Juan Larrea nació en Mataró, Cataluña, en 1782. Llegó al Río de la Plata alrededor del año 1800 y se estableció como comerciante. Llegó a acumular una importante fortuna.
Se vinculó al grupo de comerciantes de Cataluña y Cádiz liderado por Martín de Álzaga, que controlaba gran parte del comercio porteño y ejercía gran influencia en el Cabildo.
Durante las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, participó activamente en la defensa de Buenos Aires. Esa destacada actuación lo acercó a los sectores que aspiraban a una mayor autonomía frente a la Corona española.
En el marco de la Revolución de Mayo de 1810, debido a su liderazgo en el grupo de comerciantes fue nombrado vocal de la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata, la Primera Junta.
Con solo 27 años, fue el miembro más joven del primer gobierno patrio y, junto a Domingo Matheu, uno de los dos catalanes integrantes de la Junta.
Fue diputado en la Asamblea del Año XIII (1813), impulsó o apoyó medidas como la extinción de los títulos nobiliarios, la prohibición de la tortura y la creación de un instituto de formación militar, además de firmar el acta que declaró canción patria al Himno Nacional.
En 1815, con la caída del Directorio y de la Asamblea del Año XIII, Larrea fue destituido, desterrado y condenado por “facción, abuso del poder y malversación del tesoro nacional”.
Se le atribuyó haber utilizado el erario público en beneficio de intereses mercantiles vinculados a su propia empresa, particularmente en el suministro de armas y víveres a los ejércitos patriotas, donde se habló de sobreprecios y contratos opacos
Sus bienes fueron confiscados y debió partir al exilio. Como ministro del Tesoro de Gervasio Posadas, Larrea tuvo un papel central en la creación de la flota de guerra bajo el mando de William Brown y en la financiación del Ejército del Norte.
Se le acusa de haber favorecido, en el marco de estos contratos, a intermediarios y comerciantes cercanos, incluido su apoderado, el norteamericano Guillermo Pío White, cuyos “manejos turbios” hicieron que Larrea perdiera gran parte de su fortuna personal, según relatos de la época.
Por un lado, numerosos estudios destacan que Larrea aportó gran parte de su riqueza personal para financiar a los ejércitos, incluso perdiendo más del 60% de su fortuna entre 1811 y 1814.
La figura de Larrea entraña una tensión entre su contribución económica real al proyecto independentista y las acusaciones de malversación, sobrecostos y uso de cargos para favorecer su red mercantil, lo que explica por qué se lo recuerda tanto como un “financista clave de Mayo” como un símbolo temprano de corrupción en los gobiernos de la Revolución.
Después del exilio y la confiscación de sus bienes, Larrea volvió al Río de la Plata y se dedicó durante varios años a intentar reconstruir su situación económica mediante nuevas empresas comerciales, sin lograr recobrar el estatus que había tenido en su juventud.
En esa etapa ya no ocupó cargos de primer plano, y su influencia política se redujo, aunque su pasado como vocal de la Primera Junta y ministro del Tesoro seguía siendo conocido entre los sectores dirigentes.
Durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, Larrea emigró a Montevideo, donde esperaba recuperar el éxito económico que no logró en Buenos Aires.
Allí, sin embargo, tampoco prosperó, y según relatos posteriores, regresó a la ciudad porteña empobrecido y con una profunda desilusión respecto de su trayectoria vital y de los resultados de la Revolución que había ayudado a financiar.
El 20 de junio de 1847, a los 64 años, Larrea se suicidó en Buenos Aires, presuntamente por problemas económicos severos y un estado de depresión.










