“Me cegué, me enojé, no controlé ansiedad y bronca, saqué un arma y disparé”. Así, con crudeza, el colorista Luis Abel Guzmán (45) describió el momento previo a matar de un disparo en la cabeza a Germán Gabriel Medina (33), un compañero suyo de la peluquería Verdini de Recoleta, el 20 de marzo del 2024.
Guzmán declaró hoy ante los jueces Javier De la Fuente, Marcelo Alvero y Maximiliano Dialeva Balmaceda, del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 24 porteño. No aceptó preguntas de la fiscalía, a cargo de la fiscal Ana Helena Díaz Cano, ni las querella, integradas por los abogados Juan Manuel Dragani (por parte de la familia Medina), y Alejandro Cipolla (por Facundo Verdini, dueño de la peluquería). Solo respondió consultas de sus abogados defensores.
La audiencia en los tribunales de la calle Paraguay 1356 comenzó pasadas las 13.30 cuando Guzmán ingresó a la sala custodiado de oficiales que lo trasladaron desde el Complejo Penitenciario Federal 1 de Ezeiza.
La familia de Medina, encabezada por su madre Mónica y su hermana Marina, aguardaban en la sala de espera con remeras con la imagen de Germán y el pedido de Justicia.
Una vez de iniciada la jornada y de la lectura de los requerimientos de elevación a juicio por parte de la fiscalía y las querellas, Guzmán se sentó ante los jueces para dar su versión de los hechos.
Peinado con un rodete prolijo, vestido con pantalones deportivos y un buzo blanco con dos tiras negras, lo primero que hizo fue corroborar sus datos personales. Contó que es estilista y peluquero hace 22 años. Ante la pregunta de la fiscal Díaz Cano, Guzmán dijo que ahora hace terapia en prisión pero que antes del hecho “hacía muy poco”.
“Compartía con las clientes que tenía como psicólogas. Me ayudaba mucho con mi trabajo. Como eran muchas horas nos ayudaba, era una terapia que me ayudaba a fortalecer mis raíces”, reconoció.
Luego dio paso a describir el hecho, pero gran parte de su declaración, el imputado hizo referencia al uso de formol en sus tratamientos capilares y al cobro de una indemnización por parte de su empleador, Facundo Verdini, la cual no llegó a concretarse.
Lo primero que contó es que conoció a Verdini en 2006 cuando ambos trabajaban en la peluquería de Roberto Giordano. En 2011 Verdini se independizó y lo llamó a Guzmán para que trabaje con él, ya que sabía que hacía tratamientos capilares.
«Justicia x Germán», la bandera de los familiares y amigos de la víctima. Foto: Francisco Loureiro“Verdini se dedicaba a hacer tratamientos con formol, en un lugar chiquito y quería delegarlo a otra persona, como sabía que trabaja con cabellos, me incorporó. Trabajamos con el tema de alisado, hasta la fecha no había problema. Todo comenzó un año atrás cuando abarató el costo del producto y su calidad. Ahí empezaron los problemas con la gente y mis compañeros”, adelantó Guzmán.
El imputado describió que Verdini le decía que cobraba mucho dinero por su trabajo (entre tres y tres millones y medio de pesos por mes), y que su sueldo era desproporcionado respecto de sus compañeros.
Otro problema entre ambos, según la declaración del estilista, es que Verdini comenzó a abaratar los costos, lo que producía que los tratamientos a los clientes no tengan el mismo resultado que con anterioridad.
“De despido no, pero se habló de una indemnización, pero siempre (Verdini) me daba vueltas porque tenía que hablar con su abogado, nunca se concretaba porque para él consideraba que un empleado no podía pagar mucha plata y mucho menos una indemnización entre 50 y 55 millones de pesos”, remarcó.
Abel Guzmán. Foto: Francisco Loureiro Estas negociaciones por la indemnización las venían teniendo hacía más de un año, según señaló, y dijo que no lo quería despedir “porque le producía mucha plata”. “Yo trabajaba 12 horas todos los días de lunes a sábado. Eran trabajos costosos y proceso de horas, el costo de mi trabajo era elevado”, sostuvo.
En ese momento, el presidente del tribunal les llamó la atención a los defensores Claudio Severino y Ricardo Sanetti para que hagan preguntas en relación con el hecho procesal en cuestión, por lo que Guzmán comenzó a describir lo que pasó el martes 20 de marzo del 2024.
