La gran violencia (Tinta Limón), el nuevo libro del filósofo italiano Maurizio Lazzarato, tiene una primera parte conformada por artículos escritos entre 2024 y 2026 en torno a la cuestión de la guerra y una segunda parte de textos inéditos más extensos que procuran responder al interrogante de la imposibilidad de la revolución en el presente.
Se trata de un volumen que de alguna manera funciona como la continuación de la exploración que iniciara en 2016 con Guerras y capital junto a Éric Alliez, en el cual los autores se preguntan por las razones teóricas y políticas por las cuales no se ve ninguna revolución en el horizonte a pesar de que existan condiciones objetivas aparentemente favorables para la emergencia de un acontecimiento insurreccional del orden político y económico.
El diagnóstico y la posterior salida de esta encrucijada para Lazzarato residirá en un triple análisis sobre la cuestión del poder, la multiplicidad del proletariado y el saber estratégico-organizativo.
El punto de partida de La gran violencia se encuentra en la determinación crucial del rol del Estado en su doble forma, tanto como poder político-militar como poder económico, y a su vez en su carácter inseparable del capital.
Lazzarato se refiere a la “máquina Estado-Capital” como noción operativa para dar cuenta de que el Estado moderno nace de las guerras civiles; de modo que hay un vínculo irreductible entre Estado, capital y guerra, algo que resulta verificable desde la noción marxista de “acumulación originaria” como origen “oculto” del capitalismo: depredación, saqueo de materias primas, expropiación de riquezas, expulsión de trabajadores de las tierras comunales, colonización de América y esclavismo.
Lazzarato es explícito respecto de su tesis: “El Estado y su soberanía, el monopolio de la fuerza que se manifiesta plenamente en la guerra, así como su poder administrativo, deben integrarse en los conceptos marxianos de capital y producción”.
Pensamiento del 68
Desde su perspectiva teórica, el llamado “pensamiento del 68” habrá sido el gran responsable de debilitar e incluso de jugar a favor de la “pacificación” del capitalismo al separar la analítica del poder de la violencia y colocar como centro el problema de la subjetividad desde un punto de vista de resistencia ética que no modifica sustancialmente la correlación de fuerzas en el nivel macroeconómico.
Las filosofías de Foucault, Deleuze, Guattari, Derrida, Lyotard, Butler, pero también la Italian Theory (Negri, Agamben, Esposito), habrán abandonado toda lógica macropolítica y revolucionaria para centrarse en la problemática micropolítica y microfísica, dejando de lado la cuestión de la guerra, a fin de producir categorías vinculadas con la subjetividad como el cuidado de sí, la minoría, los afectos, la producción deseante, la diferencia o la performatividad.
Dice Lazzarato: “Los pensadores críticos son muy diferentes entre sí, pero coinciden en un principio: neutralizar los conceptos de guerra, guerra civil y revolución, negando al mismo tiempo el estrecho vínculo que une a esta última con los primeros”.
En definitiva, para Lazzarato, el gran déficit de la teoría crítica de la segunda mitad del siglo XX consistirá en su “desmarxistización” y en algunos casos, como el de Foucault, en su deliberada posición antimarxista para llegar a converger con posturas liberales en lo referente al análisis del neoliberalismo en el curso Nacimiento de la biopolítica de 1979 que, para Lazzarato, se centra en la “gobernanza” del ordoliberalismo alemán y la Escuela de Chicago pero sin considerar como elementos fundamentales la moneda, la deuda o la guerra como inherentes a los esquemas neoliberales.
Sobre este punto, el propio autor de todos modos considera que la analítica foucaultiana del liberalismo respondía a cierta consistencia respecto de su forma de pensar el poder a partir de 1977: “No es importante saber si Foucault tenía simpatías por el liberalismo, sino ser conscientes de que la concepción del funcionamiento de la economía basada en el mercado y la competencia -como dispositivo impersonal capaz de determinar precios, cortocircuitando toda concentración monopólica de poder- es coherente con su visión del poder”.
En efecto, lo que Lazzarato termina reconociendo es que, a pesar de que rechace la deriva liberal del pensamiento de Foucault a fines de los setenta, esta fue lógica con su exploración de la dinámica de un poder no coactivo, reversible e inserto en la noción de gubernamentalidad.
Más allá de la polémica con Foucault, Lazzarato considera que el neoliberalismo tal como lo conocimos ha muerto y en la actualidad asistimos a una nueva forma de fascismo dentro del cual coloca al gobierno de Milei.
Afirma: “Hay que tomar muy en serio este fenómeno argentino / Silicon Valley porque es la otra cara del fascismo contemporáneo. No proviene del fascismo histórico como Meloni en Italia o Le Pen en Francia, sino de las vanguardias más avanzadas de la investigación tecnológica y las técnicas financieras”.
Maurizio Lazzarato. Archivo Clarín.Lo que Lazzarato llama el “capitalismo fascista” del siglo XXI requiere pensar nuevamente a partir de un esquema binario que dé cuenta de la concentración de los propietarios de títulos en la parte superior contra la gran mayoría de la población compuesta por una multiplicidad de excluidos, dispersos, fragmentados e individualizados de mil maneras diferentes (por género, raza, ingresos, patrimonio, etc.).
Frente a este estado de cosas, el pensador italiano considera que la impotencia política se debe en primera instancia a la impotencia teórica que derivó en una crítica de toda forma revolucionaria en el plano macropolítico.
Volver a un marxismo actualizado
Frente a ello, el autor postula volver a un marxismo actualizado frente a las problemáticas del siglo XXI que realice una doble negación, cosa que el pensamiento “afirmativo” y anti-hegeliano del 68 evitó, por un lado, hacia la figura de la obediencia impuesta por el patrón blanco, y por otro, hacia el poder global.
Si bien los movimientos políticos de los últimos años fueron robustos en su combate contra las subjetividades dominantes desde luchas raciales, feministas y sexo-genéricas, el gran déficit según Lazzarato será la falta de una ruptura concreta con el capital.
Lo más cerca en este sentido habrá sido, dice, el movimiento de los Chalecos Amarillos en Francia: “Han sido capaces de organizar el paso de la dominación al enfrentamiento directo con el poder (…) han logrado conducir una multiplicidad dispersa y fragmentada de proletarios al dualismo de poder”.
La salida frente a este estado de cosas para Lazzarato consistirá en afirmar por igual la emancipación del dominio subjetivo y la revolución en el plano político-económico.
Maurizio Lazzarato. Archivo Clarín.Dice el autor: “No sé si el ciclo de las revoluciones ha terminado. Lo que me interesa es encontrar una respuesta a las preguntas que plantean las relaciones de poder (y en particular la guerra). Las revoluciones del siglo XX han dado sus respuestas”.
El desafío para Lazzarato será concebir la forma de una negación propia vinculada con los problemas del presente que pase de la insurrección parcial a una verdadera inversión del orden. El planteo de La gran violencia se trata de un programa ambicioso.
La gran violencia, de Maurizio Lazzarato (Tinta Limón).









