Jérome Fourquet (Le Mans, 53 años) no suele equivocarse. Y si lo hace, lo hace de forma que sus tesis son siempre útiles para entender lo que ocurre en la calle. El gurú demoscópico —es director de Opinión del instituto IFOP—, politólogo y ensayista, autor de Homo occidentalis, su último libro, ha descifrado mejor que nadie el malestar creciente en la sociedad francesa. El clima de descomposición, las fracturas, las desigualdades que han alimentado los extremos. Ahora, en plena ola de protestas, cree que el país se encamina a un callejón sin salida. Un fin de reinado, como él mismo lo define por videoconferencia, que ni siquiera tiene garantizada una solución tras las próximas elecciones presidenciales.
Pregunta. ¿Qué análisis hace de esta protesta?
Respuesta. Empezó en la banlieue debido a problemas de deterioro de instalaciones, personal… Pero cobró intensidad porque el Gobierno no entendió la amplitud del asunto. Estuvieron ausentes. Hay una dimensión política. Y todo se inscribe en un clima crepuscular, el fin del segundo mandato de [Emmanuel] Macron.
P. Da la sensación de que no hay nadie al volante.
R. Su primer ministro [Sébastien Lecornu] tardó mucho en tomar la palabra. Su ministro de Educación [Édouard Geffray] no tiene una posición muy clara. Y todo eso contribuye a reforzar la sensación de que nadie pilota el avión. La respuesta al principio fue solo policial, también porque no hay dinero para otra cosa. Pero el sistema está ya sin aliento en el plano económico y social.
P. ¿Macron es el responsable?
R. Macron será el responsable a ojos de los jóvenes. Los estudiantes que están hoy protestando en la calle no han conocido a otro presidente. Hay una expresión que resuena en las redes sociales que dice: “En la Francia de Macron”. Y tiene un aire al antiguo régimen, al final de Luis XIV. Un régimen que no terminaba y que invitaba a la rebelión.
P. ¿Por qué prácticamente no ha dicho nada Macron?
R. Porque no tiene gran cosa que decir. En EE UU se habla del “pato cojo” cuando un presidente está al final de su mandato y no puede volver a presentarse: estamos justo ahí. Con el agravante de que no dispone de mayoría parlamentaria propia. Lecornu hace lo que puede sin dinero y [Gabriel] Attal [líder de Renaissance] y [Édouard] Philippe [líder de Horizons], si pueden darle un golpe, lo harán para distanciarse de él en la carrera electoral.
P. ¿Pero se juega su herencia?
R. La gente ha pasado página del macronismo, especialmente entre la juventud. Los chicos de 16 años tenían siete años cuando fue elegido. No han conocido otra cosa. Y los padres de ellos están decepcionados, atraviesan dificultades de todo tipo. Se juega su herencia, pero está más preocupado por la escena internacional que por hacer avanzar las cosas en su país.
P. ¿Cuánto pesa la crisis económica y presupuestaria?
R. Mucho. No es posible solucionar este problema con dinero porque no hay. Tampoco la cólera de los conductores por el precio del carburante. Estamos en un momento avanzado de descomposición. Lo hemos visto también este verano con la ola de calor sin climatización en los hospitales… En todos los sectores de la función pública existen los mismos problemas: ausencia de material, edificios vetustos, falta de personal… Acordémonos del espectacular robo del Louvre, seguido luego de otros robos en más museos regionales.
P. ¿No hay margen?
R. Hoy dedicamos más dinero a pagar la deuda que a la partida de Educación Nacional. Estamos atrapados por nuestro presupuesto. Y antes de que hubiera la huelga de los estudiantes ya existía el problema de la gasolina y el Ministerio de Economía no quería aportar las ayudas porque no podía. El debate presupuestario la semana que viene será muy complicado. El presidente y el primer ministro han perdido todo su apoyo. Estamos ante el final de un reinado.
P. El problema de la juventud es más amplio.
R. Tenemos dos fenómenos. El primero, menos marcado en Francia, es la caída demográfica. El envejecimiento tiene efectos sobre las jubilaciones y la educación. 1985 fue una fecha importante para la educación. El ministro Jean-Pierre Chevènement lanzó el eslogan de “80% a la selectividad”. Antes era solo un 30%. Hoy estamos en la cifra que decía el ministro. ¿Se ha bajado el nivel para permitirlo? En todo caso, en 40 años esta política se ha instalado en la cabeza de los jóvenes. Ahora todo el mundo puede elegir su orientación, algo que solo podía hacer una élite del 30%. La mayoría cursa estudios universitarios, y eso no es igualar las oportunidades, sino desplazar la competición. Se produce más arriba, o antes, en la elección de buenos centros. Hay mucho estrés entre los jóvenes por el tema de la orientación. Y eso tiene que ver con Parcoursup [plataforma pública francesa que gestiona el acceso a la enseñanza superior]: la gran máquina que orienta a los jóvenes en sus carreras.
