“Dediqué un año entero de mi vida: horas, días, noches de estudio y muchos sacrificios por un examen de tres horas”, reclama Karely Ramírez bajo un paraguas que la protege del sol del mediodía en Ciudad Universitaria. La joven de 18 años participa este lunes en la protesta de cerca de un centenar de aspirantes a la UNAM, la universidad pública más codiciada del país. Frente a la torre de rectoría convergen quienes vieron cancelado su examen y los que pese a haber aprobado, deberán presentarlo nuevamente, esta vez de manera presencial. La UNAM reconoció el pasado viernes un alto porcentaje de trampas durante la prueba.














