Una casa familiar, varios hermanos y una decisión que nadie logra tomar. Uno vive en el inmueble desde hace años, otro quiere venderlo y un tercero necesita su parte del dinero. La situación, frecuente después del fallecimiento de un familiar, suele ser el punto de partida de conflictos que pueden extenderse durante años.
Detrás de esas discusiones aparece un proceso legal inevitable: la sucesión. Determinar quiénes son los herederos, qué bienes y deudas integran el patrimonio y cómo se repartirán son algunos de los pasos que deben resolverse luego de la muerte de una persona.
Pero el proceso puede complejizarse cuando los herederos no están de acuerdo. “Muchas veces el conflicto aparece no tanto en determinar quiénes son los herederos, sino después, cuando hay que decidir qué hacer con los bienes”, explicó Eugenia Chávez del Bono, presidente de la Comisión de Comunicación y Eventos del Colegio de Escribanos de Córdoba.
El primer paso es obtener la declaratoria de herederos, la resolución judicial que determina formalmente quiénes son las personas que suceden al fallecido.
Para iniciar y llevar adelante ese trámite es necesaria la intervención de un abogado y del Poder Judicial.
La declaratoria de herederos no siempre termina el conflicto
La declaratoria de herederos permite establecer quiénes tienen derecho sobre el patrimonio, pero no necesariamente resuelve cómo se dividirán los bienes.
En una primera instancia, el proceso identifica a los sucesores y determina la existencia de activos y pasivos: inmuebles, cuentas bancarias, créditos, vehículos u otras propiedades, además de las deudas que hubiera dejado la persona fallecida.
Si existe acuerdo entre los herederos, la partición puede avanzar sin mayores conflictos. Pero cuando aparecen diferencias sobre el destino de una propiedad o la distribución de los bienes, la sucesión puede convertirse en un litigio.
Uno de los escenarios más frecuentes está relacionado con el uso de la vivienda familiar.
¿Puede un heredero quedarse viviendo en la casa?
Es habitual que, tras la muerte de los padres, uno de los hijos permanezca viviendo en la propiedad.
Puede haber vivido allí toda su vida o haber acompañado y cuidado a sus padres durante los últimos años. Sin embargo, esa permanencia no le otorga automáticamente un derecho exclusivo sobre el inmueble.
“El hecho de que una persona continúe viviendo en la casa no elimina los derechos que tienen los demás herederos”, explicó Chávez del Bono.
El heredero que utiliza exclusivamente el inmueble puede ser obligado a compensar a los demás por ese uso. Se trata de una discusión vinculada a lo que se conoce como canon locativo o indemnización por el uso exclusivo del bien.
La situación deberá analizarse de acuerdo con las circunstancias de cada caso y, si las partes no llegan a un acuerdo, podrá ser definida por un juez.
Vender la propiedad: cuando los hermanos no se ponen de acuerdo
La venta de un inmueble también suele convertirse en uno de los principales focos de tensión. Un heredero no puede decidir por sí solo vender una propiedad que forma parte de una sucesión.
Para avanzar con una operación y transferir el inmueble a un tercero es necesario resolver previamente la situación de los derechos hereditarios y alcanzar los acuerdos correspondientes.
Cuando ese consenso no aparece, existen alternativas. Una de ellas es la cesión de derechos hereditarios. Un heredero puede transferir los derechos que posee dentro de la sucesión a otra persona.
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La operación puede realizarse de manera onerosa, cuando existe un pago a cambio de esos derechos, o de manera gratuita.
En la práctica, esta herramienta puede permitir que uno de los herederos adquiera la posición de otro y destrabe una situación en la que no existe acuerdo para vender el inmueble.
También puede ocurrir que todos los herederos finalmente acuerden la venta y distribuyan posteriormente el dinero obtenido.
“La cesión de derechos puede ser una alternativa cuando no hay consenso entre todos los herederos sobre qué hacer con los bienes”, señaló la escribana.
El límite del testamento y los herederos protegidos por la ley
Otro de los interrogantes frecuentes aparece alrededor del testamento.
¿Puede una persona dejar todos sus bienes a quien quiera? La respuesta depende de quiénes sean sus herederos.
La legislación argentina protege especialmente a los denominados herederos forzosos: los descendientes, los ascendientes y el cónyuge.
Esto implica que la voluntad de una persona expresada en un testamento tiene límites.
Una parte del patrimonio está reservada para esos herederos y no puede ser afectada libremente por la decisión del testador.
Sin embargo, existe una porción disponible que puede destinarse a otras personas.
Un testamento puede, por ejemplo, beneficiar a un sobrino, un amigo o cualquier tercero, siempre dentro de los límites que establece la ley cuando existen herederos forzosos.
La situación cambia cuando una persona no tiene descendientes, ascendientes ni cónyuge con derecho hereditario. En ese escenario, cuenta con una mayor libertad para decidir el destino de su patrimonio.
Diez años para aceptar una herencia
El tiempo también juega un papel relevante dentro del proceso. Según explicó Chávez del Bono, existe un plazo de 10 años desde el fallecimiento para aceptar la herencia.
Pero la aceptación no siempre se realiza a través de un trámite expreso. Hay conductas que pueden demostrar que una persona decidió actuar como heredero y, por lo tanto, implicar una aceptación tácita.
Ocupar un inmueble, iniciar un juicio sucesorio o ceder derechos hereditarios son algunas de las acciones que pueden evidenciar esa voluntad. De todos modos, en muchos casos la necesidad de realizar operaciones concretas termina acelerando el inicio del trámite.
Una cuenta bancaria que debe ser retirada, una propiedad que se quiere vender o un vehículo cuya titularidad debe transferirse son situaciones que obligan a ordenar legalmente la sucesión.










