te están esperando en el pasillo. Y si no te arrepentís, lamentablemente vas a tener que ir a la cárcel”. ¿Pero de qué me tengo que arrepentir?, le digo. ¿De qué? Él me contesta: “De haber colaborado con los mugrientos”. Esta es la palabra que no me voy a olvidar más en mi vida. ¿Qué mugrientos? ¿A qué mugrientos te referís? “A los que estuvieron en la Casa Rosada”.
—¿Y qué le respondió?
—Que no, y en ese momento hice un manifiesto, adelante de él. Lo escribió la secretaria. Le dije: No me arrepiento porque son los que buscaron y juzgaron a los genocidas, porque echaron al Fondo Monetario Internacional, y un montón de otras cosas, que después mi hijo fotografió de mi declaración y lo volanteó. Yo milité por todo eso en los años 70, éstas eran nuestras banderas y no iba a arrepentirme de eso. Me salió así, espontáneamente. Y no me arrepiento.
—¿Cuál era la actitud de Stornelli?
—Era coloquial. No era como una postura de duro, sino más bien amable. Tal es así que yo no le di mucha importancia al hecho en el momento. A mí me acababan de sacar el chaleco, el casco, toda esa tortura psicológica, pero no le daba importancia porque me seguía considerando un sobreviviente más. Cuando le cuento esto al que era mi abogado (Eduardo) Barcesat, a las 72 horas, él me dice: “Eso es gravísimo Ferreyra. Esto constituye una extorsión. Es un delito”.
—Varios empresarios mintieron para no ir presos y ahora lo están reconociendo. ¿El tiempo le dio la razón, o el costo personal fue demasiado alto?
—Las dos cosas. El tiempo me dio la razón, y el precio sin dudas fue muy alto; pero no podía hacer otra cosa, no podía arrepentirme. No es una cuestión personal, yo tengo toda una historia: yo no soy kirchnerista, soy guevarista. Me formé en los 70. Entré a la universidad meses después que lo asesinaron al Che en Bolivia. ¿Cómo me voy a arrepentir de participar en gobiernos que buscaron a los genocidas, que echaron al Fondo Monetario Internacional? Hace cuarenta años que marcho con los familiares de desaparecidos. Por eso no me puedo quejar: no estoy desaparecido, no estoy muerto, no estoy loco, no estoy quebrado. Soy un sobreviviente. Por eso el costo que pagué, comparado con todo a lo que estábamos expuestos en los 70, fue ínfimo. Yo les decía a los otros presos en Marcos Paz que esto era un spa. Me querían matar. Porque cárceles eran las de los 70.
—En ese momento se habló mucho de que la avanzada contra el empresariado buscaba desplazarlos del negocio, dejar el espacio vacío para otros. ¿Cree que fue así?
—A ver…. La obra pública es siempre el blanco que elige el imperialismo para dominar la infraestructura de un país. Te voy a contar una anécdota para que veas lo claro que está. Irán. ¿Cómo se libera Irán, que hace 47 años está castigada, perseguida, demonizada? A través de la industria misilística que desarrolla el Estado. ¿Y con quién hizo ese desarrollo? Con la Argentina. Con la Argentina, 13 años en forma conjunta, entre 1980 y 1992. Con nuestras fuerzas armadas, con el Estado Argentino. ¿Para qué? Para hacer un programa misilístico. ¿Sabés cómo se llamaba? El Programa Cóndor. ¿Y sabés dónde se hacía? En Córdoba. En Falda del Cañete. Yo trabajé ahí, por eso lo conozco. En cavernas. Todo en cavernas, para que no lo viera el enemigo desde el aire. Ingeniería alemana, obra civil y electromecánica argentina, y una vez terminado el producto iba para Irán. ¿Y qué fue lo primero que le exigió Estados Unidos a Menem? La desactivación del Programa Cóndor. Lo desarmaron todo.
—O sea que el objetivo no era desplazar al empresario local sino liquidar la obra pública en sí.
