La sombra de la guerra de Irán planea sobre la conmemoración de Trump del 11-S en el Pentágono | Internacional

La sombra de la guerra de Irán planea sobre la conmemoración de Trump del 11-S en el Pentágono | Internacional

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, rompió con la tradición que obliga a los presidentes estadounidenses, presentes y pasados, a participar en la ceremonia de conmemoración de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en la Zona Cero de Nueva York en los grandes aniversarios. Aunque en el pasado otros mandatarios se desplazaron en el mismo día a varias conmemoraciones, él optó por participar en este 25º aniversario solo en la del Pentágono. Y allí aprovechó su discurso para defender la guerra en Irán que ordenó lanzar hace más de seis meses, que vinculó, un cuarto de siglo después, con la guerra contra el terrorismo que declaró entonces su predecesor George W. Bush.

No está claro por qué Trump decidió desplazarse únicamente al Departamento de Defensa, separado de la Casa Blanca por poco más de cinco kilómetros y el río Potomac. La Casa Blanca lo ha atribuido a una cuestión logística. Pero en otros grandes aniversarios, sus predecesores Bush, Barack Obama y Joe Biden acudieron a los tres lugares de los ataques que mataron a cerca de 3.000 personas. Algunos medios publicaron que el mandatario había tomado la decisión porque los reglamentos de la ceremonia en la Zona Cero impiden dar discursos a los presidentes. El republicano negó entonces esa versión con vehemencia en un mensaje en sus redes sociales.

Pero Trump sí habló en la ceremonia en el Pentágono, después de que se leyeran solemnemente los nombres de los soldados y civiles muertos aquel 11 de septiembre en la sede militar. En su discurso, de unos 15 minutos, el presidente estadounidense prometió continuar la guerra comenzada el 28 de febrero. “No olvidaremos nunca”, invocó. “Por eso estamos combatiendo ahora. No tenemos otra opción. Solo podemos ganar”.

El mandatario rindió homenaje a las fuerzas de su país desplegadas en el exterior y, sobre todo, en Oriente Próximo para combatir en la guerra. “Saludamos a los miembros de las Fuerzas Armadas que trabajan ahora mismo para garantizar que el principal patrocinador del terrorismo en el mundo, la República Islámica de Irán, nunca jamás cuente con un arma nuclear”, declaró en su alocución, en la que relacionó el conflicto actual con la guerra contra el terrorismo de Bush.

Es un vínculo tanto más llamativo por cuanto el antiguo magnate inmobiliario prometió una y otra vez durante su campaña electoral evitar el tipo de “guerras eternas” que Estados Unidos libró en Irak y Afganistán durante dos décadas. Bajo la etiqueta de la guerra contra el terrorismo, tuvieron un coste de cientos de miles de muertos -EE UU perdió 4.500 soldados solo en Irak- y heridos, y 8 billones de dólares, según los cálculos del proyecto Costs of War de la Universidad Brown.

Fue la única alusión a la actualidad. El resto del discurso mantuvo un tono apolítico, centrado en la historias de las víctimas y los supervivientes del atentado contra el edificio del Pentágono: “Honraremos sus vidas, protegeremos este país como nunca”, prometió.

Un total de 184 personas murieron cuando el vuelo número 77 de la compañía aérea United Airlines se lanzó contra los muros de la sede militar a las 9.37 de la mañana de aquel día hace 25 años. De las víctimas, 59 eran pasajeros o tripulantes del avión. Las restantes 125 eran personal civil o militar que trabajaba en el Pentágono.

El discurso del presidente estadounidense se produjo cuando el panorama de la guerra se agrava. Mientras el estrecho de Ormuz continúa cerrado y las fuerzas de Estados Unidos e Irán intercambian ataques con regularidad, el conflicto abre un segundo frente y las milicias hutíes en Yemen, aliadas de Irán, parecen a punto de hacerse con el control de otro cuello de botella estratégico para el comercio mundial: Bab el Mandeb, la llave que abre —o cierra— el mar Rojo y las rutas que comunican el Índico con el mar Mediterráneo.

Como Trump, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, que le había precedido al hablar en la ceremonia, aprovechó su alocución para defender también la guerra. “La presión económica aumenta cada día”, apuntó. “Nosotros controlamos el estrecho. Acabaremos (con éxito) esta lucha”.

En la ceremonia también intervino la antigua secretaria de Estado Condolezza Rice, que evocó la conmoción de aquel día en el que Estados Unidos cambió para siempre. “Aquellos de nosotros al cargo aquel día no previmos la naturaleza del peligro a tiempo para impedir los atentados del 11-S”, reconoció. “Hicimos lo que sabíamos hacer, pero por definición no fue suficiente”.

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