Una vez, esto ya lo habré mencionado alguna vez, no sé en qué página o en qué medio, quizá incluso en este, una vez, yo era chico, había salido a la puerta de casa a contemplar las bellezas del asfalto recién puesto por el municipio, y en esos éxtasis estaba cuando vi pasar el carro del lechero, que arrastraba un caballo viejo y lento. El caballo iba al paso, por la calle lateral, de tierra, dispuesto a cruzar la calle nueva. Llevaba sus anteojeras, los caballos son asustadizos y temen todo aquello que no logran focalizar, y a causa de esa prevención casi ocurrió una desgracia, porque por la calle nueva pasó un auto como un bólido y, no sé si el lechero estaba medio dormido y despertó a último momento y anticipó su catástrofe en el segundo final, tirando de las riendas, o en un instante, viendo la sombra del bólido proyectada, el caballo cabeceó hacia arriba, lo cierto es que la noble bestia esquivó su atropello y el coche pasó raspándose la pintura contra las varas.
Tiempo después leí que, de joven, Alejandro Magno dominó al caballo más salvaje de Macedonia, al que nadie podía montar, al descubrir que la noble bestia temía a su propia sombra, que no reconocía como propia. ¿Pero acaso una sombra es nuestra o es lo más ajeno de lo propio? En todo caso domó su Bucéfalo poniéndolo de frente al sol para que no se espantara. Y tiempo después de ese tiempo vi una película de Peter Greenaway, El contrato del pintor, en la que encontré una frase que anoté y luego perdí y ahora no puedo rescatar porque la película sólo se encuentra entera en inglés, idioma que no domino. Pero mi monolingüismo no omitió del todo el recuerdo. En la peli decían algo así como que las opciones de un artista en el momento de la creación de su obra implican una reducción del espectro de lo posible y una sumisión al asunto que tal vez es tal vez un decrecimiento inconsciente y sostenido de la inteligencia. O tal vez decía todo lo contrario. Sin duda la frase era más corta y eficaz, brillante. Y entonces recordé la escena del caballo y sus anteojeras.
Lástima. Debo concluir justo donde empezaba calentar motores para atropellar el tema.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.