“Ese día arrancó a las 10 de la mañana. Me estaban esperando dos personas. Me cruzó a Verdini que me dijo que íbamos a hablar de la indemnización. Cuando terminó el día estaba esperando que llegue para hablar, pero estaba en una reunión con mis compañeros y me dice que ‘vamos a hablar mañana’ y le digo ‘vamos a hablar ahora’”, relató, lento.
Luego dijo que Medina le dijo a Verdini que lo iban a echar y que era “un empleado más” y que no iba a trabajar más allí. Guzmán era el peluquero con más años en el local: cerca de nueve.
“Ahí me puse mal porque no esperé esa respuesta de tantos años que lo conozco (a Verdini), me cegué, me enojé, no controlé ansiedad y bronca, saqué un arma y disparé. No medí las consecuencias. De ahí cambio completamente todo, todo lo que esto viviendo ahora”, expresó, angustiado.
En ese momento un familiar de Medina se rio de bronca. La familia de la víctima, que estaba a pocos metros, se tomaba la cabeza y aguantaba las lágrimas. Su madre y hermana no estaban en la sala ya que son testigos y no podían estar presentes al momento de la indagatoria al imputado.
Guzmán fue contundente al declarar que el conflicto que tenía era económico y con Verdini, “quien hizo generar todo este desmadre que terminó de esta manera”.
Tras cometer el crimen, el colorista aseguró que entendió que había hecho “algo muy malo” que le causó “angustia y desesperación”. Dijo que salió de la peluquería, tiró el arma y su celular y comenzó a caminar. Estuvo 70 días prófugo hasta que fue detenido en Moreno.
“Me escapé, tenía miedo de quedar preso, me angustié por lo que hice de arruinar mi vida, la de mi familia, la de mis compañeros, la de Medina. A partir de allí cambió completamente mi mundo. Quedé desempleado, sin indemnización, sin futuro, angustiado”, enumeró, ante la mirada atónita de los familiares de Medina.
Mirando al pizo, Guzmán reiteró que esa situación se debió “por solo esperar que la otra persona (Verdini) me de la posibilidad de hablar y negociar mi dinero”.
“Lo que siento es pedirles disculpas y perdón a todas las personas que les hice daño. A la familia de Medina, a las familias de mis compañeros, a mis compañeros. Nadie se merece terminar de esa manera, de terminar mal. Estoy pasando un momento malo, no hay palabras para describir lo que siento en este momento. Me siento muy angustiado y les pido perdona a las familias”, reiteró, antes de volver a sentarse detrás de sus abogados.
La próxima audiencia está prevista para el martes 21 desde las 14. Las primeras testigos en declarar serán Mónica y Marina, madre y hermana de Medina. Se espera que 12 testigos den sus testimonios en al menos tres audiencias.
“Yo esperaba verlo a Guzmán. Quería ver su actitud. Veo que no se ha arrepentido. Esperamos declarar y que los jueces le den una condena por lo que hizo, por quitarle la vida a mi hijo que hoy no lo tenemos. Nos ha cambiado la vida dese ese día. Esperamos la cadena perpetua”, dijo a Clarín Mónica, madre de la víctima.
El caso
Medina fue asesinado de un disparo en la noche del 20 de marzo del 2024 dentro de la sucursal de Recoleta de la peluquería Verdini, ubicada en Beruti al 3000, donde junto con dos empleados más se habían quedado tomando unas cervezas.
Luego de asesinar a Medina, Guzmán amenazó con matar a su jefe, quien logró esconderse en el baño del local. El homicida entonces salió de la peluquería y se dio a la fuga ante la mirada de los otros dos empleados.
Toda la secuencia quedó filmada en una cámara de seguridad interna. A las pocas horas era repetida como en loop en noticieros y redes sociales.
Finalmente, luego de 70 días Guzmán fue detenido por la Policía de la Ciudad en Moreno.
Según la elevación a juicio, a cargo del fiscal Patricio Lugones, Guzmán atacó directamente a Medina “con quien tenía particular encono personal por haberlo enfrentado por el uso indiscriminado de formol, situación que había sido expuesta ante el dueño del local».
En su requerimiento de elevación a juicio, Lugones afirmó que “Guzmán premeditó su plan criminal con antelación y que ese día, concurrió al local con la única finalidad de quitarle la vida a Medina”.
Para el juez Javier Sánchez Sarmiento, los celos, el odio y el resentimiento profesional fueron los principales motivos por los que cometió el crimen.
Guzmán llegó a juicio por los delitos de homicidio agravado y privación ilegal de la libertad, que prevé una pena de prisión perpetua.