P. ¿Cómo debe interpretarse la posible convergencia entre los chalecos amarillos y los estudiantes?
R. Es un movimiento de juventud que se inscribe en un fenómeno global de dificultad presupuestaria y de crecimiento de Francia. También de la pauperización de la Administración, el precio de la gasolina… Así que el movimiento intenta sumarse a una protesta mucho más global.
P. ¿Cuál es el peso de esta juventud en el voto?
R. Hoy los chicos entre 18 y 24 años representan un 10% de los inscritos en el censo electoral. Y los pensionistas son el 35%. Además, los jóvenes son menos y votan menos. El desafío de [Jean-Luc] Mélenchon [líder de La Francia Insumisa (LFI)] es movilizarlos electoralmente.
P. ¿Hay un vínculo entre el movimiento en España y en otros lugares de Europa con este? Una ruptura del contrato entre generaciones, la política cortoplacista…
R. Tenemos una situación económica que se vuelve más tensa y mecanismos muy desfavorables para la juventud. En 1968 solo el 10% de los franceses accedía a estudios superiores, hoy son casi todos. Pero hoy un 50% de esos estudiantes tiene que trabajar al mismo tiempo. La tasa de pobreza entre los jóvenes es muy superior a la de los mayores, algo inédito hasta ahora. En Francia el modelo social habla de jóvenes que entran más tarde en el mercado laboral y tienen peores condiciones. Y todo esto nos lleva al acceso a la vivienda, que ha explotado en España, pero ocurre también en Francia. Hoy la edad media de un comprador de un vehículo nuevo en Francia es de 55 años. La publicidad va dirigida a ellos. La edad media de los telespectadores de France 2 o France 3 es de 63 años… Tenemos todo un sistema económico y mediático que habla a esa gente y se ha separado de la realidad de los jóvenes.
P. ¿Este ambiente beneficia a los extremos?
R. A La Francia Insumisa seguro. Son los únicos que pueden entrar en las protestas, les aplauden, les abrazan… Mélenchon tiene un 40% de intención de voto entre los menores de 35 años. La vieja izquierda que ahora representa Glucksmann no está ahí. Hay una enorme distancia generacional.
P. ¿Y el Reagrupamiento Nacional (RN, de Marine Le Pen)?
R. Ellos recogen el voto por el tema de la violencia. Son el partido de la ley y el orden. Hoy el Gobierno no puede beneficiarse de un reflejo contra esa violencia. Pero es curioso porque en los platós, cuando vemos a estudiantes que protestan y a los que están en contra, unos son de LFI y los otros de RN. Como si el bloque central hubiera desaparecido del paisaje de los jóvenes, y del paisaje político en general.
P. ¿Es el fin del macronismo, de esa idea de centro radical?
R. Sí. Ni Attal ni Philippe están en gran forma en los sondeos. Y hay dos fuerzas que suben en los extremos.
P. Da la sensación de que este “clima prerrevolucionario”, como lo define Mélenchon, no se calmará gane quien gane.
R. Hay un gran malestar general. La gente antes votaba al otro lado del péndulo, a izquierda o derecha, cuando estaba cansada de una opción. Pero ahora es más difícil. Los herederos de Macron se quieren separar de él y hay nuevas alternativas. Y no es evidente que quien sea elegido presidente vaya a tener una mayoría en la Asamblea Nacional. Sea quien sea, se encontrará con el muro de la deuda.
P. ¿Qué ocurriría en una segunda vuelta entre Mélenchon y Le Pen?
R. No hacemos pronósticos. Pero salvo accidente monumental, Le Pen accederá a la segunda vuelta. El asunto [Jordan] Bardella [presidente del Reagrupamiento Nacional y heredero político de Marine Le Pen, envuelto en una polémica por escribir mensajes antisemitas en su juventud] no les ha afectado nada. ¿Quién tendrá enfrente? Toda la campaña presidencial se resumirá en eso. Yo creo que Philippe le ha ganado la partida a Attal, pero no sabemos si le bastará para ganar a Mélenchon y estar en la segunda vuelta. Pero si es Mélenchon, Le Pen le ganará ampliamente.
P. ¿La segunda vuelta puede seguir siendo una barrera a la ultraderecha?
R. Si mira las elecciones municipales, en 71 municipios el RN estaba en cabeza y luego ganó solo en tres. Y no era Francia lo que estaba en juego. Así que me inclino a pensar que, aunque Le Pen esté muy fuerte en la primera vuelta, la segunda será otra cosa.









