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La noche fue durante décadas el gran refugio de la comunidad trans de Paraguay. El único momento donde la sociedad les permitía ser Fabiola, Liz Paola, Leticia, Florencia y tantas otras. En muchas de las 45 fotos seleccionadas para el fotolibro digital Mandu’a trans (memoria trans en guaraní), lanzado por el colectivo Transitar, se las ve entre plumas, vestidos brillosos y rodeadas de una energía que grita “yo soy esta”.
Alejandra Grange, integrante de Transitar y redactora del libro, cuenta que el impulso de publicarlo nació luego de descubrir la foto original de lo que hasta entonces consideraba un mito urbano.
Entre compañeras y amigas habían escuchado la historia de un concurso de belleza realizado a mitad de la década del 90 llamado “La noche de las panteras”. En el Paraguay de finales del siglo pasado, un evento para mujeres trans y la coronación a la ganadora como Miss Pantera era una fantasía. Pero un día, Alejandra tuvo en sus manos la foto de la Miss Pantera. La ganadora fue quien le entregó la fotografía, Fabiola González, una de las pocas mujeres trans paraguayas que ya han superado los 50 años de vida.
“Yo tengo ahora 36 años. En esa época todavía no era posible que pasemos ese rango de edad. Y ellas están acá. Liz Paola tiene 65 años. Es súper loco que puedan contarnos, acompañarnos, que estén acá ahora, espléndidas”, reconoce Grange.
En Latinoamérica, la expectativa de vida para las personas trans ronda los 35 años. Fabiola definitivamente es una de las más longevas.
Hubo avances en los últimos años, pero la fiesta y la noche siguen representando el lugar de descanso por excelencia para ellas, cuenta Grange. Dice que ir a una cafetería a las tres de la tarde no es un acto cotidiano y tranquilo porque sigue la mirada inquisidora sobre sus cuerpos.
“La fiesta es algo que a nosotras nos re gusta porque es un momento de libertad total. Poder sentirte, divertirte con la música y con otras personas. También se dan estos momentos donde podés interactuar con chicos, donde hay mucha validación y es permitido ser vos. Creo que ahí pasa mucho el por qué nos gusta”, explica. Entre tantas cosas negativas, ella abraza la fiesta con intensidad hasta apropiarse de ese espacio.
Sin ley de identidad de género
Paraguay no cuenta con una ley de identidad de género, a diferencia de otros países de la región como Argentina, Uruguay, Chile y Bolivia. Tampoco cuenta con una ley contra toda forma de discriminación.
La mayoría de las mujeres trans viven invisibilizadas, sin poder reflejar en su documento de identidad el nombre y sexo con el que se autoperciben. Las primeras en intentarlo fueron Yren Rotela y Mariana Sepúlveda, en 2016. Una década después, siguen sin una sentencia. En 2022 denunciaron al estado paraguayo ante el Comité de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas y esperan por una resolución a su favor. En total, se han abierto 13 casos en la justicia para modificar el nombre por razones de género. Todos han sido rechazados.
Sin ser reconocidas por el estado paraguayo, son los propios colectivos de personas trans quienes también sostienen la memoria y buscan justicia en casos de crímenes de odio.
Desde 1989 se han registrado más de 70 asesinatos a personas trans. En 2019 fue la primera vez que uno de estos casos recibió una condena por crimen de odio. No existe un registro público de los casos, son ellas mismas quienes siguen nombrando y contando a las que no están.
El archivo trans no invita a la nostalgia. Al contrario, expone la vida cotidiana de mujeres que la historia paraguaya oficial borró. Muestra la juventud de quienes tenían difícil envejecer, pero que lo lograron.
“Es la prueba de que existimos, de que respiramos, aunque el mundo haya apostado lo contrario. Seguimos vivas, y eso no es un consuelo. Es una advertencia”, declaran en el libro, que se puede encontrar en las redes sociales de Transitar.
En las fotografías se las ve sonriendo, comiendo, preparándose para salir a bailar, como protagonistas de la noche. Siempre juntas, porque entre ellas se sostuvieron como podían.
“No hay historia más honesta que esa: sostenerse entre las ruinas, reírse aunque duela la boca, saber que sin las otras, nada tiene sentido”, escriben. “Éramos familia sin parentesco, abrigo sin techo, cuidado sin nombre”.
Algunas de las fotos fueron expuestas en Sala Piloto, un espacio cultural en Asunción, capital del país. Fabiola llegó a la exposición con piel de gallina por verse con solo 22 años en las imágenes impresas y colocadas en cuadros dorados.

Grange repartía copias de las fotografías a todas las personas que llegaban, emocionada de que parte de esta historia pase de mano en mano.
Todavía tienen mucho trabajo, comenta la activista trans. El archivo original preserva alrededor de 500 fotografías que aún no han logrado digitalizar totalmente. Muy pronto espera lanzar una versión extendida, destacando las imágenes personales de cada una de las mujeres. Su sueño es llegar a la impresión del libro, para lo cual están buscando fondos.
La exposición sumó la historia actual de la memoria trans en Paraguay, entre las fotografías encuadradas se incluyeron las de personas transmasculinas, quienes también iniciaron una reconstrucción colectiva de su memoria nacional desde hace unos pocos años.
Lucero, otra de las mujeres trans de esa época, llegó a la muestra llena de orgullo de seguir acá. Entre las fotos también se la encuentra con solo 17 años. Por muchos años estuvo fuera del país y regresó en 2025 porque extrañaba la comida y a su familia. “Ahora quiero disfrutar mi vejez aquí”, confiesa.








