Un martes, hace poco, las primeras cuatro personas de la cola de L’Industrie Pizzería del West Village de Manhattan, llegaron a las 11.38 de la mañana. Exactamente ocho minutos después se les unió un cliente solo vestido con camisa azul y después otros tres con ropa adecuada para el clima inusualmente caluroso. Detrás fue ubicándose media docena de personas más, a medida que se acercaba la hora de apertura al mediodía.
Todo esto se podía ver mediante una transmisión de video en vivo en el nuevo sitio web Damn Lines (Malditas colas) creado por Lucas Gordon, ingeniero de software de Nueva York, que utiliza imágenes de cámaras para proporcionar una visión en tiempo real de las filas de espera formadas afuera de cuatro restaurantes muy concurridos en el West Village ̶ L’Industrie, Breakfast by Salt’s Cure, John’s of Bleecker Street y Salt Hank’s ̶ , y varios más por agregarse.
El slogan del sitio sintetiza el sentimiento de mucha gente de la ciudad respecto al incordio de las filas largas: “A nadie le gusta esperar en una maldita cola.”
La cámara que enfoca hacia L’Industrie está situada en la parte inferior de un acondicionador de aire del último piso de un edificio de departamentos, frente al local del restaurante en Christopher Street. El ingeniero Gordon declinó hacer comentarios para este artículo, basándose en la política de publicidad de su empleador. Pero, según el sitio web, a los inquilinos con vista a estos apreciados restaurantes Gordon les paga un importe a cambio de permitir la instalación de la cámara.
Una vez colocada, la cámara envía una señal de alta definición al sitio de Damn Lines, en el que los usuarios también pueden ver qué días anteriores han sido más largas las filas, basándose en datos históricos de video, y programar en función de eso. Además pueden inscribirse para recibir notificaciones cuando las colas se extinguen.
Mirar las transmisiones de Damn Lines puede ser hipnótico: los clientes charlan y navegan por sus teléfonos, las filas se forman y se alargan según las horas de comida y los horarios de trabajo. No es muy diferente de ver las cámaras que documentan la salida de halcones de sus huevos.
No tienen nada de nuevo las colas en la escena gastronómica informal de Nueva York, como tampoco la idea de que la gente pueda ver en tiempo real cuánto tiempo tendrá que esperar por una porción de pizza o un sándwich. En 2006, el empresario de restaurantes Danny Meyer instaló una cámara web en lo alto de la cabaña original de Shake Shack en Madison Square Park precisamente con ese propósito.
“En nuestro equipo había personas que decían que era la mayor tontería que podíamos hacer”, contó en aquel momento Meyer. “Si ven que hay cola, no van a ir.”
Con el auge de las plataformas de redes sociales como TikTok, la epidemia de largas colas en la ciudad parece haber alcanzado una nueva dimensión. Es común que las filas de panaderías y restaurantes serpenteen por la cuadra generando tensiones entre los dueños de los locales y sus vecinos. (En 2024, Apollo Bagels estuvo a punto de ser desalojado de su establecimiento en West Village debido a las colas excesivamente largas. El local de esa misma cadena en East Village encabeza actualmente la lista de sugerencias de los usuarios de Damn Line para futuras transmisiones en vivo.)
En Breakfast by Salt’s Cure, que sirve algunos de los panqueques más deseados de la ciudad, los tiempos de espera pueden superar una hora entera los fines de semana. Lula Phelps, propietaria de los cinco locales de ese restaurante en Nueva York y Los Ángeles junto con su esposo Phillip, dijo que ella agradece la presencia constante de las colas, dado lo complicada que puede ser la economía de un restaurante. “Tenemos suerte”, afirmó.
Pero también mencionó que ver una fila larga puede ahuyentar tanto a clientes nuevos como a los habituales del barrio. Puede incluso tener un efecto psicológico duradero en consumidores potenciales.
“Si ves cola el sábado a la mañana es posible que te desanime para venir un miércoles a la noche, cuando no hay que esperar”, observó.
Hasta que la contactó un periodista, la señora Phelps no sabía que Damn Lines estaba transmitiendo en directo el frente del local de Salt Cure en West Village. Le gusta que sus clientes puedan mirar en vivo cuánto hay que esperar. Ella misma había pensado en instalar una cámara, pero nunca se puso a concretarlo…, debido a las largas filas cotidianas.
No a todas las personas las desalientan las esperas prolongadas. Eric Casey y Brady Distefano, dos amigos que se habían llegado hasta L’Industrie desde el condado de Rockland, estado de Nueva York, señalaron que ya en otras ocasiones habían esperado para comprar pizza allí. Al ver la cámara y la página web de Damn Lines, se encogieron de hombros.
“Aunque hubiésemos visto la cola de antemano, no habría cambiado nada”, dijo Casey. “Hubiéramos venido igual.”
Traducción: Román García Azcárate.










