Lleva once meses en El Cairo y por momentos el día a día es inabarcable. Nunca se imaginó la argentina Selena Garzón (29) estar instalada en Egipto y mucho menos con una pareja y su hijo. «¿Te venís conmigo? Quisiera que me acompañes a seguir esta aventura», Más o menos así fue la propuesta que Dominic, su novio austríaco le hizo a fines de 2024. Pedagogo y terapeuta del habla, a Dominic le salió un trabajo en El Cairo y después de algunos cabildeos, Selena tomó coraje y se embarcó rumbo al norte de África.
Salteña, licenciada en comunicación y empleada en el área de marketing para una empresa ecuatoriana en modo remoto, Selena está fascinada con su inesperada vida actual. «El Cairo es hermosa en el sentido de la historia que me rodea, todavía no caigo. Hay muchísimo para descubrir y explorar y, en general, las experiencias con la gente local son muy cálidas. Ojo, necesité mi proceso de adaptación, que me llevó unos meses para entender la idiosincrasia… Hoy estoy más involucrada con la cultura acá y es mucho más de lo que imaginé»
Dice Selena que el Mundial es un nuevo descubrimiento, como lo vienen siendo los meses que lleva arraigada. «Acá es todo sensorial y visual, Ahora es como que descubrí al egipcio que disfruta de su seleccionado con pasión y orgullo, son muy nacionalistas y si bien el futbolista Salah no es un dios, sí es un ídolo absoluto. Me llama la atención lo ruidosos que son: dentro de mi casa se los escucha cantar y gritar los goles, y estando con ellos el ambiente es intenso y amigable. En las pausas del partido y en el entretiempo pasan música árabe a todo trapo».
Todo esa locura en medio de los cinco rezos que realizan por día, que es sagrado. «Acá suena el Adhan, que consiste en un canto melódico recitado en árabe, y todos los fieles musulmanes dejan lo que estaban haciendo y se ponen a orar. Es muy fuerte ver a la gente que, en medio de la calle, pone su alfombrita en la vereda y reza». En la videollamada con Clarín, desde su departamento, Selena levanta la voz. «Escucha, fijate ahí en frente, donde está esa mezquita y la torre». Se ve una torre desde donde salen los cantos por altoparlante y a la vez se encienden luces de colores.
Es de noche, tarde en El Cairo, donde Selena atiende a este medio y cuenta que son seis horas más tarde que en Argentina. Vive en un departamento del barrio internacional New Cairo, junto a Dominic y su bebé de cuatro meses Atón, que nació en la capital egipcia. «Fue toda una decisión que naciera aquí, pero la verdad es que todo salió de manera maravillosa, gracias a mi pareja, que fue un pilar esencial, y al doctor Tarek, el ginecólogo que me atendió en todo el embarazo y en el parto. Por suerte, llegaron mi mamá y mis dos hermanas», comparte la salteña que explica que «el nombre Atón es en egipcio antiguo y está relacionado con el sol».
Cuando Selena describe las escenas con las que se encuentra a diario, dice que «todo es muy fotografiable y filmable. Recuerdo los festejos de la semana pasada, cuando le ganaron a Australia, que fue una locura y salieron a festejar por las calles con bocinazos y banderazos…y un fondo con el Río Nilo, bien de película».
Va describiendo algunas secuencias de su cotidianidad. «El otro día tomé un taxi y el chofer era muy personaje. En general, están los que te hablan y los que no te dicen nada. Este que me tocó estaba escuchando el partido de Egipto y estaba súper concentrado y yo tratando de seguir el relato en árabe que era muy particular. Hasta que llegó el gol de Egipto y la locura del hombre y el ruido de la calle fue increíble. No me alcanzaba el tiempo para filmar y fotografiar con el celu».
«La increíble experiencia de ver un partido de Egipto en la terraza de un hotel y con el Nilo de fondo», expresa la argentina que vive en El Cairo.Hablando de taxis, Selena se reconoce una habitué, pero por una cuestión de prudencia. «En El Cairo no hay semáforos y hay lugares donde cruzar es realmente imposible. Yo no termino de acostumbrarme a este caos que se genera con el tránsito, pero nadie de pelea ni discute como nos pasa a nosotros en Argentina. Acá ese despiole está instalado, el tema es que por ahora yo no cruzo ninguna avenida y tampoco algunas calles, porque me parece muy peligroso. Hay que hacer un curso, te juro, por eso tomo muchos taxis, que son accesibles».
Cuenta otro hábito en la sociedad egipcia, pero muy repetido en estados jornadas mundialistas: «Es un ritual que acá fumen shisha, tradición que se puede ver en bares, restoranes o en las calles. No hay restricciones para esta pipa de agua en la que no sólo resulta una forma de consumir tabaco, sino un motivo de encuentro, relajación y convivencia. Para un extranjero es todo una experiencia para practicarla y mirarla».
Selena junto a su novio austríaco Dominic, con quien tuvo un hijo, Atón, en El Cairo.Selena habla en inglés con Dominic, quien participa en off de la charla con Clarín para evacuar algunas dudas. «Las pirámides famosas Keops, Kefrén y Micerino están en Guiza, en el desierto de Sahara, pero no están en el medio de una meseta arenosa, sino que bastante cercanas al casco urbano. Estamos averiguando si se puede ver el partido de Argentina allí cerca, sería una experiencia tremenda. También hay un grupo de argentinos que están organizando un encuentro en un bar con solo hinchas de nuestro país».
Hace saber que la Selección argentina «es muy querida, a Messi lo admirar pero es frecuente escuchar la pregunta ¿Messi o Cristiano Ronaldo? Cuando Egipto no juega, Argentina es un equipo querido». En un momento Selena comenta que es vecina de Salah, el astro egipcio y manda una foto de la puerta del domicilio donde viviría el goleador. Obviamente dirá que es un chiste, pero el cartel no deja de ser curioso.
El vecino de la argentina que vive en El Cairo se llama Mohamed Salah, igual que el goleador de la Selección egipcia.Sobre las costumbres, dice Selena que se adaptó rápidamente. «Trato de vestirme tranqui, austera, sin llamar la atención. Una vez me pasó que me puse un pantaloncito corto y sentí que una mujer me miraba intensamente y me sentí muy incómoda. Creo que esa fue la única vez. Trato de respetar la cultura y eso significa que uso pantalones largos y camisas cerradas. Todavía no me animé a llevar puesto el hiyab, el pañuelo que me cubre el pelo, pero calculo que lo haré pronto», dice la oriunda de Tartagal, de pelo largo, y cocinera de las infaltables empanadas salteñas de carne y papa.
«Más allá de esa situación, son muy cálidos los cairotas (nacidos en la capital), a los que definiría como amigables e inclusivos. No es sencillo hacer amigos, pero las personas que nos alquilan el departamento no dejan de decirnos que ‘somos familia’, algo que no se escucha habitualmente sobre todo si sos extranjero. Para el egipcio, la familia es todo y esta gente nos invitaron a su casa y nos presentaron a la mamá, que tiene mucho peso, y a la papá, que es todo un símbolo».









