La familia, el lugar de nacimiento, la nostalgia de la infancia, los olores pueden ser lugares comunes en los que caen quienes carecen de talento para convertir lo cotidiano en algo extraordinario. Pero también pueden ser reservorios de inspiración de quienes sí lo poseen, como la fotógrafa Laura Ferro y su trabajo sobre los desechos de lana negra en la producción ovina de la Patagonia que exhibe en Fundación Larivière.
A partir de una investigación desarrollada durante años acerca de la industria lanera y de su propia historia familiar, la artista, que también es psicóloga, pone el foco en la lana negra y las ovejas que la producen.
En otro plano, se trata de aquello que permanece al margen de los relatos dominantes; esa lana oscura que el sistema productivo considera un residuo, descarta, y hasta mantiene muy lejos de lo productivo, Ferro la pone en valor, la convierte en material fundamental para su obra, al convertirla en hilo conductor de su proyecto artístico.
El curador español con residencia en Chile Gonzalo Golpe conoció a Ferro durante una estancia de esta en Italia y, mientras realizaba su maestría, de a poco le presentó al curador su mundo. Laura proviene de una familia patagónica dedicada a la cría de ovejas que dan lana merino.
Al menos tres generaciones anteriores a ella ya se dedicaban a esta industria donde el oro es blanco. Es que la lana merino para que mantenga su valor de mercado debe ser blanca, nívea, de espumas, de nácar, como un poema de Alfonsina Storni.
Laura Ferro con Curaduría de Gonzalo Golpe presenta la muestra Lana negra en Fundación Larivière Fotos: Cecilia Profetico.Y cuando una oveja negra se filtra en el rebaño es separada rápidamente. Ella no puede mezclarse, porque si una fibra de esa lana se mezcla en un lote blanco se lo considera contaminado y pierde su valor. “La lana negra no es lana negra, es todo lo que nos marca, todo lo que no es flexible, suave, transformable, rentable, eficaz”, sostiene Golpe.
Historia familiar
Las fotografías de Ferro, así como el montaje, funcionan como una metáfora. No renuncian a ser hermosos encuadres y preciosas escenas, sino que revelan formas de abordar la historia familiar. En su familia unos se dedican a criar ovejas; ella a desandar caminos para utilizarlos como insumo artístico.
“El trabajo de Laura se ha fundamentado no en una línea documental, ni siquiera en una línea autorreferencial, más bien en una línea poética, en una línea de integración, una línea en la que tú no renuncies a una cosa”, describe el curador.
En Lana negra se exhiben fotografías de los últimos diez años y otras tomadas del álbum familiar de los campos. No es la primera fotógrafa de su familia, sino que creció viendo a su abuelo que, además de ingeniero, siempre llevaba consigo la cámara.
Un gran hallazgo de la artista es cómo incorpora a su serie ese material documental. Hay que detenerse a observar detalladamente si las fotos antiguas no son, en realidad, actuales con un filtro en blanco y negro.
La muestra incluye también una proyección audiovisual y una pieza de lana tejida, clave en su vínculo con las ovejas descartadas. La lana negra que su padre obtenía de ellas, al no poder comercializarla, la utilizaba para que tejedoras artesanales del lugar le realizaran sweaters para trabajar.
Ferro recuperó una de esas prendas tras la muerte de su padre. Ese hallazgo permitió resignificar un material históricamente relegado. De alguna manera, él reivindicaba ese descarte, tal como hoy lo hace ella al colocar a esas ovejas como las protagonistas de su muestra.
Laura Ferro con Curaduría de Gonzalo Golpe presenta la muestra Lana negra en Fundación Larivière Fotos: Cecilia Profetico.A la función metafórica de muchas de sus fotografías se le suma la presencia de su padre, que aparece como una sinécdoque. Prácticamente no vemos al progenitor de Ferro más allá de lo que nos muestra la fotógrafa: sus botas que parecen bailar con las patas de la oveja; su pelo canoso que se nos presenta como una continuación del vellón de las ovejas; o sus manos que abren la lana aún sin esquilar del animal.
Sobre esta última, la fotógrafa sostuvo: “Esta foto es muy muy clásica en el mundo ovino, abrir el vellón de lana para mostrar la calidad de la lana. También tiene algo muy sensorial, porque se puede ver hasta la piel del animal. Son las manos de mi padre abriéndolo, como abre un mundo también”.
En el medio de la sala cuelga una nube negra, la instalación que abriga toda la muestra. Está realizada de lana negra pura, sin ningún tratamiento.
En este punto el visitante se da cuenta de que, tal como explica la fotógrafa, la lana negra no es tal, sino que posee una escala cromática de marrones, grises y pardos que ella eleva al estatus de códigos dignos de ser presentados como si se tratase de un sistema Pantone convertido en obra de arte hermosamente presentado y enmarcado. Además, la lana negra huele y es evidente que ese olor proviene de la nube que se eleva sobre nosotros.
Laura Ferro con Curaduría de Gonzalo Golpe presenta la muestra Lana negra en Fundación Larivière Fotos: Cecilia Profetico.Conectando con el duelo
“La idea de la nube surge con la partida de mi padre –recordó Ferro–. Yo en los primeros tiempos no estaba conectando con el duelo. Cuando encontré en su mesita de luz unas muestras de lana, generalmente era de tener, o para enviar al laboratorio o para medir, y cuando olí esa materia, a mí me llevó, esto fue en el año más o menos 2020, a bajar todas las barreras y conectar con ese duelo y con la emoción. Sentí que había algo de esta materia, de la cual desde que yo nací me rodeó, que tenía que investigar desde otro lugar totalmente distinto”.
Y están las ovejas. Aparecen fotografiadas en sus rebaños, como kilos de vellón crudo o posando como los corderos de las obras renacentistas. Están las actuales y las que fotografiaron los antepasados de Laura, como aquella que muestra a una oveja ganadora, con sus cucardas, posando perfectamente de perfil junto a los antepasados de Laura.
Laura Ferro con Curaduría de Gonzalo Golpe presenta la muestra Lana negra en Fundación Larivière Fotos: Cecilia Profetico.Están también los paisajes de las estepas patagónicas, donde faltan las ovejas, y la montaña de residuos que queda luego de que la lana merino es exhaustivamente lavada para convertirse en materia prima industrial (de las fotografías que mejor demuestra el poder de interpretación de la obra de Ferro).
Por último, mezclada entre las blancas, aparece una oveja negra, raza karakul, en una fotografía de 1924. Pequeña, tímidamente mirando de perfil, desconoce que 100 años después su color será reivindicado por una descendiente de esa familia criadora de ganado ovino.
Lana negra, de la fotógrafa Laura Ferro, se exhibe en Fundación Larivière (Caboto 564).










