La Fundación PROA inauguró Penumbra, una exhibición que reúne obras de artistas estadounidenses pioneros en el desarrollo del arte conceptual en su país provenientes de la Dia Art Foundation.
La muestra busca que los visitantes reconecten con la percepción, con dejarse llevar más allá de los lineamientos de interpretación que las curadurías pueden ofrecer. El objetivo es que el espectador se acerque a la obra y experimente de maner subjetiva.
La Dia Art Foundation es una institución con distintas sedes en Nueva York enfocada en el arte de la segunda mitad del siglo XX y en impulsar proyectos de gran escala. A diferencia de otras instituciones posee una colección de obras site specific, especialmente comisionadas y apuesta por acompañar a lo largo del tiempo a los artistas apoyándolos en grandes proyectos.
Nunca antes vistos en la Argentina
En las salas de PROA se exhiben obras de Agnes Martin, Andy Warhol, Felix González-Torres, James Turrell, John Chamberlain, Richard Serra, Robert Irwin, Tehching Hsieh y Walter De María. Se seleccionaron trabajos de un determinado periodo histórico y que nunca habían sido exhibidos en la Argentina, con la excepción de Warhol que tuvo su muestra en Malba en 2009.
El curador mexicano Humberto Moro, director de programación de Dia, brindó algunas claves para que el público argentino haga una primera aproximación a los artistas. Clave también es su ayuda, ya que por una decisión curatorial se decidió que las salas no cuenten con textos que introducen a la obra con el objetivo de que las personas re-conecten con su percepción.
La generación de artistas estadounidenses presentados en PROA abrió el camino del minimalismo tras la ruptura con el expresionismo abstracto (en algunos casos, no habían roto del todo). Llegaban con la idea de la desmaterialización del arte, la democratización y abrían el debate a qué podía ser arte y que no.
“En ese momento se estaban usando materiales industriales, metal, luz y vocabularios que tenían que ver mucho más con la percepción que con la forma. Creo que es importante también entender las particularidades sociales, económicas e históricas del lugar donde vienen estos artistas y también entender que la exposición misma tiene contrapuntos”, comentó.
La luz es otro elemento clave para entender la exhibición en PROA. Los curadores se centraron en la idea de penumbra porque es la zona intermedia entre la iluminación y la oscuridad, una instancia que se nos da abierta a la imaginación, a la creación y que pone a trabajar nuestra percepción.
La exhibición abre con una serie de pinturas de Agnes Martin de la serie Amor Inocente, realizadas a fines de los 90 en el final de su vida.
Estas pinturas son veladuras de color, alejadas de la paleta y las técnicas que aplicó mayormente en su carrera. Hay una sutileza en la aplicación del color que obliga al espectador a acercarse para distinguir tonalidades.
A diferencia de la inmediatez que impregna cualquier actividad en la actualidad, esta serie de trabajos obliga a la atención basada en la fijación de la mirada.
Andy Warhol y John Chamberlain
En una segunda sala, comparten espacio Andy Warhol y John Chamberlain. El primero con una obra única, «Shadows», su única experimentación con la abstracción comisionada por Dia. Realizó más de 100 paneles de pinturas serigrafiadas que, por no ser narrativas, el artista permitió que se exhibieran de cualquier manera y en cualquier cantidad.
Penumbra, en Fundación PROA. Foto: gentileza.Mientras los Warhols ocupan uno de los laterales distribuidos en el centro están las esculturas realizadas con pedazos de metal de automóviles de Chamberlain, cuyo trabajo todavía tiene alguna reminiscencia del expresionismo abstracto. Los colores originales de las láminas funcionan como pinceladas que reflejan la luz; al encastrar las partes se mezclan las tonalidades con los reflejos, absorben energía y la expulsan desde los vértices.
A medio camino, entre la segunda y la tercera sala, no hay que perderse la obra «Catso Blue» de James Turrell, que forma parte de la serie Cross Corner Projections.
Mucho antes del furor de las obras inmersivas, el artista ya había pensado una obra que disuelve la distinción entre superficie y volumen. Hay que ingresar a un espacio cerrado, atravesado por una luz azul, y predisponerse a detenerse unos segundos para que la vista se acostumbre y el juego de luces haga aparecer la obra.
Las maquetas de Richard Serra, 45 bocetos de inmensas obras site specific, toman la tercera sala. Trabaja con el acero, lo dobla, lo inclina, lo apila y lo corta para explorar procesos físicos como el equilibrio de las piezas.
Al exhibir las maquetas, el artista invita a abordar la obra desde otra perspectiva, ver el interior desde la altura, imposible en el tamaño original.
Penumbra, en Fundación PROA. Foto: gentileza.Light and Space
A modo de cierre, PROA reunió en la cuarta sala las obras de Robert Irwin, uno de los principales miembros del movimiento Light and Space que emergió en el sur de California en la primavera de 1960.
Una de sus obras más representativas, compuestas por dos discos suspendidos sobre la pared, recibe a los visitantes apenas ingresan a la sala. Sus límites se disuelven por efecto de la luz, que cambia a medida que el espectador se desplaza.
Para el artista, el arte era una experiencia introspectiva, donde el espectador lleva a la exhibición su propia percepción convirtiendo cada aproximación en una experiencia individual.
Penumbra, en Fundación PROA. Foto: gentileza.La exhibición concluye, por un lado, con el film Hard Core de Walter de María, figura clave del Land Art, un soporte atípico para el artista por lo que estas piezas se convirtieron en obras de culto. A la par, se proyecta el registro de una performance de 2016 de Tehching Hsieh, donde el artista expuso al sol 100 papeles fílmicos Kodak y los da vuelta uno por uno para que por efecto irreversible de la luz, el tiempo y el proceso, se revelen.
Como bonus, ya cuando el visitante encara para la salida, se va a encontrar con los ventanales de PROA que dan a Vuelta de Rocha cubiertos por una fina y traslúcida tela de cortina azul. Es la obra «Untitled (Loverboy)» de Feliz González-Torres; presentada por primera vez en 1991, esta obra se ha reconstruido en distintas ocasiones gracias a que el artista planteó indicaciones sencillas y habilitó a que se pueda presentar de manera simultánea en distintos espacios.
Penumbra, en Fundación PROA (Av. Don Pedro de Mendoza 1929), de miércoles a domingos de 12 a 19, hasta el 2 de agosto.










