Naasón Joaquín, líder de la iglesia evangélica La Luz del Mundo, está sentenciado en Estados Unidos por abuso sexual de menores y enfrenta nuevas acusaciones federales por crimen organizado, tráfico sexual y pornografía infantil. La justicia del país norteamericano define a la congregación como una secta y la vincula a actividades de blanqueo de dinero. En México, en cambio, la Fiscalía General de la República (FGR) dio carpetazo a una investigación de siete años, alegando que no encontró elementos para perseguir algún delito. Las víctimas del Apóstol de Jesucristo, como llaman sus seguidores a Naasón Joaquín, acusan recibo del portazo en sus caras. “Me siento engañada. Me robaron la esperanza”, dice Sochil Martin en entrevista telefónica. “El problema es que en México hay un casamiento, un pacto, entre el Gobierno y La Luz del Mundo”, reprocha.
Martin y su esposo, Sharim Guzmán, de 40 y 41 años, fueron los primeros en alzar la voz para denunciar los crímenes cometidos por los jerarcas de la congregación evangélica. Sus acusaciones han llegado a las autoridades y también han saltado a la luz pública; han acompañado a otras víctimas, animándolas a denunciar; han expuesto los vínculos de integrantes de la iglesia con el aparato político y judicial; con viajes constantes entre México y Estados Unidos, han empeñado gran parte de su vida en la búsqueda de justicia en ambos países. Por eso, sienten como una traición la decisión que tomó la FGR pocos días después de que Ernestina Godoy, una funcionaria muy cercana a Sheinbaum, asumiera como titular de la dependencia.
Esta semana, un día después de que EL PAÍS diera a conocer el carpetazo de la Fiscalía, la presidenta se refirió a Godoy como “una feminista histórica y una defensora de los derechos humanos de toda la vida”. Martin, que impugnó la resolución de la FGR ante la justicia, cuestiona: “Es fácil ponerle el nombre de feminista a quien sea”. La activista critica que la fiscal, que lleva cuatro meses en el cargo, no haya buscado un contacto con las víctimas de La Luz del Mundo antes de mandar la investigación a un cajón. “No le importó”, reclama. “Ella tiene, literalmente, todo el poder en sus manos para hacer justicia a muchas personas. Yo tengo una hija y me preocupa la infancia que está allí adentro [en la congregación]. Lo que dijo la presidenta es una vil mentira”, asienta.
La FGR notificó a Martin a comienzos de enero de su resolución de no ejercer acción penal contra los líderes de la iglesia señalados, confirmando el manto de impunidad de que han gozado en México desde hace décadas. Las acusaciones en EE UU retratan cómo operó La Luz del Mundo sobre la base de la explotación financiera y sexual de sus creyentes, a los que se inculcó una obediencia inquebrantable al líder de la iglesia, desde el abuelo de Naasón ―el fundador―, pasando por su padre y finalmente hacia él mismo. Cuando Naasón fue detenido en EE UU, en 2019, la iglesia evangélica utilizó su influencia religiosa y su poder financiero en México para intimidar y coaccionar a las víctimas y obligarlas a guardar silencio. Además, los cómplices de Naasón destruyeron evidencias.
Un imperio como ese no se explicaría sin los vínculos de los jerarcas con la élite política, primero en Jalisco, donde nació la iglesia, y ahora a nivel federal, que Martin y Guzmán han denunciado con persistencia. Algunos personajes influyentes de la congregación han saltado a la primera línea de la política de la mano de Morena, el partido oficialista, caso del exdiputado Hamlet García Almaguer y del senador Emmanuel Reyes Carmona, ambos fuertes defensores de la inocencia del Apóstol de Jesucristo. Otras personas ligadas a la iglesia se postularon a jueces en 2024 y ganaron las elecciones. García Almaguer, de hecho, intentó convertirse en fiscal general. “Ellos son la cuota de La Luz del Mundo en Morena, y desde ahí encubren a la secta”, sostiene Guzmán. “Son como sindicatos, que dan dinero y votos, y a cambio reciben representaciones”.
En septiembre del año pasado, la pareja aprovechó la visita de la presidenta Sheinbaum a Mexicali, Baja California, para entregarle, a través de un emisario, una carta en la que le pedían apresurar a la FGR a presentar el expediente ante los jueces, tras siete años de espera. “Estamos preocupados por la integridad de las víctimas que hemos escapado y los que siguen dentro de esta organización”, le decían en la carta, en la que además acusaban que “en los últimos años” no habían sido informados de avance alguno en las indagatorias por parte de la Fiscalía. Guzmán detalla en la entrevista todas las trabas a que los sometieron las autoridades de la FGR, por ejemplo, no recibirles en sus oficinas, o citarles en Ciudad de México con apenas dos días de anticipación —ellos viven en la frontera con EE UU— y sin proporcionarles viáticos. “La carpeta de investigación no avanzó porque ellos así lo quisieron, porque tenían los elementos”, señala.
En la carta a Sheinbaum, le apremiaban a evitar que México “se convierta en un espacio de impunidad frente a delitos de carácter transnacional”. Guzmán lamenta que la protección a los jerarcas de la iglesia evangélica en México y la desprotección a las víctimas. “Yo le pediría a la presidenta que rompa el pacto que tienen con La Luz del Mundo, tanto en su partido, Morena, como en las instituciones”, asienta. Martin es menos optimista: “Estoy harta de pretender que va a haber justicia en México. Pero, por lo menos, espero que la presidenta haga un poquito de cambio y se vaya de esa posición con algo de integridad”.









