las 3 claves de la escuela del futuro

las 3 claves de la escuela del futuro


Los trabajos cambian antes de que las universidades terminen de actualizar sus planes de estudio y nadie sabe con precisión qué profesiones seguirán «vivas» dentro de una década. La inteligencia artificial puso en jaque qué tipo de personas debe formar la escuela para que puedan desenvolverse en un mundo donde la única certeza es el cambio permanente.

Ese fue el eje de la quinta edición del Día de la Educación Roberto Rocca, organizado por el Grupo Techint, donde investigadores, pedagogos y especialistas debatieron sobre el futuro del sistema educativo. No hubo discusión sobre herramientas digitales, sino que el encuentro giró alrededor de una idea común: la escuela necesita volver a «enseñar a pensar». Y también aparecieron perfiles interesantes sobre cómo deberían ser los nuevos alumnos.

El presidente de Tenaris para Cono Sur, Andrea Previtali, abrió la jornada y recordó que la relación del grupo con la educación se remonta a más de un siglo, con la creación de la primera escuela para sus operarios en Dalmine, Italia. Y explicó que la Escuela Técnica Roberto Rocca, en Campana, donde está esa planta industrial en Argentina, fue una experiencia piloto para fortalecer el vínculo entre la industria y la formación de futuros trabajadores, que terminó replicándose en otros países donde opera la compañía.

Según planteó, para 2030 las capacidades requeridas por sus trabajadores serán «un 40% diferentes de las que hoy demanda el mercado», por lo que un programa educativo necesita de un «diálogo continuo».

Una pregunta guía permitió abrir el debate, que se alejó en sí de la tecnología: «¿Los jóvenes están más preparados para el futuro que lo que creen los adultos?».

Para Mariano Narodowski, pedagogo e investigador de la Universidad Torcuato Di Tella, la respuesta requiere escapar de los lugares comunes. «Hay bastante evidencia antropológica de que vivimos en una época prefigurativa, donde la transferencia de saberes no se da solamente de los viejos a los jóvenes sino también de los jóvenes a los viejos», comentó.

Los cambios tecnológicos, sostuvo, son tan acelerados que «quienes crecieron en ese contexto poseen una plasticidad diferente para desenvolverse«. Pero advirtió que no significa mucho en sí: «Que un chico scrollee en una tablet mejor que nosotros no quiere decir que sepa más». Para Narodowski, confundir destreza tecnológica con conocimiento es uno de los principales errores de la discusión educativa.

Por eso insistió en que la escuela no puede resignar los contenidos que históricamente construyeron el pensamiento científico. «No podemos construir la base de lo nuevo sin tener el sustrato que la ciencia moderna nos legó», sostuvo. Matemática, física, química, historia, geografía y sociología –enumeró– «siguen siendo la base sobre la que después podrán desarrollarse las habilidades blandas», o las competencias específicas que demande el mercado laboral.

Incluso vinculó esa necesidad con el contexto económico actual, de mayor competencia, por la apertura al mundo: «En esos países que compiten las disciplinas duras se enseñan con rigor».

La investigadora principal del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), Cecilia Veleda, llevó la discusión hacia la desigualdad educativa que atraviesa al país. Aunque reconoció las brechas entre provincias, escuelas y sectores sociales, consideró que el escenario actual ya excede esa explicación.

«Hoy casi estamos menos ante un problema de desigualdad que ante un problema de fracaso masivo«, afirmó. Como ejemplo citó los resultados de las pruebas Aprender, según los cuales apenas uno de cada cien estudiantes llega al último año del secundario sin haber repetido y con desempeño satisfactorio en Lengua y Matemática.

Veleda señaló además que los estudiantes argentinos de mayores ingresos obtienen resultados comparables con los alumnos de menores recursos de los países desarrollados. «Estamos todos en el Titanic educativo», resumió.

Uno de los planteos más provocadores llegó de Alejandro Piscitelli, filósofo y referente latinoamericano en innovación educativa. Para él, el problema no pasa únicamente por modernizar contenidos.

«Se habla mucho de educación disruptiva… disruptivo es tener comprensión lectora«, ironizó. Y también marca la necesidad de “saber con qué números te estás moviendo. Saber que el PBI del mundo es 110 billones de dólares, y que el 50% lo tiene Estados Unidos y China. Si no tenés los números no podés hablar de nada, porque estás opinando, no estas aseverando ni confrontando”.

