“Los personajes que sufren las historias tienen derecho a contarlas”

“Los personajes que sufren las historias tienen derecho a contarlas”


La oralidad y la construcción de una voz fue el centro de la conversación en la presentación de la novela Tocan a muerto (Blatt & Ríos), el debut autoral de la española Laura Vivar el viernesen el Centro Cultural de España en Buenos Aires (CCEBA). Es que, como le contó Vivar a la escritora argentina Mónica Zwaig, no hubiera existido el libro sin ese modo de decir de su narradora, la abuela Milagros. La voz reverberó en la sala gracias al recitado de la actriz española Carmen de la Osa, que le dio cuerpo a esas palabras sobre la vida de aquellas mujeres de pueblo que atravesaron la Guerra Civil.

El encuentro, que comenzó pasadas las siete de la tarde, formó parte de una jornada titulada “Memorias de guerra y posguerra”, dedicada a la memoria histórica desde la perspectiva femenina. Un rato antes había ocupado la sala un panel de presentación de los libros Milicianas de papel (Iberoamericana Editorial Vervuert), de Virginia Bonatto, y Guernicas del lado de acá (Editorial UNLP), de Raquel Macciuci.

Tras una primera lectura de la actriz, Zwaig comentó que para la última Feria de Editores había escrito una breve reseña del libro de Vivar, sin saber que le tocaría presentarlo. En ese texto, que leyó a modo introductorio, señalaba el lenguaje “corrido y crujiente” de la novela y el poder de las palabras “para liberar secretos de familia, para hacer convivir España, el pueblo, la abuela Milagros, la Guerra Civil, con una chamana puericultora y abortera y también con las mujeres de luto y huevos, muchos huevos”.

Según contó Vivar, que estudió Filología Clásica en Madrid, la construcción de la voz de aquella abuela fue una “odisea lingüística” en la que de poco servían las teorías universitarias. “Esta voz no se puede inventar de cero, viene del alma, viene de la tierra, viene de una infancia atravesada por estas mujeres que tienen una forma de hablar muy concreta”, afirmó. “Creí además, desde el principio, que son los personajes que sufren las historias quienes tienen derecho a contarlas”, continuó.

Hemos accedido a la historia de nuestro país, a la historia de la Guerra Civil, a través del relato oficial.

Laura Vivar Escritora española

Mujer de la posguerra española

La abuela Milagros, arquetipo de mujer de la posguerra española, le habla a una nieta de la generación de Vivar. “Somos las nietas de estas abuelas de pueblo que hemos accedido a la historia de nuestro país, a la historia de la Guerra Civil, a través del relato oficial”, expresó la autora, nacida en 1986. Las clases de historia, los libros de texto y los documentales, dijo, no reflejaban la herencia de silencio que había recibido de su familia.

La escritora española Laura Vivar presentó en el Centro Cultura de España en Buenos Aires su libro Tocan a muerto. Foto: Martín Bonetto.

Aunque fácilmente podría pensarse a Tocan a muerto como un relato sobre la propia familia de la escritora, la historia es una ficción. Sin embargo, a Vivar la confusión de muchos lectores la divierte. “Si lo piensas, Instagram, TikTok, son pequeños fragmentos de autoficción que se novelan y se convierten en literatura para transformarlo en contenido y subirlo a las redes sociales».

«Entonces –continuó Vivar–, hay un puntito en el que a mí me gusta mucho cuando me dicen, ‘es autoficción’ y yo decepciono al 90% de la audiencia cuando digo, ‘no’”, dijo, imitando el gesto de esos lectores defraudados. “Hay una parte en la que yo me siento muy halagada cuando la gente piensa que es autoficción porque significa que la literatura funciona”, agregó.

La tapa del libro forma parte de ese mismo artificio. La foto de la portada, en la que se ve a una mujer vestida de negro rodeada de quienes podrían ser sus nietos, estaba en la casa de Vivar, sin anotaciones en el revés. “Sería fantástico decir, ‘es mi abuela’. Lo siento, pero no, no sabemos quién es. Creemos que el niño que está de pie es un primo de mi padre, pero tampoco lo ubicamos”, comentó. Lo que parece a simple vista un momento feliz, sin embargo, esconde historias de miseria que en la foto no aparecen.

¿Cómo deconstruir ese silencio, toda esa miseria no dicha? ¿Qué rol cumplieron los archivos?, quiso saber Zwaig. Según dijo Vivar, se trató de un proceso arduo y errático, dictado por las necesidades que surgían a medida que iba escribiendo y con un mandato claro: no contaminar con datos oficiales la voz literaria.

La abuela Milagros no iba a hablar de las cronologías de la guerra, eso no servía. En cambio, saber sobre las cuestiones cotidianas sí le permitía crear ese universo de mujeres.

Me gusta mucho trabajar con el asombro como capital literario. Entonces, a medida que yo avanzaba en la historia y encontraba algo que me asombraba, que provocaba mi interés más inocente, intentaba explotarlo de esta manera”, explicó Vivar, que más tarde volvió a recalcar la importancia que tuvo la documentación en su proceso.

La escritora española Laura Vivar presentó en el Centro Cultura de España en Buenos Aires su libro Tocan a muerto. Foto: Martín Bonetto.

Las manos destrozadas por las tareas de limpieza de su abuela eran una de esas cosas que la asombraban, recordó la escritora, torciendo sus propios dedos y encorvándose como esas mujeres del pueblo que le daban miedo de niña. En ese momento, llegó la segunda intervención de Carmen de la Osa, quien leyó un fragmento del capítulo “Sebo de muñeca”.

