Los artistas Gachi Hasper y Fabio Kacero se encuentran en una muestra llena de color e ilusiones

Los artistas Gachi Hasper y Fabio Kacero se encuentran en una muestra llena de color e ilusiones

En La Odisea –tan de moda estos días por el blockbuster de Christopher Nolan– Ulises se ata a un mástil de su barco para no sucumbir al encanto de los cantos de sirena que lo envuelven y le hacen perder la razón. En un juego de reapropiación del término pero con consecuencias más felices, la curadora Patricia Rizzo bautizó Cantos de sirena a su más reciente trabajo: unir en una muestra las obras de dos exponentes del arte de la década del 90, Gachi Hasper y Fabio Kacero.

En el espacio cultural de Banco Macro, en el hall de la torre que proyecto César Pelli en el microcentro porteño, se exponen trabajos de distintas épocas de ambos, en la primera colaboración entre los artistas gracias al ojo de Rizzo, quien también es curadora de la colección de arte del banco. “Creo que maridan muy bien. Ellos tienen lenguajes distintos, pero realmente se integran”, explicó.

Para Rizzo el trabajo de Prieto y Kacero comparten un “poderoso componente de seducción visual”.

Son dos seductores, dos ilusionistas. Gachi es una gran estudiosa en la percepción del color, y Fabio hace pasar el invierno. Es como una ilusión”. De ahí que surgiera el nombre Cantos de sirena.

Aunque la muestra no fue pensada como una antológica de cada artista, la curadora eligió obras clave del recorrido de cada uno.

De Hasper, cuyo trabajo se centra en las investigaciones sobre la abstracción geométrica a través de una paleta personal, vibrante, festiva y cargada de luz, se presentan desde fotografías, vinilos, instalaciones de gotas que se despliegan desde el techo, cerámicas y una alfombra, obra realizada especialmente para la muestra en el Macro a partir de un diseño de ella.

Gachi se apropia del espacio, le pone sus variaciones de color y degrades. Sus experimentaciones se basan en alterar el cromatismo y descomponer la luz para crear ambientes e ilusiones ópticas.

Desde sus gotas, que dejan atravesar la luz y varían su proyección de acuerdo al momento del día, hasta el efecto de despliegue que consiguió simplemente con ubicar una alfombra junto a un vinilo pegado en una pared, la artista despliega sutiles juegos que irrumpen en el espacio y la vida cotidiana.

No faltan sus guiños a las intervenciones en los espacios públicos. Dos columnas del hall fueron revestidas con telas de colores que atraviesan distintas tonalidades a medida que caen hasta tocar el piso. Algo similar al trabajo que realizó en los pilares del nudo de la autopista que conecta la 25 de Mayo con la Arturo Frondizi.

En tanto, en ese espacio pensado de paso pero convertido en galería de arte los objetos nevados de Kacero captan inmediatamente la atención. Está la batería, la misma que exhibió en el Museo de Arte Moderno, de la serie Nieve Indoor. A esta le agregó una nueva obra hecha especialmente para la ocasión: una caja fuerte, préstamo del banco, sobre la que se posó su nieve.

Por otra parte, el universo caligráfico también característico del artista está presente en distintas series. Muchas de sus obras contienen símbolos, palabras sueltas, gestos caligráficos que ocupan el espacio, flotan y en ocasiones los acerca para armar conjuntos sin un sentido figurativo.

Se exhiben sus cuadros que remiten al arte madí, con sus marcos recortados, realizados en goma espuma, que también incluyen los símbolos del universo Kacero; además hay dibujos exhibidos en un tamaño como nunca antes lo había hecho.

En las obras de Kacero los elementos se relacionan de manera dispar, varían entre las referencias identificables y la abstracción.

Mención aparte merece la decisión de montaje de mostrar su serie Cajitas de transparencias, obras de la década del 90, en un espacio aislado y cerrado, donde el run run diario del banco se apaga para que el visitante pueda espiar las pequeñas escenas de símbolos y objetos que parecen flotar, efecto que logra al usar filminas transparentes y superpuestas alineadas en progresión.

Cantos de Sirena, de Gachi Hasper y Fabio Kacero en Torre Macro (Av. Eduardo Madero 1172/1180) de lunes a viernes, de 10 a 18 hasta el 30 de septiembre. Entrada: Gratis

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