Una nueva edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires ya está en marcha y, este año, con un doble aniversario cargado de resonancias: el medio siglo de la feria coincide con los cincuenta años del golpe de Estado de 1976 en la Argentina. Dos efemérides que dialogan en contraste: mientras la lectura se erige como símbolo de libertad y pensamiento crítico, el golpe representó la negación de esos valores, imponiendo silencio y represión.
El libro más reciente de Raquel Robles, La organización vence al tiempo, título que alude a la frase de Juan Domingo Perón, reúne seis relatos ficcionalizados a partir de testimonios de presos políticos entre 1974 y 1989, aunque no es una novela en el sentido tradicional del término: con introducción, nudo y desenlace, sino que se trata de pequeñas narraciones que se entrelazan y forman un mosaico de subjetividades.
Docente especializada en Gestión de las Instituciones Educativas y con una Maestría en Dramaturgia, Robles es una escritora de pura cepa dedicada a aprender y practicar las técnicas narrativas para hacer literatura “en serio”.
“Para mí, la literatura no es el arte de contar historias, eso es la narración en todo caso. Sino que la literatura es poner en marcha procedimientos técnicos”, explica.
Violencia y encierro
Con una contundente obra publicada, una de las cuales –llamada Perder– mereció el Premio Clarín Novela en 2008, sus títulos dan cuenta de la violencia por parte del Estado, la desaparición forzada de personas, la clandestinidad, el encierro, la reducción de la subjetividad como estrategia, entre otras muchas maneras en que se suele ejercer la política, en especial en aquellos años turbulentos, en nuestro país.
Robles es, además, hija de desaparecidos de la dictadura y una de las fundadoras de la agrupación H.I.J.O.S., donde militó durante diez años.
En La organización vence al tiempo, la autora invita al lector a meterse en la rumiación mental de unos sujetos en situación de encierro.
Imagina y recrea las vidas de los convictos, y lo hace con crudeza: un preso que toma a una araña como mascota a fuerza de no tener con quién hablar; un universitario que da clases de marxismo en el pabellón para exorcizar el demonio de la ignominia; un almirante que se pasó de bando y enseña a un recién llegado cómo respirar para que duelan menos las piñas; las historias navegan por los sinuosos meandros de un sistemático intento de acabar con la dignidad humana: las frazadas sucias que no abrigan y huelen mal, la comida incomible, los colchones llenos de chinches, las trompadas y las patadas que se repiten sin descanso, son golpes de efecto permanentes que sumergen al lector en un ambiente de profunda opresión.
La violencia, la injusticia y el desamparo atraviesan cada página, dejando al lector con un nudo en la garganta, que solo ofrece tregua al recordar que escribir es una manera de abrir una rendija por donde, quizás, pueda entrar algo de luz.
“Yo tenía 4 años y 8 meses cuando ingresaron de noche en mi casa y secuestraron a mis padres. No me acuerdo de ese momento, pero, por supuesto, sí los recuerdo a ellos”, evoca Raquel Robles, en diálogo con Clarín.
– ¿Cuándo te diste cuenta de que escribir sobre estos temas sería tu mejor modo de expresión vivencial?
– Escribo desde siempre, no sé si con la idea de que fuera una profesión para mí. Te diría que nunca tuve la intención de escribir sobre “estos temas”, empecé a echar mano de anécdotas y lo que me queda más cerca es la política. De hecho, me molesta bastante que se organice a los autores por temas…
Raquel Robles presenta su libro «La organizacion vence al tiempo». Foto: Matias Martin Campaya.– ¿El libro es un compendio de relatos con personajes compartidos o una novela coral?
– Para mí, son como pequeñas novelitas que conforman una novela. Está estructurada de un modo distinto al tradicional, clásico, decimonónico. Es algo más de paisaje, muy centrado en la anécdota. El éxito de la fórmula tradicional de novela ha colaborado con ese equívoco de pensar que eso es literatura. Estamos tan metidos en ese formato que todo lo otro entra en el anaquel de lo raro.
– Tenemos a Rayuela, de Cortázar, o El perseguidor, que pueden acompañar a tu obra en el “anaquel de lo raro” …
– Eso es lo máximo que se enseña en las escuelas, pero hay mucho más. Marguerite Duras, por ejemplo, tiene novelas un poco más tradicionales, pero tiene otras indefinibles… Hay libros que ofrecen una experiencia de lectura, más que un argumento.