—Exacto. Y lo que hace ahora Milei es descarado: paró toda la obra pública. Contra sus propios planes de estabilidad y gobernabilidad, paró el gasoducto Néstor Kirchner, que dio vuelta la balanza energética. De ocho mil millones de dólares negativos pasamos a tener cuatro mil positivos todos los años. Una sola obra de infraestructura. Y la paró igual. Lo mismo pasó con Atucha 2, que estaba parada quince años cuando llegó Néstor, parada desde Menem y Cavallo, desde el momento de las relaciones carnales de Argentina ante Estados Unidos. Primer acto de gobierno de Néstor: reactivarla. Tuvimos que crear una escuelita de capacitación porque los soldadores nucleares son una élite en el mundo y había que volver a formarlos. Así de costoso es cortar ese flujo. Y así de importante es sostenerlo. La industria nuclear, la misilística, la obra pública, son todas cuestiones que sólo los países que aspiran a la soberanía se dan el lujo de mantener. Ese camino lo hicimos juntos doce años, hasta que vino Menem. Y lo volvimos a hacer con Néstor y Cristina. Por eso me convocaron. Por eso me detuvieron. Y por eso no me arrepiento.
—En la cárcel le tocó convivir con algunos de los arrepentidos que ahora se arrepintieron de haberse arrepentido ¿Cómo fue la relación?
—Estuve diez días conviviendo con el más importante de los arrepentidos, que era el presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, Enrique Wagner. Lo iba a ver a la celda. Lo conocía, aunque no teníamos amistad. Cuando iba, yo ya sabía que él se quería arrepentir, y le decía: Enrique, no te arrepientas, por favor, por tu bien te lo digo. Me dice: Vos sos joven, Gerardo. Yo extraño a mis nietos, quiero levantarlos en brazos. Y le digo: ¿Sabés una cosa? A lo mejor, si te arrepentís, tus nietos no van a querer que vos los subas en brazos, porque vas a ser el buchón del barrio. Hoy esos tipos arrepentidos no pueden salir a la calle. Entraron en una crisis. Han conspirado contra ellos mismos.
—¿Roggio también?
—El mismo Roggio, que era un referente ético de la tercera generación de la familia, ya no puede dar la cara públicamente. Porque está pasando vergüenza. Él mismo hizo un acta ante escribano diciendo que mintió para salir en libertad. No es una opinión mía. Están los propios hechos. Ahora están presentándose como que tienen Alzheimer, como que sufren insanidad, como pasó con Pescarmona, para que los saquen de la causa. Ya no son los dirigentes que eran. Ahora son una piltrafa de persona. Mintieron para salvarse o para salvar a sus empresas, y ahora vino un gobierno que anula toda la obra pública.
—¿Cómo cree que va a terminar la Causa Cuadernos?
—Depende de la política, no de la justicia. Los jueces son los que tienen el olfato más fino, los que anticipan el devenir de la política. Yo noté que ya hay grietas en algunos tribunales; jueces que están comenzando a votar diferente. Están viendo la barbaridad que fue esta causa. Supongo que deben tener órdenes de la Corte, con una sentencia ya escrita, como lo de Vialidad contra Cristina. Pero esta causa se les complicó: los arrepentidos ya no pueden sostener su propio arrepentimiento, no declaran. No existe el derecho a la defensa. Y encima, Roggio dice que mintió «para preservar la empresa». Los hechos mandan.
—¿Dónde debería estar hoy Stornelli?
—Stornelli ya tiene un fallo en contra de una Cámara por haber formado una asociación ilícita con D’Alessio y Sáenz. El juez Ramos Padilla lo llamó cuatro veces a indagatoria y nunca se presentó. Hay pruebas abrumadoras: reuniones, pedidos de causas a medida. Esa causa que se la sacaron a Ramos Padilla y la trajeron a Comodoro Py, donde tiene protección política. Y el principal apoyo que tiene adentro es Sergio Massa. No te olvidés que Massa hizo su campaña presidencial prometiendo meter preso a los dirigentes de La Cámpora. Con esa bandera estuvo muy cerca de llegar. Bueno, él tiene su poder en Comodoro Py, y una parte de ese poder es Stornelli. Lo siguen protegiendo. También los protege la Embajada. Yo creo que Stornelli puede llegar a renunciar antes de que le hagan un jury, para preservar el sueldo. Está llegando un momento de poca fortuna para él.
Entrevista completa: https://revistaelsur.com.ar/nota/1294/El-lawfare-en-primera-persona









