Lápiz, cartera, hoja de registro “y la bendición de mi mamá”. Es todo lo que ha llevado este lunes Javier García, de 19 años, al examen presencial de la UNAM. “Me recomendaron dejar el celular, el reloj y no me voy a parar ni al baño. No vayan a decir que hice trampas”, dice. Él y otros 43.000 aspirantes presentan durante los próximos tres días, y por segunda ocasión en tres meses, la prueba de acceso a la universidad pública más codiciada del país, el inédito examen de control que la institución ha tenido que aplicar tras el fracaso de la prueba en línea y a distancia en la que una buena parte de los aplicantes hizo fraude.









