“No da puntada sin hilo”, dice un antiguo refrán, que se usa cuando alguien calcula todo lo que hace para su propio beneficio. Una nueva generación de aficionados a la costura parece haber convertido esa sabiduría popular en su lema: gente que se anota en talleres en busca de la calma perdida. Cosen para salir de las pantallas y la hiperconexión. Cosen para tejer nuevos vínculos sociales. Cosen para dejar de comprar prendas prefabricadas. Cosen, y en ese pasatiempo encuentran un nuevo sentido a la misma actividad que hacían sus madres y abuelas.
“Bienestar mental, conexión social, sentido de pertenencia, propósito y valía, logro, satisfacción, auto identidad, familia, cultura y legado”, son algunos de los beneficios de la costura según un estudio de científicos australianos publicado en 2024, que la recomienda para “una amplia variedad de usuarios y del personal sanitario” por su impacto en la salud mental y porque brinda un bienestar “sumamente positivo”.
“La costura, como el tango, te espera”, dice Silvana Ortega, de 59 años, que trabaja como secretaria en una empresa familiar desde hace 25 años.
Ella había intentando aprender a coser a los veinte años, animada por ver a su madre, que cosía “maravillosamente”, pero en ese momento no se conectó con la actividad.
Casi veinte años después, en plena pandemia, fue su madre justamente la que le regaló una máquina de coser portátil. Entonces Silvina empezó a ver tutoriales para aprender a hacer cartucheras y bolsitos, y apenas terminó el confinamiento, en 2022, se anotó en un taller presencial de costura.
“Se convirtió en mi momento preferido del día. Un espacio juego, aunque la bobina de abajo se quede sin hilo, se trabe la aguja, o el modelo terminado no me quede como la foto que yo armé en mi cabeza”.
Sara Bermejo con su máquina de coser.Sara Bermejo también se conectó con la costura a través de su madre, que durante su infancia, le cosía la ropa. “Yo nunca había usado una máquina de coser”, dice esta agente de la bolsa de 67 años que un año atrás se anotó en un taller de costura y, a partir de ahí, se convirtió en una fanática del oficio. “Voy al taller los miércoles a la tarde. Es una hora y media en la que me olvido de todo. Se me pasa volando”.
Para Alejandra Martínez, diseñadora web, la costura fue un “redescubrimiento personal”, una asignatura pendiente que pudo saldar apenas se jubiló, a los 60 años. Dos años después, dice: “Lo primero que hice en el taller al que voy fue un buzo urbano negro. Aprendí a hacer el molde desde cero, a comprar la tela y a cortarla. Como toda actividad nueva son muchos pasos los que hay que tener en cuenta en un principio, claramente tuve que coser, descoser y volver a hacerlo, hasta que quedó. Pero la alegría de probarte la prenda que vos misma realizaste y te calce perfecto, no tiene precio”.
Alejandra Martínez luce un pantalón que confeccionó ella misma.Sara Bermejo también experimentó ese tipo de satisfacción de ver cómo una prenda suya se convertía en un suceso: lo primero que diseñó cuando se compró su propia máquina de coser, en un Ciber Monday, fueron unos pantalones pijamas con tela escocesa para su nieto.
Cuando su yerno los vio, le gustaron tanto que le pidió que le haga unos. Su marido vio a su yerno usándolos y también le pidió unos para él. La demanda se multiplicó: Sara tuvo que diseñar cortinas de baño, un mantel a cuadros y servilletas ralladas para su hija, que se acababa de mudar sola. Siguió con fundas de almohadones y de acolchados. “Por ahora lo tomo como una actividad recreativa que me da placer y me gusta hacer para los demás también, pero no descarto, en el futuro cuando me jubile, hacer unos pesos”.
Crear y superar
El rubro de las artesanías fue estudiado durante años por la ciencia, que descubrió que las actividades de ocio elegidas por uno mismo “promueven una salud mental positiva, mejoran el bienestar y la satisfacción con la vida, y reducen el malestar psicológico y la ansiedad” y “entre estas, las actividades basadas en la artesanía destacan por sus diversas contribuciones al bienestar psicofísico”.
La artesanía, según los científicos, “fomenta el empoderamiento, el crecimiento personal y la autoexpresión, mejorando el bienestar a través de la conexión social, la soledad meditativa, la creatividad y el apoyo terapéutico. Particularmente para las mujeres, puede servir como mecanismo de afrontamiento para el estrés y las emociones negativas, fomentando la recreación, la satisfacción, el optimismo y las relaciones positivas”.
