Una marea de cientos de personas cortó el miércoles la principal avenida de Bogotá con decenas de causas distintas como bandera pero un adversario común: el presidente Abelardo de la Espriella. A dos meses y una semana del cambio de gobierno, la izquierda colombiana ha lanzado su primer órdago contra el Ejecutivo derechista del abogado penalista. La protesta callejera, agitada por el propio expresidente Gustavo Petro, era un fantasma que sobrevolaba el país desde el mismo día de las elecciones del pasado junio, pero no se había concretado hasta ahora.
Entre las pancartas de sindicatos, maestros, campesinos, estudiantes e indígenas podían encontrarse piñatas del “fascista” De la Espriella apuntando con un arma o carteles en los que aparece vestido de presidiario junto a su excliente Alex Saab, el testaferro de Nicolás Maduro que responde ante la justicia de Estados Unidos. Pero la manifestación en Bogotá parecía una especie de catarsis para liberar todas las frustraciones acumuladas desde que De La Espriella venció al candidato de la izquierda Iván Cepeda por apenas 250.000 votos. Durante horas los manifestantes, con un lenguaje explícito, repitieron una misma consigna, “Abelardo, gonorrea, el pueblo no copea”, para insistir en que no concuerdan con sus políticas.
El mismo día que Colombia abría su embajada en Jerusalén, en una alianza extrema con Israel, los colombianos que salieron a la calle lo hicieron también por Palestina, vestidos con sus banderas y camisetas. “No somos el patio trasero”, se leía en una de las pancartas en alusión a la interferencia estadounidense que lidera Donald Trump en la región. Las consignas clamaban además por la educación pública y la defensa de los derechos humanos.
Juan Diego, un estudiante y mesero de 18 años, vino con un cartel repleto de símbolos: tachaduras contra Israel, el ICE de Estados Unidos, y un Tigre, el animal con el que se identifica el presidente De la Espriella. “Los verdaderos vándalos son los que dicen ‘Firmes por la Patria”, se leía junto a los dibujos. Dijo que siente rabia por las amenazas del presidente de reprimir la protesta si hay brotes de violencia, pero también valentía y motivación de salir justamente por eso. “Tenemos que defender la libertad de protestar como se nos dé la gana. Para hacer un cambio hay que ir contra las reglas, contra el Estado, contra ese señor”, afirmó. En la avenida no había mucha presencial policial junto a los manifestantes caminando hacia la Plaza de Bolívar.
Mientras Juan Diego hablaba, una multitud empezaba a ovacionar a una mujer. Con los ojos tapados por una venda, la joven golpeaba la piñata con la cara de De la Espriella. “Se va a caer, se va a caer”, gritaba la multitud. Las consignas, que durante los años del Gobierno Petro eran contra el Congreso y la oposición de derechas, ahora se han vuelto antiimperialistas. “Estamos contra el primer Gobierno norteamericano de De la Espriella”, decía un hombre en un megáfono. “No al intervencionismo norteamericano”, se leía en un cartel. “Fuera sinonistas, fuera gringos, fuera Abelardo”. El presidente de Colombia tiene ciudadanía estadounidense, algo que la oposición liderada por Cepeda y Petro utiliza como argumento para desconocer su legitimidad.
La agenda de género, el monstruo de las siete cabezas para los aliados conservadores de De la Espriella, también marchó en Bogotá. “Yo sé que todos estamos preocupados por la seguridad, pero no podemos hacer la vista gorda ante el medio ambiente o borrar la palabra niñas del discurso del Gobierno”, dice Juan Diego, que evita dar su apellido. “Una niña no sufre los mismos abusos que un niño”, sostuvo.
Lo ecléctico de la marcha responde, según el senador Cepeda, a que “se está intentando atentar contra todos los sectores simultáneamente”. Los ambientalistas protestan por el anuncio de fracking. Los campesinos marchan después de que el ministro de Agricultura dijera que ya no se puede hablar de campesinos. Los universitarios se movilizan ante la posible entrada de policía y ejército en los campus. Un borrador de decreto que abre la puerta a una mayor participación del sector privado en la administración de colegios públicos encendió las alarmas en la Federación Colombiana de Educadores (Fecode), el principal sindicato del país. Una iniciativa para crear un sistema de información sobre las guardias indígenas produjo algo similar en las organizaciones de pueblos originarios. El senador Cepeda también mencionó la amenaza al salario y a las pensiones, y un endeudamiento que, en su opinión, servirá para enriquecer a los bancos. “Todas esas políticas (…) lo que implican es una violación masiva, global, de los derechos de la gente”, subrayó.

Iván Cepeda se apostó en la cabecera de la marcha rodeado de sus guardaespaldas. El senador calificó la marcha como “la primera demostración” de la oposición a apenas dos meses del inicio del Gobierno de De la Espriella, al que acusó de tomar medidas arbitrarias y de amenazar con actuar contra las protestas en las calles. “Ha hecho múltiples acciones para intimidar a la movilización social. Entonces hoy le vamos a demostrar que no nos va a poder aterrorizar. Si insiste, habrá movilizaciones cada vez más grandes”, dijo. Según Cepeda, el presidente pretende “asfixiar a la gente”, recortar sus derechos, “pisotear el salario” y acabar con la reforma agraria, y enfrente encontrará a una oposición organizada que obtuvo casi 13 millones de votos. “La consigna única es todos contra De la Espriella”.
La jornada soleada en la mañana, antes de una lluvia torrencial al medio día, favoreció el primer pulso de la izquierda en las calles contra el Gobierno de Abelardo de la Espriella, que apenas unas horas antes se había blindado para actuar. La noche del martes, el presidente firmó el decreto con el que reforma el protocolo de actuación de las autoridades ante la protesta. La norma permite que la fuerza pública intervenga contra quienes cometan actos violentos —portar armas o explosivos, retener personas, agredir a terceros o destruir infraestructura— sin agotar antes las etapas de diálogo y mediación. El texto final, más garantista que el borrador que el Ministerio del Interior sometió a consulta durante apenas una semana, establece que la intervención debe dirigirse solo contra los violentos y no puede justificarse por la convocatoria, el contenido de la protesta o la presencia de manifestantes con el rostro cubierto. En su alocución del lunes, De la Espriella había advertido de que los bloqueos permanentes de carreteras o de los carriles-bus —una forma habitual de protesta— son “delitos” y no “derechos”, y acusó a los convocantes de buscar “el caos” para desestabilizar a su Gobierno. Su amenaza contra los que él llama vándalos es ya una de sus prioridades.
Las manifestaciones también se hicieron sentir en varias de las principales ciudades del país, sin grandes alteraciones del orden público. En Medellín, los estudiantes de las universidades Nacional y de Antioquia tuvieron protagonismo en la jornada, en la que también participaron sindicatos. El alcalde Federico Gutiérrez había advertido a primera hora que, si bien garantizaría la protesta, no permitiría ningún acto de “vandalismo”. Caso similar ocurrió en Cali, bastión de la izquierda, donde la protesta copó varios kilómetros de la calle Quinta, una de las vías arterias de la capital del Valle del Cauca. El puesto de mando unificado (PMU), en el que participó el alcalde de la ciudad, Alejandro Éder, reportó normalidad en las protestas, pasado el mediodía.









