El Ultramaratón de Badwater, que se corre cada año en California, es conocido como «la carrera a pie más dura del mundo» porque su trazado de 217 kilómetros expone a los participantes a condiciones extremas: temperaturas que habitualmente alcanzan los 50° C, un aire seco y sofocante, un asfalto que derrite las suelas de las zapatillas (literalmente, en algunos casos) y desniveles brutales. Una experiencia reservada solo para atletas con mucha experiencia en ultra trail, que la española Carmen Pérez, ganadora de la edición 2026 con un nuevo récord femenino de la prueba, describió a la perfección en una sola frase: «Es como correr en una freidora de aire».
La valenciana de 44 años, que completó el recorrido en 21 horas, 5 minutos y 32 segundos (bajando por casi 40 minutos la antigua mejor marca), relató lo que vivió durante la prueba, que parte de la Cuenca de Badwater, a 85 metros bajo el nivel del mar, y culmina en el Portal Whitney, punto de partida de la ruta hacia la cima del Monte Whitney, a 2.530 metros.
«Los 52 grados lo primero que te dan son miedo. Antes de la carrera hablé con mi hermano y un par de amigos y les dije que estaba asustada. Además de la temperatura, sopla un aire que te seca totalmente las fosas nasales. Nos tuvimos que poner una crema especial en la nariz porque nos salía aire ardiente. Es muy fuerte. Otros años, durante la noche, la temperatura cae a 43 grados, pero en este no bajó de 49», contó en declaraciones difundidas por el diario Marca.
Según la página oficial del evento, el recorrido por el Parque Nacional Valle de la Muerte -considerado el lugar más cálido del planeta- tiene un desnivel acumulado de 4.450 metros de ascenso y 1.859 de descenso, lo que pone a prueba la resistencia de los corredores.
«A los 60 km hay un puerto de 27 km de subida, que luego desciende 22. Es una bajada que te liquida las piernas. Y luego para terminar hay otro ascenso de 24. El aire es abrasador. Es como si te metieses en una air fryer. El ambiente te seca y no podés agarrar ningún ritmo. Pero aún así, la disfruté muchísimo», contó Pérez, que largó a las 10 de la noche.
«El éxito ha sido no salirme de las pautas de hidratación y alimentarias», agregó la española, que tomó 25 litros de agua, con ingestas periódicas carbohidratos y sales sódicas. Tan extrema es la pérdida de agua durante la prueba -causando agotamiento y calambres musculares- que ella apenas paró dos veces para orinar en las 21 horas de carrera.
«Fuimos muy meticulosos. Hasta me chupaba el brazo y según notaba cómo estaba de salada la piel, sabía si tenía suficientes sales o no. Podrá parecer un método paleolítico, pero fue efectivo», explicó.
«Se trataba de escuchar al cuerpo, aunque según avanzaban los kilómetros, me sentí mejor y mejor. Pasé un momento delicado a la altura de los 160 kilómetros, cuando mi equipo no me pudo avituallar hasta tres kilómetros después y hacía 52 grados, pero no fue muy grave. Estuve muy bien atendida por mi equipo con agua, toallas heladas, hielo… Verlos cada 15 minutos fue una motivación extra. Y en la última parte del recorrido, en los últimos 20 km, sentí que tenía cuerpo y piernas», cerró.
La idea de esta aventura extrema nació a principios de los ’70 cuando algunos ultra runners estadounidense se propusieron unir el punto más bajo y el punto más alto de los Estados Unidos continentales, la Cuenca de Badwater y el Monte Whitney. El primero en conseguirlo fue Al Arnold, quien en 1977, y tras intentarlo varias veces sin éxito, logró hacer cima en esa montaña luego de 80 horas de recorrido. Y diez años más tarde, la carrera se transformó en una cita anual reservada a unas pocas decenas de corredores seleccionados.
Para poder correrla, un atleta tiene que acreditar haber completado previamente al menos cuatro pruebas extremas de 100 millas (160,93 kilómetros) y pasar un test psicotécnico. Es que las durísimas condiciones ponen a prueba no solo el físico si no también la mente de los competidores.
La organización no otorga ningún tipo de ayuda ni abastecimiento. Cada corredor es responsable de organizar su propio equipo, que lo sigue en un vehículo y le va suministrando agua, hielo, comida o primeros auxilios. Y a partir del kilómetro 130, esas personas pueden bajarse del coche y acompañarlos durante el resto dela carrera, algo que a veces puede ser vital.
¿Cuál es la recompensa a tanto esfuerzo y sacrificio? Ningún monto en dinero, porque no hay premio para el ganador. Quienes completen la prueba en 60 horas o menos reciben una medalla o una hebilla conmemorativa para el cinturón. Los que se animan al desafío, lo hacen solo movidos por su pasión por el ultra trail.









