El líder supremo de Corea del Norte, Kim Jong-un, ha elevado su arsenal a la categoría de patrimonio nacional, en un momento en el que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tantea un nuevo encuentro con él. El dirigente norcoreano inauguró el domingo un museo dedicado a los avances militares de su país, en el que se exhiben misiles intercontinentales, lanzacohetes y drones, entre otras piezas. Las imágenes, difundidas este martes por la agencia estatal de noticias KCNA, refuerzan el mensaje que Pyongyang lleva años transmitiendo: la nación atómica no tiene intención de dejar de serlo, pese a las exigencias de desnuclearización de Washington.
El nuevo Museo de la Revolución de la Defensa Nacional consagra el arsenal norcoreano como uno de los grandes logros del mandato de Kim Jong-un, tercer miembro de la dinastía que gobierna con puño de hierro la República Popular Democrática de Corea (el nombre oficial del país) y nieto de su fundador, Kim Il-sung.
Inaugurado durante las celebraciones del 81º aniversario del gobernante Partido de los Trabajadores, el museo reúne el armamento desarrollado bajo la dirección actual. Desde que llegó al poder en 2011, Kim ha impulsado la modernización militar pese a las sanciones que la ONU impone a la nación asiática desde 2006 por sus programas nuclear y balístico.
Kim recorrió las instalaciones con su esposa, Ri Sol-ju, y su hija, conocida como Ju-ae, a la que los servicios de inteligencia surcoreanos consideran su sucesora, aunque Pyongyang no ha anunciado oficialmente su designación. Según recoge la KCNA, el líder norcoreano calificó el recinto de “tesoro revolucionario” y “valioso monumento”, y defendió que construir la industria de defensa norcoreana en la más poderosa del mundo es una obligación del partido.
Entre las piezas exhibidas destaca el Hwasong-20, un misil intercontinental de combustible sólido presentado en el desfile militar del año pasado y concebido para alcanzar territorio estadounidense. Los paneles muestran un diseño con múltiples ojivas y un mapa que extiende su alcance anunciado hasta Australia y Sudamérica. Son representaciones de las capacidades que reivindica Pyongyang, no una verificación independiente de que pueda alcanzarlas. También se exponen el Hwasong-17, otro misil intercontinental, de combustible líquido; misiles hipersónicos, misiles balísticos para su lanzamiento desde submarinos y lanzacohetes de 600 milímetros.
Shin Jong-woo, del Foro de Defensa y Seguridad de Corea, interpreta la exhibición como propaganda destinada a mejorar la posición de Kim ante una eventual cumbre con Estados Unidos, según explicó a la agencia británica Reuters. Para Lim Eul-chul, profesor de la Universidad de Kyungnam, el paso de las exposiciones temporales a un museo permanente permite a Kim presentar su expansión nuclear y balística como un legado duradero.
La difusión de la noticia llega un día después de que Trump volviera a destacar la buena relación que dice mantener con Kim para explorar una reanudación del diálogo. Preguntado el lunes en la Casa Blanca por la posibilidad de entrevistarse con su homólogo norcoreano durante su viaje a Asia en noviembre, respondió: “Puede que sí. Sería emocionante, ¿verdad?”. El republicano tiene previsto asistir a la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que tendrá lugar el 18 y 19 de noviembre en la ciudad china de Shenzhen. Kim no participa en ese foro ya que Corea del Norte no es miembro. Pero la visita a la región podría ofrecer una ocasión para organizar un encuentro bilateral, aunque por ahora no se ha confirmado ninguna cita. The Wall Street Journal asegura que Trump ha presionando a sus asesores para celebrar una nueva cumbre este otoño.
Trump y Kim se reunieron tres veces durante el primer mandato del republicano, en un intento de acercar posiciones sobre el programa nuclear norcoreano. En la primera cumbre, celebrada en Singapur en junio de 2018, Kim se comprometió a trabajar por la desnuclearización completa de la península, mientras Trump ofrecía garantías de seguridad. Pero la negociación encalló en Hanói, en febrero de 2019, por las discrepancias sobre cuánto debía desmantelar Pyongyang y qué sanciones levantaría Washington. Un tercer encuentro en la frontera entre las dos Coreas, cuatro meses después, tampoco permitió superar esas diferencias.
Desde entonces, Kim ha cerrado la puerta a negociar la renuncia a sus armas nucleares. En septiembre del año pasado afirmó ante el Parlamento que conservaba buenos recuerdos de Trump y que estaba dispuesto a dialogar si Washington abandonaba su exigencia de desnuclearización. Su arsenal, advirtió, no sería una moneda de cambio. Si vuelven a sentarse juntos, el estadounidense tendrá que afrontar que Kim quiere negociar desde su posición de potencia nuclear. Pyongyang cuenta, además, con mayor respaldo exterior: ha estrechado su alianza militar con Moscú desde el inicio de la guerra de Ucrania y ha revitalizado recientemente sus vínculos con Pekín.