Piscitelli dijo que la escuela continúa organizada para un mundo que ya no existe. Criticó clases incapaces de captar la atención durante más de unos pocos minutos y reclamó rediseñar el funcionamiento de cada aula más que reformar organismos burocráticos. «Hay que liberar la imaginación», resumió.

Su propuesta fue más allá de «liberarla unos pocos metros». Piscitelli habló de la importancia de desarrollar lo que llamó la “tercera cultura”.

La primera es la cultura científica, la segunda, la humanista, “que no se casan, porque los humanistas critican todo y no proponen nada, y los científicos pueden hacer cualquier cosa y te hacen una bomba atómica o neutrónica, y no saben para qué”. Entonces, detalló, la nueva figura que propone es la que desarrolla una responsabilidad científica y ética. “Preguntarse qué conecta qué con qué”, remarcó.

Citó el Círculo de la Creatividad de Krebs, que propone que en toda formación hay que tener cuatro habilidades potentes: “Una es la ciencia, que convierte la información en conocimiento; otras es la ingeniería, que convierte el conocimiento en utilidad; otra es el diseño, que convierte la utilidad en comportamiento; y otra es el arte, que rebobina todo y dice: ‘Empecemos este ciclo de vuelta’”.

Piscitelli habló de los polímatas, personajes de la historia que tienen una, dos, tres formaciones y que “son descollantes en todas”. Isaac Asimov, Susan Sontag y Jean Piaget son algunos de los nombres, y suele mostrárselos a sus alumnos para que se inspiren y “empiecen a pensar la realidad desde la potencia que da la recombinación de la tercera cultura, que en la escuela tiene que ver con la artesanía, con la transformación de la materia«.

Es que uno de los problemas que «tenemos en la educación -considera- es que siempre le damos primacía a lo abstracto sobre lo concreto. Y hay que ser artesanos, recombinar la primera cultura con la segunda cultura, que genera la tercera cultura”.

Para el experto, todos venimos siendo formados de una manera convencional, definida como “Forma I”. En una disciplina, algo vertical, como ser geólogo. Sabemos mucho de una cosa pero está la formación “T”, como explica, que “es una persona muy buena en lo que hace, brillante, pero que logra trazar un arco entre distintas áreas que a nadie se le hubiese ocurrido”. Lo ejemplifica como quien mezcla la biología con la ciencia de datos. Y la tercera formación es la “M”: «Es el polímata, el perfil multidisciplinario que te permite desarrollarte en distintas situaciones, en distintos dominios”.

¿Cómo tiene que ser el docente del futuro? “Como pueda”, responde. “Pero en realidad les convendría ir en dirección de la formación T y M. No porque los chicos los van a abandonar, sino porque la educación es un problema maldito. ¿Qué quiere decir? Que cada vez que lo querés solucionar, lo empeorás”, cierra.

La necesidad de pensar más que memorizar también apareció en las intervenciones de otros especialistas. Martín Salvetti, finalista del Global Teacher Prize y director educativo de Educación Técnica y Empleabilidad en Ticmas, resumió el desafío con una frase contundente: «El gran desafío de la escuela es enseñar algo que no existe».

«Muchos informes nos van a decir que los próximos millonarios van a ser los gasistas, los plomeros, los que instalan los aire acondicionados. Eso existe. Entonces, ¿por qué tenemos que pensar en algo que no existe, en un sistema educativo que les enseña a los chicos a no pensar?”, apunta.

Sebastián Mur, vicerrector del ITBA, también habló de recuperar el pensamiento científico: «Necesitamos que todos pensemos y nos aboquemos a las ciencias. Pido mucho STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática) como base de la educación futura».

El decano de la UTN Regional San Nicolás, Tomás Arvetta, coincidió en que el objetivo central debe ser formar personas con pensamiento crítico, capaces de reconvertirse cuando cambien los trabajos. Pero advirtió que hoy las diferencias de formación entre estudiantes que llegan desde distintas escuelas son demasiado marcadas. «No debería pasar. La escuela tiene que ser igual para todos», concluyó, en un encuentro que tuvo más puntos en común en el diagnóstico crítico de la educación, que desacuerdos.

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