Claudia Negri es magíster en Seguridad Social, especialista en Psiquiatría y Salud Pública, además de licenciada en Obstetricia, legisladora porteña, madre y abuela. Pero quedará en la historia por ser la primera mujer en ocupar el cargo de decana de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Acaba de ser electa y asumirá sus funciones en marzo. En diálogo con Clarín, se refirió al momento que atraviesa la actividad médica, los paros docentes reiterados y los desafíos de su gestión.
.¿Cómo ve esta situación de tantos paros que está habiendo este año en la universidad pública?
-La verdad que para nosotros es muy angustiante la situación, porque queremos tener las aulas llenas de alumnos, de docentes, de no docentes, de investigadores. No nos gusta parar, la verdad que es tristísimo ver la facultad. Pero también es muy triste saber lo que están atravesando los docentes, los no docentes, toda la comunidad. Desde ese lado uno hace equilibrio, pero queremos estar en las aulas, queremos abrir las puertas de la facultad.
-¿Cómo vive el hecho de ser la primera mujer en la historia elegida decana de la Facultad de Medicina de la UBA?
-En lo personal es un orgullo muy grande. Ser yo la persona elegida por toda la comunidad me llena de orgullo y de satisfacción. Por otro lado creo que esto representa una amplia trayectoria, un amplio compromiso con la facultad, con la universidad. Es una gran oportunidad para demostrar que las mujeres, cuando nos capacitamos, cuando queremos, tenemos la posibilidad. Y creo que está bueno que se produzca este cambio de concepto: que podemos alcanzar cargos de ejecución, de conducción, al igual que cualquier otra persona que sea considerada por sus méritos, por su esfuerzo, por su sacrificio.
-Ser médico fue históricamente aspiracional, desde «mi hijo el doctor». ¿Hoy el médico sigue gozando de ese estatus? ¿Los jóvenes quieren estudiar Medicina?
-Hay que separar lo que es la matrícula -que sería cuántos alumnos tenemos o cómo se desarrolla la graduación- de la necesidad de los médicos. Yo creo que no hubo grandes cambios al respecto. Todavía existe esto de «mi hijo el doctor». Creo que conservamos una cuota de vocación quienes estamos en el medio; siempre queremos que nuestros hijos o nietos sigan un poco la tradición. Pero la cuestión tiene más que ver con un cambio de elección de especialidades, de adecuaciones de sistemas, de múltiples factores, pero no porque haya bajado la matrícula ni porque necesitemos más médicos. O sea, siempre se necesitan médicos, pero no es una cuestión de cantidad.
-¿Hay déficits puntuales más que generales?
-Lo que estamos atravesando seguramente es en algunas especialidades. En su momento, en la pandemia, faltaban terapistas; hoy vemos que tal vez faltan psiquiatras, faltan pediatras… Porque también influyen algunas modas, ¿no? Hoy vemos que la mayoría de los estudiantes son mujeres y eligen profesiones que no sean tan sacrificadas, y se tiran más para la Dermatología. Va mutando un poco esto. Pero la verdad es que se está cubriendo entre el 83 y 90 y pico por ciento de las vacantes de las residencias, con lo que entendemos que el sistema está cubierto, ya sea a nivel nacional como a nivel local.
-¿Puede ser también que este cambio tenga que ver con exponerse menos al conflicto social, a guardias en las que hay casos difíciles en cuanto a reclamos hacia los médicos y casos más graves con gente más deteriorada?
-No sé si tanto que ver con lo social y con lo que estamos atravesando a nivel sociedad, porque la verdad es que nuestros alumnos se entusiasman mucho en llegar al sistema, conocer la realidad social e interactuar con los pacientes. Está bien que el sistema nos está exigiendo cada vez más. De hecho a veces hablamos de violencia, de agresiones, pero tampoco es un fenómeno tan alto, ¿no? Yo creo que tiene que ver más con esto: con el cambio de expectativa de la gente joven, qué tipo de vida se quiere llevar.
-Sí, creo que estos cambios tienen que ver más bien con lo que le pasa a la juventud, a la gente joven, cómo proyecta su estilo de vida, cuáles son sus expectativas. Cuánto se quieren sacrificar, cuánto quieren ganar y en qué condiciones quieren vivir. A veces uno los escucha y te dicen que los fines de semana quieren estar con amigos. Y cuando uno se formaba la verdad es que quería estar en el hospital viendo pacientes. Y por ahí el fin de semana era cuando más pacientes ingresaban. O sea que obedece a cuestiones personales.
Negri es legisladora porteña y desde marzo será la decana de Medicina. Foto: Federico Lopez Claro-¿Y qué pasa con los médicos una vez que se reciben? El dato delicado es que muchos se van al exterior para conseguir mejores condiciones laborales. ¿Cómo ve esa situación?
-La verdad que no lo vivimos así. Es un mito. Convivo con médicos 24 por 7 y no es lo que uno ve. A nivel de la universidad hacemos algunas encuestas y reflejan que aproximadamente un 10 u 11 por ciento de los alumnos manifiestan tener ganas de terminar de formarse en especialidades en el exterior. Y eso no se llega a concretar. En Argentina tenemos una idiosincrasia muy particular: esto de la familia, los amigos. Si las vacantes de residencia se están cubriendo significa que el éxodo no es tan importante. Creo que tiene más que ver con ir afuera a hacer alguna capacitación específica, pero vuelven. Si habláramos de que muchos médicos se van estaría resentido el sistema de salud, y no lo vemos así. Entiendo que hay necesidades en el sistema, pero no es una casuística importante.
-Desde su mirada de experta en salud pública, ¿cómo evalúa el sistema de salud en la Argentina?
-Creo que tenemos un sistema de salud muy fuerte y sólido. Y estoy convencida de lo que digo por la calidad de profesionales que formamos, sobre todo en la Universidad de Buenos Aires. Conozco varios hospitales que tienen médicos investigadores a nivel internacional y compiten con otros países. Nos faltaría un poco de tecnología que permita que algunos profesionales no decidan ir a capacitarse al exterior, como es el caso de la cirugía robótica. Como esto es reciente en nuestro país y en la Ciudad de Buenos Aires, se van a capacitar a Japón, a China, y la verdad que nosotros podríamos tener tecnología de vanguardia para ofrecerle a esos residentes que se están formando y no necesiten capacitarse afuera.
-Sorprende un poco esta mirada optimista en un contexto que, empezando por los paros de los que hablábamos al comienzo, no parece ayudar.
-Entiendo que hay algunas cuestiones que no escapan a lo que está pasando en el país y en la sociedad. No obstante, el recurso humano formado es muy sólido y muy comprometido. Y hago referencia a lo que sucedió en la pandemia: los profesionales de la salud no teníamos horarios ni días. No nos podíamos sumar a todas las situaciones de aislamiento previstas por el Gobierno porque teníamos que salir a trabajar, y nadie hizo hincapié en no hacerlo o en escatimar recursos. Creo que eso nos fortalece como país también.
-Cada tanto reaparece la idea de cobrarle a los extranjeros en la universidad pública. ¿Usted estaría de acuerdo?
-Considero que hay un porcentaje bajo de estudiantes extranjeros, es más lo que ellos nos dejan a nosotros en todo lo que consumen como “turismo universitario”, por llamarlo de alguna manera, que lo que le convendría por ejemplo en este caso a la Ciudad, el hecho de cobrar una cuota o un incentivo. Pero yo fui electa recién ahora como decana, creo que es un tema que vamos a tratar ya en la próxima gestión, camino a la elección de un nuevo rector de la universidad, y estaremos ahí discutiendo este tipo de problemáticas si se siguen presentando.