Dicho más que escrito

La lectura de la actriz dejó en evidencia algo que Vivar ya pensaba: “Este libro más que escrito está dicho en voz alta”. Según contó, ella misma se entregó a un “delirio de la oralidad” y escribía párrafos que luego leía por los pasillos de su casa. “En este proceso tuve que eliminarme también lingüísticamente hasta el punto de traducirme”, señaló.

“Por ejemplo, la abuela Milagros no podría decir, ‘La escuché llegar’. La abuela Milagros diría ‘la sentí llegar’”, graficó. “En mi primera novela no estoy yo. Mi voz de narradora es otra. Pero si quería hacer justicia a estas mujeres, mi opinión, mi léxico no servía y el ejercicio fue desaparecer completamente», subrayó.

Pocos minutos después, de la Osa se incorporó para leer un fragmento sobre Inocencia Notario, aquel personaje que ayuda a las mujeres con sus dolores de menstruación y con la lactancia, que sabe de remedios y practica abortos. Mientras escuchaba, Vivar sonreía, casi pudorosa.

“Me ha parecido muy fuerte y lo he escrito yo”, dijo, divertida, mientras el público no pudo contener el aplauso. Luego, llegó otro de los momentos arduos del libro. Con ojos cargados de tristeza, de la Osa se incorporó y fue a un costado de la sala para leer la historia de la tía Isidra, que sufre la violencia de su marido.

Zwaig elogió la capacidad de Vivar de escribir esas escenas tan duras alejándose del morbo. Al respecto, Vivar señaló el desafío de narrarlas desde un presente en el que hay gente que se graba llorando en redes sociales.

No era el lugar que ocupaban estas mujeres, sino que ellas intentaban constantemente mantener la dignidad. En el ejercicio literario, lo que yo intenté siempre fue mantener este tono en el que ellas, con la misma naturalidad con la que estaban mondando las patatas, de repente te contaban algo violento”, señaló. Y es que, como recitó de la Osa en otra lectura, “en los pueblos no se llora”.

Omnipresencia del luto

La omnipresencia del luto ocupa un lugar significativo en la novela desde su título, aquel “toque a muerto” que anuncia un deceso a campanadas. “Quienes se encargan de que el luto se lleve a cabo son las propias mujeres como un sistema de control absoluto. Hay que hacerlo bien y no termina nunca”, afirmó Vivar, evocando aquellos años 40 en los que las muertes se sucedían sin respiro.

En ese punto, Zwaig destacó el protagonismo del pueblo como entidad en la novela. “Intenté no bucolizar ni al pueblo ni los personajes, es decir, yo no quise hacer un panfleto político con Tocan a muerto, convirtiendo a la abuela Milagros en el estandarte de un nuevo feminismo que no le corresponde”, apuntó Vivar.

Sin embargo, es innegable la dimensión política en el año en que se conmemoran los 90 años del inicio de la Guerra Civil. Sentada nuevamente en el escenario, de la Osa leyó el único pasaje del libro en el que aparece el nombre de Franco.

Laura Vivar

En el último tramo de la charla, Zwaig, que es hija de padres exiliados en Francia, trabajó y escribió sobre la temática de derechos humanos en relación con la última dictadura militar argentina, le preguntó a Vivar cómo se vive en España la narración de la memoria.

En primer lugar, la escritora subrayó la distancia de sus opiniones políticas personales respecto de las de su personaje, más inclinado al perdón y al olvido. Como autora, recordó que en un principio pensó que su novela de feminismo y Guerra Civil estaba destinada “al cajón” como un tema agotado. En cambio, se sorprendió al darse cuenta de lo contrario.

“Comentándolo con la editorial, no hay mucha literatura de todo el tema de los crímenes franquistas a las mujeres, no hemos encontrado casi nada. Así que sí, se habrá hablado de la Guerra Civil, pero a lo mejor no de la Guerra Civil que más nos llama a los que la hemos des-conocido a través de la familia. Ese vínculo real y emocional con la Guerra Civil no se hace con el relato histórico, se hace desde otro punto y yo creo que había un hueco en la literatura en nuestro país. Pero me he dado cuenta después, nunca fue consciente”, señaló.

Antes de abrir a las preguntas del público, de la Osa leyó un último fragmento en el que la abuela Milagros se lamenta de su analfabetismo. Sobre el final del encuentro, la actriz protagonizó un momento profundamente emotivo cuando tomó la palabra para agradecer a Vivar y evocó una anécdota personal.

Laura Vivar estudió Filología Clásica en Madrid con una especialización en Sintaxis Latina y acaba de publicar Tocan a muerto. Foto: gentileza editorial.

En 2008, leyendo un poemario propio en el teatro de su pueblo, su abuela se le acercó y le dijo “no, Carmen, tu padre va a perder el trabajo”. “Estaba hablando de su madre, de Eulalia, a la que le habían fusilado a un niño con 15. Los años que habían pasado y seguía el miedo. O sea, que te agradezco porque es profundamente reparador escuchar las voces de ese silencio”, dijo de la Osa.

“¿Se viene la obra de teatro, no?”, lanzó Zwaig, para cerrar. El complemento entre la voz y el texto, sin duda, permite imaginar que el recorrido de esa historia de pobres y perdedores, tal como la describe Vivar, seguirá haciendo eco.

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