– Importa más el “cómo” se cuenta que el “qué” de lo que se cuenta…
– Claro, la escritura fácil es la de principiante: hacer uso de algo que pensás que te sale bien para decir algo que querés decir. Pero hay libros que vos sentís que te compartieron una historia y que estuvo contada pésimamente y estás todo el tiempo interrumpiendo la lectura, “qué horror esto, es un cliché”, o no sostiene el verosímil…
– ¿Pensás que este tipo de narrativa obedece a una subestimación del lector?
– Es lo que exige el mainstream, una narrativa para un alumno o alumna de secundaria, a la que le supone una atención muy lábil. Te lo voy a decir medio bruto: es un forzamiento a la pelotudización del lector, pero no es que el lector sea un pelotudo, no es que hicieron un estudio de mercado y descubrieron que, efectivamente, el lector es un pelotudo, ¿entendés? “Ah, son todos pelotudos, entonces vamos a venderles literatura imbécil”. ¡No es verdad! No es verdad. Hay mucha diversidad de lectores para cualquier cosa. Lo mismo que hay teatro para cualquier cosa.
Raquel Robles presenta su libro «La organizacion vence al tiempo». Foto: Matias Martin Campaya.– En tu novela, ¿vas tejiendo la ficción sobre la base de personas reales que te contaron sus historias?
– No es que cada relato sea un testimonio, sino que he conversado, por ejemplo, con “El Pájaro”, yo sé que él es de Balcarce, pero no sé cuál es la relación con su papá, ni idea. Lo invento. Sé que estudió economía, entonces lo hago hablar de plusvalía. Tomo los testimonios y les doy una vuelta y así voy componiendo los relatos.
– Estos personajes, al tener el estatus de “presos políticos”, significa que no están en la clandestinidad. Dentro del drama del encierro, hay como una pequeña esperanza de estar más cerca de la libertad…
– Claro, ellos están en las cárceles legales. Hubo un período previo a la dictadura, 74; 75, en el que hubo una prisionización con muchísimas dificultades. Eran más parecidos a los presos comunes, digamos, con salidas al patio, con visitas… Entre el 76 y el 79, la prisión se volvió más violenta: golpes, torturas, los juicios entre comillas, con confesiones sacadas con tortura, etc. En el 79 viene la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Cruz Roja, entonces la violencia explícita de los golpes tiene que ser modificada.
– Después del Mundial, cuando la ciudad se pobló de calcomanías que decían: “Los argentinos somos Derechos y Humanos” …
– Exacto. Entonces viene esta otra estrategia represiva que es la de quitarles todos los elementos distractivos. Quitarles el patio, prohibirles la conversación, prohibirles la risa, explícitamente, ¿no? Prohibirles el contacto físico, compartir cualquier cosa, compartir un mate, compartir agua, todo eso estaba prohibido. La estrategia es la destrucción subjetiva del otro mediante el aislamiento, sin necesidad de hacerlos mierda físicamente. Entonces, todo esto que ellos arman es la contraofensiva. La organización es la que vence al tiempo, porque ellos se organizan en función de entender la estrategia.
Raquel Robles presenta su libro «La organizacion vence al tiempo». Foto: Matias Martin Campaya.– ¿Qué te gustaría que reciba el lector con esta obra?
– Yo quisiera que pudiera meterse en esa experiencia y poner en valor que esas personas existieron, que fueron un montón, que la democracia les significó a unos un régimen distinto, pero no la libertad. Que no se les tuvo en cuenta, que todos esos juicios estaban completamente viciados. Nadie dio testimonio por fuera de la tortura. Y eso quedó probado en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que sancionó al Estado argentino y, sin embargo, ninguno fue puesto en libertad. La democracia no hizo nada por ellos. Solamente fueron saliendo en libertad con condena cumplida. O sea, no los liberaron.
Raquel Robles participará mañana a las 19 del Maratón de la Lectura: Textos Prohibidos, junto con María Marull, Paula Marull, Iván Moschner, Mauricio Kartún, Virginia Innocenti, Rubén Szuchmacher, Ingrid Pelicori, Félix Bruzzone, Julia Coria, Luis Gusmán, Miguel Gaya, Mónica Sporra, María Wernicke, Paula Pérez Alonso, Patricia Kolesnicov, Kuki Miller y Osqui Gusmán. Durante la jornada, el músico Marcelo Katz acompañará en vivo.