Silvana Ortega con un bolso que ella misma cosió.Sin embargo, no todas son buenas noticias: un estudio científico de Finlandia publicado en septiembre de este año en la Revista de Psicología Social Comunitaria y Aplicada exploró la disminución de “la costura doméstica y sus implicaciones para el bienestar”. Descubrieron que “si bien la costura puede mejorar el bienestar a través de la creatividad y la satisfacción personal, también puede causar frustración y decepción emocional. Muchas artesanas dejaron de coser debido a la comodidad de las prendas baratas y prefabricadas. Algunas se decantaron por actividades más placenteras como tejer, mientras que otras carecían de las habilidades o la voluntad para seguir cosiendo debido a fracasos anteriores”.
No todo es frustración: el último fracaso de Silvana Ortega, que en el marco del taller hizo un bolso de cuero ecológico y un kimono para su hermana, fue un pantalón de bengalina. “Corté al revés la tela. Pero lo volví a hacer. Eso es lo bueno de la costura, que todo se puede corregir”, dice. Desde hecho, desde que cose, compra menos ropa, “y además me da la posibilidad de hacer algo nuevo con lo que ya tengo”.
Alejandra Martínez arenga: “Olvidate de frustrarte por no conseguir que la ropa te calce cómoda, ya no más. Imaginate regalándole a una amiga un almohadón que le convine exactamente con su espacio, o cosiendo un lindo pie de cama en esa tela que hecho te costaría una fortuna… Con voluntad y paciencia, todas podemos aprender. La costura nos brinda los conocimientos para que aquello que compramos y que por determinado motivo no se ajusta a nuestro cuerpo, pueda adaptarse, agrandar, achicar, alargar, incluso comprar ropa en una feria y mediante el reciclado darle una segunda oportunidad y sentir que lucimos espléndidas”, dice. “Coser te brinda el poder de liberarte de las limitaciones tanto económicas como de talles. Y en cuanto a los tiempos… si sos una persona ansiosa, con esto vas a aprender que las cosas que valen la pena llevan tiempo, pero los resultados lo valen”.
¿Dónde aprender?
- Taller de Costura Mabel, en Mataderos: 11 3546-7677.
- Silvia García – Clases de Corte, Confección y Moldería, en Palermo, Av. Cnel. Díaz 1537, teléfono 11 5096-9183.
- Buenas Costuras, en Olivos, Monteverde 3802, teléfono 11 5413-6049.
- El Perchero Atelier Creativo, en Flores, Terrada 38, teléfono 11 6764-7081.
Maestra de la costura
Ana María Santolaria tiene 76 años, vive en Esperanza, Santa Fe, y es una maestra de la costura. Se recibió de modista a los 14 años y no frenó más: hizo vestidos para Mirtha Legrand, tuvo su propia academia de costura donde llegó a dar clases a cien alumnas en simultáneo y desarrolló un método propio de alta costura, que bautizó Camave, y volcó en un libro de cuatro tomos llamado “Secretos de Moldería y Confección de Alta Costura”.
Coser. Foto: Pexels.“Mi vida es la aguja y el pizarrón”, dice. “Me encanta coser y enseñar. Ahora por suerte hay una revalorización del oficio, dejó de ser algo despectivo. Hoy es un hobbie más que una obligación doméstica como antes”. Los cuatro tomos que explican su método son para confeccionar faldas y pantalones, corpiños, mangas y cuellos, y también da técnicas de corte y transformaciones y moldería, transformaciones y sastrería femenina.
“Alta costura no es lujo, ni fiesta, ni brillo. Alta costura es ´a medida de una persona´” -explica-. con mi técnica, vos hacés un molde y te queda pintado en calce. Después la parte de diseño, o artística, corre por cada uno. El mío es un método de entendimiento y razonamiento, no de memorización”.
Lo más importante para comenzar a coser, según Ana María, es tener paciencia. “Paciencia, amor por el trabajo y por la obra final. Es muy bueno poner en cada obra tu parte creativa, tus ganas de lucir algo lindo, algo exclusivo. Hay muchas personas que tienen una mano rebelde, rebelde en el sentido de que tienen una mano torpe, pero con paciencia, cualquiera puede revertirlo y convertirse en una gran costurera”.








