El intercambio de estilos entre Brasil y Marruecos desembocó en un empate en el que la selección norteafricana presentó un pelaje más ambicioso que con el que alcanzó la cuarta plaza en Qatar 2022. La apuesta decidida de Mohamed Ouahbi le dio para ponerse por delante en el marcador con un pase de salón de Brahim Díaz y una vaselina de escuela de Saibari. Por suerte para Carlo Ancelotti, su estreno con Brasil y como técnico mundialista se lo adecentó Vinicius con un buen gol que estableció el empate definitivo. El duelo dejó que Marruecos se hizo respetar desde su técnica y que Brasil por ahora depende mucho de Vinicius.
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Alisson Becker, Roger Ibañez (Danilo, min. 45), Marquinhos, Douglas Santos, Gabriel Magalhães, Vinícius Júnior, Casemiro (Fabinho, min. 45), Raphinha, Lucas Paquetá (Matheus Cunha, min. 60), Bruno Guimarães (Danilo Santos, min. 79) y Igor Thiago (Luiz Henrique, min. 61)
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Yassine Bounou, Noussair Mazraoui (Anass Salah-Eddine, min. 79), Chadi Riad, Issa Diop, Achraf Hakimi, Brahim Díaz (Chemsdine Talbi, min. 64), Neil El Aynaoui, Azzedine Ounahi (Samir El Mourabet, min. 64), Bilal El Khannouss (Ayoube Amaimouni-Echghouyab, min. 79), Ayyoub Bouaddi y Ismael Saibari (Soufiane Rahimi, min. 88)
Goles 0-1 min. 20: Ismael Saibari. 1-1 min. 31: Vinicius Junior
Arbitro Slavko Vincic
Tarjetas amarillas Casemiro (min. 36), Ibañez (min. 42)
Marruecos empezó siendo Brasil, o el Brasil romántico que se perdió. La pelota era suya. Del espigado, pero fino mediocentro Bouaddi, el mejor partido de largo, del escurridizo Ounahi, de la profundidad de Mazraoui y del dominante Hakimi, que anunció en la previa lo que ocurría en el inicio del encuentro: “Somos la Brasil de África”. Lo que podía sonar a bravata fanfarrona, se encargó Brahim de demostrar que no. Acorralado en su campo, acertó a ver por el rabillo del ojo que Sadbari había descubierto un cráter a la espalda de Marquinhos y Magalhaes. La picadita del atacante del PSV sobrevoló el peinado de hypster descuidado de Alisson. Un golazo también made in Brasil.

Los futbolistas de Ancelotti no vieron la pelota hasta que llegó la pausa de hidratación, convertida en un maná para las televisiones y un tiempo muerto en toda regla para que los entrenadores traten de rectificar lo que los jugadores es imposible que les escuchen cuando gritan. Dos de las sorpresas en el once de Ancelotti parecían superadas por el peso de la camiseta. Ni el lateral Ibañez era capaz de frenar a Mazraoui ni el tanque Thiago Junior de estirar al equipo. Si preocupante era lo de los novatos, más lo era lo de los jugadores con tantas cicatrices ya como Casemiro y Paquetá. Este en especial para volver a mostrar que no hay un diez de fantasía en Brasil. Y el que tiene, Neymar, todavía no se ha recuperado de sus problemas en los gemelos. Y cuando le den el alta, si es que la dan, habrá que ver si aún le queda inspiración y físico para ganar partidos.
Raphinha tampoco carburaba y fue Vinicius el que lideró el levantamiento de Brasil. La primera vez que ganó la línea de fondo, su centro no lo acertó a conectar con contundencia Thiago Junior. A la segunda que encaró, esta vez ya en el área, se zafó de Hakimi hacia adentro para abrir el punto de mira y soltar un latigazo seco y cruzado al que Bono reaccionó tarde por la violencia del golpeo. El tanto consolida las teorías de que en esta Brasil tan rebajada de talento, el extremo madridista es el único que tiene desequilibrio real. No es que tuviera excesivamente fino con la cintura, pero siempre fue amenazante para Marruecos.
Acusó el golpe la atrevida selección de Ouhabi. Paquetá con una media tijera apuró a Bono. Fue el mejor momento de Brasil, que se estancó en cuanto no pudo correr. Ancelotti sentó a Casemiro e Ibañez, ambos con amarilla, pero también con cuarenta y cinco minutos grises. Fabinho y Danilo fueron los reemplazos.
El segundo acto fue más de alternativas en el dominio del juego que de tiroteo real. Aunque fue Marruecos la que dio a entender que tenía manejo de la pelota, más intención y más fluidez. Ahí estuvo imperial Bouaddi. El joven mediocentro, del Lille, 18 añitos, dio una clase magistral de colocación, limpieza y clase para distribuir la pelota. A Casemiro, Bruno Guimaraes y a Fabinho a veces les superó con una madurez y una elegancia insultantes. A ese nivel, puede ser una de las sensaciones de este Mundial.
Discurrió el duelo por esa sensación continua de que Marruecos sabía mejor qué hacer con la pelota cuando le tocaba dominar y que Brasil se apoyaba más en el físico y en la velocidad. Vinicius siguió encarando lo que pudo mientras Rapinha no terminó por afinarse. A los dos los mantuvo Ancelotti todo el partido, acabado con dominio marroquí y con un disparo lejano que Alisson no blocó y Taibi no pudo rapiñar.









